calviño

Todos culpan al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, del fiasco que ha llevado a Nadia Calviño a quedarse a las puertas de liderar el Eurogrupo. Sin embargo, la responsabilidad no es solo de la falta de diplomacia de Sánchez, sino que el PP ha tenido algo que ver. Uno de los problemas para que Calviño haya perdido la votación en favor del irlandés Paschal Donohoe ha sido el poco respeto y la poca relevancia que tiene el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, en su grupo parlamentario europeo. Los populares de la UE han respaldado a Donohoe; y en parte eso se debe a que Casado no ha sido capaz de convencer a su grupo de que respalden a la candidata española. Fuentes de la Eurocámara aseguran que hay dos versiones sobre lo ocurrido. Los socialistas señalan que Casado ha querido socavar al PSOE dejando que los populares europeos votaran en contra de Calviño. Pero la versión que ha ganado más peso es que Casado no tiene ninguna relevancia dentro de su grupo parlamentario.

Según el presidente del Gobierno, la votación se ha decidido por un voto en la segunda ronda. La propia vicepresidenta económica del Gobierno ha detallado que ella se esperaba la victoria por todo lo que había apalabrado. “Teníamos comprometidos diez votos, pero alguien no ha hecho lo que dijo que iba a hacer”, ha comentado Calviño visiblemente indignada. Pero lo cierto es que la única oportunidad de que España tuviera algo más de peso en la UE se ha disipado y ahora las ayudas por la crisis del coronavirus se verán condicionadas por las posturas de los países del norte.

Todo esto le ha caído al presidente del Gobierno como un jarro de agua fría, pero lo cierto es que su incapacidad para atar los apoyos no ha sido la única causa del fracaso estrepitoso que ha dejado la figura política de Calviño tocada. El PP no ha supuesto un apoyo relevante para la candidatura de la socialista puesto que el grupo popular europeo ha apoyado al candidato irlandés. Ha habido cambios de opinión en el último momento y el PP se ha mantenido al margen de lo que se cocía dentro de su grupo parlamentario.

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España tenía el apoyo de los grandes países de la UE. La canciller alemana Ángela Merkel anunció públicamente su apoyo a Calviño y su peso en los populares europeos debería haber sido suficiente para que las cosas salieran tal y como se habían acordado. Sin embargo, el fiasco ha sido monumental, pues se supone que España contaba con el apoyo de países cuya población supone el 80% del total de la UE, algo insólito.

Es evidente que la culpa, en gran medida, de que Calviño se quede a las puertas de presidir el Eurogrupo es de Sánchez porque no ha sido capaz de atar una votación que ellos mismos daban por hecha y zanjada la mañana antes de que tuviera lugar en Bruselas. Sin embargo, el ninguneo del Partido Popular Europeo a sus integrantes españoles ha sido más que notable.

La posibilidad de que Calviño perdiera la votación solo era viable si las votaciones se hacían en clave de partidos y no de países. Si era una cuestión ideológica que votaría en clave de populares, verdes o socialistas, Calviño la perdería. Pero todo parecía indicar que las votaciones se harían por bloques de países, algo que daba la casi segura victoria de la española. Pero en el último momento, las doctrinas de los países del norte calaron en los populares y cambiaron el sentido del voto de algunos que dijeron que apostarían por la española.

La presidencia del Eurogrupo no es que suponga la panacea para España. No es la gallina de los huevos de oro que dotaría a nuestro país de una financiación sin precedentes. Es más bien un puesto de influencia que permite controlar en todo momento determinados temas, marcar las pautas con las que se desarrollarán los asuntos económicos de la Unión y controlar cuándo elevar la presión o rebajarla.

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