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Impulsar un entorno alimentario más saludable, facilitar al consumidor la comprensión de la información nutricional de los alimentos e incitar a las marcas a fabricar productos de mayor calidad nutricional. Estos son algunos de los principales y ambiciosos objetivos que persigue el sistema de etiquetado frontal nutricional. Existen varios sistemas, pero España se ha decantado por el Nutri-Score, una herramienta que según el ministro de Consumo, Alberto Garzón Espinosa, “no es perfecta”, pero “genera consenso”. Aunque si algo ha quedado claro desde el anuncio de la implantación del Nutri-Score en España es que la decisión no cuenta con un amplio consenso. Por ejemplo, la Red Europea del Corazón (EHN), a la que pertenece la Fundación Española del Corazón (FEC) considera que “el algoritmo actual de ‘Nutri-Score’ no contribuye a la prevención de enfermedades cardiovasculares de manera óptima”.

El logotipo de Nutri-Score consiste en cinco colores (de verde oscuro a naranja oscuro) asociados a cinco letras o categorías A-E que describen cinco niveles diferentes de calidad nutricional del producto. El algoritmo toma en cuenta cuatro componentes ‘desfavorables’ (calorías, ácidos grasos saturados, azúcares y sodio) y tres componentes ‘favorables’ (proteínas, fibra y frutas, hortalizas, frutos secos, legumbres, aceite de oliva, colza y nuez).

La clasificación de un alimento en una u otra categoría, se determina mediante el cálculo de una puntuación global relativa al contenido de nutrientes, favorables y desfavorables, en 100 g de producto. Un punto que no convence a algunos, como por ejemplo a la Cámara de Comercio de España que considera que “al tomar como significativos sólo un grupo reducido de nutrientes, se pueden originar resultados sesgados al no tomarse en consideración otras muchas características nutricionales de los alimentos susceptibles de ejercer importantes efectos positivos sobre la salud del consumidor”.

Pero más allá de las críticas de los expertos, aún falta escuchar la voz de los consumidores que son quienes utilizarán esta herramienta. Si bien el proyecto anunciado por Garzón ha sido sometido a consulta pública previa para que los ciudadanos, organizaciones y asociaciones intervengan en el proceso, dicho paso ha sido más bien simbólico. El plazo para la consulta ha sido muy ajustado y no se le ha dado suficiente tiempo a los consumidores de evaluar el sistema y manifestar su opinión al respecto.

La adopción del etiquetado frontal de alimentos es una decisión clave y más en el contexto actual, en el que los consumidores están cada vez más interesados en saber qué es lo que consumen. Muchas cosas han cambiado desde la irrupción del coronavirus, y sin dudas, esta pandemia seguirá modificando los hábitos de las personas, entre ellos los alimentarios. Estudios recientes dan cuenta de una tendencia hacia un mayor consumo de alimentos saludables y un menor consumo de alimentos de menor interés nutricional. Con el foco en la salud, todo apunta a que el consumidor pos-Covid se esforzará aún más en mantener una alimentación saludable. Para ello, necesitarán todas las herramientas a su alcance que les permitan informarse acerca de la calidad nutricional de los productos.

“Una alimentación saludable es muy importante durante la pandemia de Covid-19”, reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS) que insiste además en que “lo que comemos y bebemos puede afectar a la capacidad de nuestro organismo para prevenir y combatir las infecciones y para recuperarse de ellas”. La OMS también recuerda la importancia de una nutrición adecuada, ya que puede reducir la probabilidad de aparición de otros problemas de salud como la obesidad que además de ser un factor de riesgo para la Covid-19, es también una pandemia en sí misma que preocupa a las autoridades europeas y españolas. De hecho, el proyecto de etiquetado frontal de alimentos surge como una herramienta para combatir las altas cifras de obesidad y sobrepeso.

Desde Consumo aseguran que el objetivo último del etiquetado frontal de alimentos es reducir en la población española la prevalencia de obesidad y sobrepeso. Esto se lograría al facilitar a los consumidores la comprensión de la calidad nutricional de los alimentos para poder elegir la opción más adecuada para mantener una dieta equilibrada y acorde a las recomendaciones nutricionales de expertos. Sin embargo, especialistas han puesto en cuestión la eficacia del sistema elegido, el Nutri-Score, a la hora de informar a los consumidores y de mejorar de forma significativa la alimentación y la salud de las personas.

Para la Cámara de Comercio de España se debe llevar a cabo un estudio específico sobre los hábitos de consumo españoles y sobre los efectos que un sistema como Nutri-Score podría tener sobre los consumidores y las empresas. En ese sentido, recuerdan que hasta el momento no existe ningún estudio científico acerca de la aplicación del Nutri-Score que tenga en consideración las “singularidades relativas al estilo de vida y a las pautas dietéticas de la población española, así como la importancia que la dieta mediterránea representa en la alimentación de nuestros consumidores”. Un argumento que comparte el miembro del Comité de Nutrición de la FEC, Gregorio Varela Moreiras, quien considera que “el Nutri-Score debería velar por favorecer a la dieta mediterránea como mejor paradigma en la salud cardiovascular”.

El sistema de etiquetado frontal es una herramienta de salud pública y como tal, debe apuntar a ser lo más completa posible y sobre todo, debe tener en cuenta las singularidades del público a la que va dirigida. El hecho de que las autoridades españolas hayan elegido el Nutri-Score, un sistema francés, pensado para otro mercado y para otros hábitos diferentes a los de los españoles, demuestra que se ha corrido el foco. Una política de salud pública dirigida a mejorar la salud de los españoles, debe estar en sintonía con su dieta y sus hábitos de consumo.

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