Los alimentos fermentados y probióticos han inundado las neveras de los supermercados y los de nuestras casas. Hasta hace poco eran unos grandes desconocidos y en la actualidad hay familias que no pueden vivir sin ellos. Uno de estos alimentos, novedosos que ya podemos considerar una tendencia gastronómica, es el kéfir. A caballo entre un yogur y una cuajada, el kéfir es un un probiótico con origen en el Cáucaso hace ya cientos de años. ¿Lo conoces? ¿Lo has probado? ¿Conoces sus beneficios? Si no es así, continúa leyendo.

Qué es exactamente

Llamamos kéfir a los gránulos con los que se fermenta la leche y al producto – ya fermentado – resultante. De hecho, el kéfir es un lácteo líquido que ha sido sometido al proceso de fermentación dos veces, por acción bacteriana y por levaduras. Es un probiótico que contiene microorganismos que previenen el desarrollo de patógenos intestinales y por eso puede ayudarnos a restablecer nuestra flora intestinal, a mejorar las defensas y a facilitar nuestra digestión. Se cree que es responsable de la longevidad de las personas que lo consumen a diario.