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Médicos, enfermos, farmacéuticos…hasta 34 especialistas convocados para comparecer en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados, pero ni rastro de los veterinarios. El Grupo de Trabajo de Sanidad y Salud Pública, que durante semanas, ha invitado a voces sanitarias autorizadas para recoger aportaciones para superar la crisis del coronavirus y reformar el sistema sanitario de cara al futuro, decidió que los profesionales de la salud animal no tenían cabida en las soluciones para la contención y gestión de una pandemia de origen animal.

Entre las voces escuchadas estas últimas semanas en la Cámara Baja, José María Martín, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia;  doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada; y doctor en Salud Pública, Epidemiología y Gestión Sanitaria por la Universidad de Harvard, no dudó en aprovechar su intervención para defender a sus compañeros sanitarios, los veterinarios.

No se ha hablado en ningún momento de una especialidad que tiene enorme importancia, que es la veterinaria, que se ocupa de campos como la prevención y control de las zoonosis, y no olvidemos que estos virus vienen de los animales, del salto de los animales a las personas”, ha remarcado.

Y es que, contra todo pronóstico y lógica, la comunidad veterinaria no ha sido consultada en ninguna de las fases –confinamiento, desescalada y reconstrucción– ni ha tenido presencia en comité científico-técnico alguno del Gobierno del país con más muertos por millón de habitantes del mundo según las cifras del INE publicadas en junio.

Ni porque lo recomendara la FAO, ni porque la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) colabore estrechamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en esta crisis, ni porque sean expertos con sobrada y probada experiencia en microbiología, inmunología y zoonosis, ni porque se hayan puesto como profesionales de la salud animal a disposición de las autoridades sanitarias en España en numerosas ocasiones…No ha habido manera.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez, y el mando único sanitario liderado por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, junto el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad (CCAES), Fernando Simón, ha excluido a los veterinarios durante todo el proceso de gestión de la pandemia. No así otros países europeos, –el Fernando Simón alemán es veterinario– o la propia Comisión Europea – con la también veterinaria, Marion Koopmans, miembro del grupo asesor de la Comisión Europea sobre covid-19 y coordinadora del proyecto VEO (Observatorio Versátil de Enfermedades Infecciosas Emergentes)-, por citar sólo dos ejemplos, donde estos profesionales cuentan con peso y reconocimiento mayor.

Comunidades Autónomas como Andalucía, Castilla y León o Aragón, o el Ayuntamiento de Madrid, también han incorporado veterinarios a sus equipos en distintas fases. Y todo sin olvidar que, en circunstancias pasadas parecidas, también fueron consultados, cuando sí se contó con ellos, por ejemplo, para contener la temida gripe aviar. Precisamente por eso resulta especialmente curioso y llamativo el enroque del Gobierno durante estos casi tres meses: nadie ha sabido explicar la razón de la exclusión de los veterinarios. Parece casi un secreto de Estado.

“No sabría decir una razón concreta”, respondía Simón durante una de sus comparecencias a principios de marzo, a una pregunta de MERCA2. “No hay una razón especial” insistía el representante del Gobierno para la gestión de la crisis. Muchos profesionales de la salud animal no daban crédito y manifestaban su malestar en las redes sociales: “escudarse en la ignorancia de nuestra existencia, resulta un absoluto ninguneo“, manifestaban desde la Federación Estatal de Sindicatos Veterinarios (FESVET).

BROTES EN LA NUEVA NORMALIDAD

“Ya estamos viendo los primeros traspiés en la desescalada” comenta a MONCLOA.COM, Manuel Martínez, secretario de Comunicación y Relaciones Institucionales de FESVET. Aparecen de nuevo los contagios y los rebrotes en fiestas, en visitas a residencias de ancianos y, sobre todo, en las empresas agroalimentarias donde la interconexión personal no es ocasional sino permanente: mataderos, salas de despiece, o en la recogida de frutas.

“Sin embargo, se sigue sin contar con expertos veterinarios en los comités de recuperación sanitaria, económica y social creados por el Gobierno de la nación”, recuerda Martínez. “Si desde el principio de la pandemia se hubiera contado con veterinarios a todos los niveles, el Sistema Nacional de Salud habría detectado antes el brote pandémico, se hubiera contado con más medios materiales y recursos humanos y la nueva normalidad estaría mejor gestionada”, apostilla.

“Si el gobierno hubiera contado con algún veterinario en el primer Comité Científico Técnico del Covid-19, sabría que existen más de 550 especies de virus (solo 7 afectan a las personas, y solo 3 de ellos son especialmente patógenos, los otros 4 causan el 40% de los catarros comunes) y que son residentes habituales en las granjas animales, donde los veterinarios tienen implantados acreditados programas de control y de los que conocen su patogenia, variabilidad genética, epidemiología y comportamiento, con grandes expertos en su tratamiento”, comenta el portavoz de FESVET.

Todo ello conforma “una experiencia y aplicaciones prácticas que se han podido extrapolar y proyectar al área humana dado que los virus, al igual que el resto de patógenos no entienden de barreras de especies y el salto es permanente y predecible”. Al tratarse de una zoonosis, “nuestras aportaciones, experiencias y conocimientos están poco a poco abriédose hueco en las decisiones de la desescalada”, afirma Martínez.

De hecho, la mayoría de los laboratorios veterinarios están acreditadas para llevar a cabo pruebas de PCR y ELISA, y están colaborando en la elaboración de kit diagnósticos. Y el ministro de Sanidad ha anunciado que contará con ellos, no solo en la investigación, sino también en la producción de vacunas humanas a gran escala contra el SARS-CoV-2, dando apoyo en el desarrollo, en la metodología de los ensayos clínicos y guiándoles en el proceso regulatorio a través de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

LA RED CENTINELA DE LOS VETERINARIOS

Con el fin de asesorar sobre la evolución de la pandemia a la profesión y a la propia Administración, en todas las cuestiones referidas a la salud pública, la Organización Colegial Veterinaria (OCV) ha creado un grupo de trabajo compuesto por expertos de contrastada trayectoria de investigación en microbiología, inmunología, virología, epidemias y enfermedades infecciosas.

Además, en algunas Comunidades Autónomas, los colegios veterinarios han creado, sin ningún apoyo de las Administraciones, una red “centinela” de vigilancia epidemiológica animal, en la que están colaborando los veterinarios clínicos para detectar cualquier sintomatología del covid-19 en los animales, además de un seguimiento a otras patologías emergentes.

“Algo que no debería ser coyuntural, sino que tendría que formar parte de la estructura del Sistema Nacional de Salud, con estudios no solo epidemiológicos compartidos sino también médicos, pues como se ha demostrado con el tiempo, tratamientos muy frecuentes y eficientes en los animales como la dexametasona, hubieran salvado muchas vidas si se hubiera contado con la experiencia veterinaria para conseguir su efecto inmunosupresor en las crisis de citosinas que genera el coronavirus en algunos casos”, argumenta el veterinario.

Por su parte, los veterinarios participan en la información y el asesoramiento de la desescalada de los gobiernos autonómicos, ayuntamientos e industrias para recuperar las terrazas, bares, restaurantes, mercadillos, piscinas, y todo tipo de industrias agroalimentarias que han permanecido apagadas o a media luz durante el confinamiento.

“Y además, en algunas regiones, los veterinarios están colaborando con otros profesionales de la salud pública en el seguimiento de los casos de Covid-19, en la realización de pruebas o test masivos, en el asesoramiento de las desinfecciones y contribuyendo en la recuperación de la normalidad en las residencias de la tercera edad”, concluye Martínez.

La normalidad, vieja o nueva, exige de equipos multidisciplinares para afrontar el presente y no incurrir en errores del pasado en futuros escenarios. Contar con todos y escuchar a todos, sería ya toda una novedad. Pero tener en cuenta a los profesionales más experimentados en sanidad animal, obedece más a una cuestión de necesidad.

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