Metro
El consejero Ángel Garrido, en el centro de la foto.

Decía el filosofo Blaise Pascal que hay “razones que tiene el corazón que la razón no entiende”. Quizá, por eso, o quizá llevado por sus gustos personales o por algún episodio de la exitosa serie de RTVE Cuéntame que le marcó en algún momento de su vida de una manera profunda, el consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, ha decidido cambiar el uniforme de los empleados de Metro de Madrid y volverles a poner de color azul como vestían antaño los empleados de Metro antes de los años 90.

Lo peor no es el dudoso gusto estético de la propuesta: una mezcla que les hace estar a caballo entre los atrezzos empleados por los actores de Cuéntame, los revisores de los trenes de las series de misterio que recrean las novelas de Agatha Christie o los speakers de los circos de los años 80, lo peor es el pastizal que se ha gastado Garrido y su séquito. Ni mas ni menos que dos millones doscientos mil euros para unas vestimentas que sin duda desatarían las iras de Lorenzo Caprile en Maestros de la Costura.

Dos millones de euros que Garrido podría haber empleado para sofocar los múltiples problemas que atraviesa la compañía, una empresa cuya cuenta de resultados es manifiestamente mejorable: desde atender las demandas de los trabajadores afectados por el problema del amianto en el Metro, hasta aumentar la plantilla de maquinistas, aumentar la frecuencia de algunas lineas u otras miles de necesidades del suburbano madrileño.

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Pero Metro de Madrid es un sitio con vida propia en el que existe un establishment de jefecillos y mandos intermedios acostumbrados a sobrevivir al consejero de turno al que abducen de manera sistemática y le hacen participar de sus peculiares decisiones de contratación, haciéndole creer que sus decisiones son “de vida o muerte”, como es este caso de los uniformes de Cuéntame por dos millones de euros. Y Garrido no iba a ser menos que los anteriores consejeros de Transportes.

En total, se han producido más de 65.000 prendas destinadas a 3.517 agentes cuyo trabajo se realiza de cara al público y, por lo tanto, representan la imagen corporativa de la compañía. El presupuesto de este proyecto es de 2,2 millones de euros e incluye una segunda dotación que se repartirá a partir de 2022. Vestir a cada empleado sale por 625 euros.

LOS CAMBIOS DEL UNIFORME DE METRO

Según ha informado la Consejería en una nota oficial, “el uniforme laboral de Metro de Madrid ha sufrido numerosos cambios a lo largo de sus casi cien años de historia. En sus comienzos, el personal femenino llevaba un vestido que no sufrió demasiadas transformaciones hasta los años 70, a excepción del abotonado del traje, el largo del mismo y el progresivo aumento del tamaño del logo de la compañía. En el caso del personal masculino, el uniforme era de corte militar, estaba dotado de gorra y adornado con los galones que indicaban la categoría profesional”.

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“A partir de los 70 —continúa la nota— el uniforme evoluciona al traje tipo sastre, en el caso de los hombres, y a la falda con blusa y chaqueta, en el caso de las mujeres, a lo que se incorporó una gabardina como prenda de abrigo en los años 80. En esa década también se introduce el uso de pantalón entre el personal femenino. En los años 90 es cuando la uniformidad sufre una mayor transformación tanto en el estilo como en el color. Del azul, protagonista de las décadas anteriores, se pasa a un tono granate y se van introduciendo nuevas prendas para adaptarse a las necesidades del personal, como el vestuario pre-mamá o las prendas térmicas”.

Se vuelve así a los colores de la uniformidad de los años 90, años en los que Garrido ya apuntaba maneras: dejo el CDS para irse al Partido Popular, una práctica que sin duda con los años ha mejorado en su puesta en escena. Del verde, al azul y ahora al naranja. Y es que ya se sabe lo que decía otro filosofo: “La historia se repite primero como tragedia, y luego como farsa”.

 

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