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Arnado Otegi, coordinador general de EH Bildu. Foto: Flickr

En octubre de 2011, 19 meses después de su último atentado mortal, ETA ponía fin a 43 años de violencia. En esos momentos el brazo político de la izquierda abertzale, EH Bildu, venía reclamando el cese definitivo de las acciones de la banda terrorista y pretendía rentabilizar electoralmente el proceso de paz con su retorno al Parlamento vasco tras tres años de ausencia.

El clima político parecía beneficiar a la coalición abertzale, que alcanzaba los 273.000 apoyos en las Juntas Generales del País Vasco de 2011, cifras que ponían en peligro la hegemonía del PNV, que solo disponía de 60.000 votos de diferencia. Las alegrías no venían solas porque su candidato Juan Carlos Izagirre se alzaba con la alcaldía de San Sebastián.

La dinámica positiva se mantuvo en las elecciones autonómicas de 2012, en las que Sortu, heredero de Batasuna, confeccionó de nuevo la coalición EH Bildu, que se convertía en la segunda fuerza de Euskadi tras mejorar en 127.000 votos los números de su antecesor, el Partido Comunista de las Tierras Vascas. El único lunar para la izquierda abertzale era Navarra, donde la desunión de sus fuerzas provocaba que Nafarroa Bai, coalición liderada por su escisión, Aralar, superaba a la matriz.

EH BILDU EN HORA DE COSTURAS

Los partidos que conformaban EH Bildu liderados por Sortu decidieron diluirse dentro de la coalición con la intención de unir fuerzas y dejar atrás matices. El final más traumático fue el protagonizado por Aralar, que cerraba su etapa política en diciembre de 2017 tras 16 años de trayectoria. Esta escisión liderada por Patxi Zabaleta cortó con Batasuna tras el fracaso del Pacto de Estella y la enésima tregua incumplida por ETA, consolidando una voz propia al margen de Sortu.

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Pello Urizar, último líder de EA y uno de las caras visibles de EH Bildu. Foto: Flickr

Tampoco fue fácil la disolución de Eusko Alkartasuna, escisión progresista del PNV, que contó con la negativa pública de varios fundadores liderados por su impulsor, el ex lehendakari Carlos Garaikoetxea. Sin embargo los que apoyaban la fusión lograron una victoria por la mínima con el 52% de los votos y EA se integró en EH Bildu al igual que la minúscula escisión de Ezker Batua, Alternatiba.

2015 y 2016: PASO ATRÁS PARA EH BILDU

Las elecciones de 2015 dejaron un regusto amargo en EH Bildu, que celebró la conquista de la vara de mando de Pamplona y participó en el cambio en Navarra, eso sí, sin liderarlo. En Euskadi los números fueron peores: en las Juntas Generales se dejaron 30.000 votos y la distancia con el PNV se duplicó y al año siguiente, en las elecciones autonómicas vascas, la irrupción de Podemos le dejó sin una quinta parte del electorado conquistado cuatro años atrás.

El desgaste del poder en San Sebastián (donde cayeron hasta la tercera posición), la problemática disolución de algunos de sus miembros y la entrada de nuevos actores políticos dejaron a EH Bildu sin sus fuerzas iniciales, situación que se agravó por la relajada hoja de ruta del Gobierno central respecto al acercamiento de los presos de ETA, las amenazas minoritarias de algunos pistoleros de refundar la banda terrorista y la frustración del proceso catalán en otoño del año pasado.

BILDU: OBJETIVO 2019

En Navarra hay cierta preocupación en el seno del partido por una carta abierta publicada hace unos días por algunos representantes de sus socios de Gobierno en la Comunidad Foral. Varios miembros de Geroa Bai y Batzarre firmaron una misiva en la que reprobaban la actitud del Gaztetxe Maravillas, colectivo okupa cercano a la izquierda abertzale que realizó unas actividades en las que relacionaban la violencia de ETA como respuesta a la represión de 1936.

Voces de “oportunismo y electoralismo” se deslizan desde EH Bildu, que temen que se esté cociendo de cara a 2019 un tripartito entre Geroa Bai, PSOE y Unidos Podemos que los lleve a la oposición. También hay muchas reservas públicas hacia el proyecto del PNV para conseguir un nuevo estatus para Euskadi. En abril del año pasado dos exlehendakaris Juan José Ibarretxe y Carlos Garaoikoetxea encabezaron la nueva plataforma Demokrazia Bai, que ha sido el prólogo del nacionalismo más moderado para conseguir un nuevo Estatuto vasco.

BILDU MIRA CON ESCEPTICISMO AL PNV

Arnaldo Otegi, líder en la sombra de EH Bildu, ha aplaudido las pretensiones del partido “sin renunciar al derecho a decidir” y a la vez apostando por un frente soberanista de la mano del sindicato mayoritario en Euskadi, ELA. En la izquierda abertzale todavía resuenan cual trauma las palabras de Urkullu en El País.

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Acto de Bildu, que se suma con escepticismo de la hoja de ruta estatutaria del PNV. Foto. Flickr

El lehendakari aseguraba que “el concepto de independencia es del siglo XIX. Nuestro nacionalismo en el siglo XXI es solidario, pretende más autogobierno para desarrollar las potencialidades del país en una soberanía compartida. En un mundo globalizado, la independencia es prácticamente imposible“, por lo cual Otegi califica el plan del PNV de “base de mínimos” y se acerca en público hacia el independentismo catalán con la intención de recobrar fuerzas para EH Bildu, que deberá cicatrizar heridas internas antes de volver a trazar una hoja de ruta secesionista.

Llamazares

El partido de Llamazares y Garzón rechaza acudir a las elecciones con el PSOE

Gaspar Llamazares prepara sus armas para la triple cita electoral de mayo sin dejar de mirar de reojo el adelanto andaluz. El político asturiano es junto a Baltasar Garzón la cara más reconocible de Actúa, nueva formación que nace con algunos mimbres de Izquierda Abierta, corriente de Izquierda Unid...
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