El Papa ha alertado a las Obras Misionales Pontificias del “ansia de mando” que acaba por ejercer “supremacías y funciones de control” en las comunidades a las que deberían servir al tiempo que ha defendido que son ante todo “un instrumento de servicio a la misión de las Iglesias particulares”.

“Sucede a veces que las instituciones y los organismos surgidos para ayudar a la comunidad eclesial, poniendo al servicio los dones suscitados en ellos por el Espíritu Santo, pretenden ejercer con el tiempo supremacías y funciones de control en las comunidades a las que deberían servir. Esta postura suele ir acompañada por la presunción de ejercitar el papel de ‘depositarios’ dispensadores de certificados de legitimidad hacia los demás. De hecho, en estos casos, se comportan como si la Iglesia fuera un producto de nuestros análisis, de nuestros programas, acuerdos y decisiones”, ha señalado.

Francisco ha hecho estas consideraciones en un mensaje publicado este jueves 21 de mayo, cuando debía celebrarse la Asamblea general anual de las Obras Pontificias Misionales, que finalmente se ha cancelado a causa de la pandemia. El Papa, que iba a participar en esta reunión con los misioneros, ha decidido entregarles el texto que había preparado para la ocasión con orientaciones para “ayudar a las Obras Misionales Pontificias a evitar las insidias y patologías que amenazan su camino y el de otras muchas instituciones eclesiales”.

El Papa ha alertado de los sentimientos “de superioridad y de intolerancia” hacia el Pueblo de Dios que, según ha precisado, “no está compuesto de activistas comprometidos en organizaciones católicas”. “En estos casos, también se mira al Pueblo de Dios como a una masa inerte, que tiene siempre necesidad de ser reanimada y movilizada por medio de una toma de conciencia que hay que estimular a través de razonamientos, llamadas de atención, enseñanzas. Se actúa como si la certeza de la fe fuera consecuencia de palabras persuasivas o de métodos de adiestramiento”, ha agregado.

En su mensaje, también ha denunciado que entre aquellos que forman parte de organismos o entidades estructuradas de la Iglesia gana terreno en algunas ocasiones un “sentimiento elitista”. “La idea no declarada de pertenecer a una aristocracia, a una clase superior de especialistas que busca ampliar sus propios espacios en complicidad o competencia con otras élites eclesiásticas, y que adiestra a sus miembros con los sistemas y las lógicas mundanas de la militancia o de la competencia técnico-profesional, con el propósito principal de promover siempre sus propias prerrogativas oligárquicas”, avisa.

Asimismo, ha prevenido contra el funcionalismo de aquellas instituciones religiosas que “acaban dirigiendo todo hacia la imitación de los modelos de eficiencia mundanos, como aquellos impuestos por la exacerbada competencia económica y social”. Para el Papa, una Iglesia que tiene miedo a confiarse a la gracia de Cristo y que apuesta por la eficiencia del sistema “está ya muerta, aun cuando las estructuras y los programas en favor de clérigos y laicos auto-afanados durase todavía siglos”.

Por otro lado, también ha explicado que los organismos y las realidades vinculadas a la Iglesia que son “autorreferenciales” acaban por perder el contacto con la realidad y se enferman de abstracción. “Se multiplican encuentros inútiles de planificación estratégica, para producir proyectos y directrices que sólo sirven como instrumentos de autopromoción de quien los inventa”, ha lamentado.

En su carta, el Papa aprovecha para dar diez consejos para el camino “mirando al presente y al futuro”. Entre ellos, advierte del riesgo de transformar las Obras Misionales Pontificias (OMP) en “una ONG dedicada solo a la recaudación y a la asignación de fondos”. Por ello, aboga por evitar “formas de asistencialismo que, en vez de ofrecer instrumentos al fervor misionero, acaban por entibiar los corazones y alimentar también dentro de la Iglesia fenómenos de clientela parasitaria”.

“Con vuestra contribución, buscad dar respuestas concretas a exigencias objetivas, sin dilapidar los recursos en iniciativas con connotaciones abstractas, replegadas sobre sí mismas o fabricadas por el narcisismo clerical de alguien”, ha agregado.

Sobre el modo en que se revela el Evangelio, ha destacado que “no se identifica con ninguna cultura” por lo que ha advertido de la imposición de “una forma determinada cultural junto con la propuesta evangélica”, al tiempo que ha destacado que las OMP no son en la Iglesia un ente independiente, suspendido en el vacío. Por ello, ha incidido en que la invocación al Espíritu Santo no se debe reducir “a un postulado estéril y redundante” de las reuniones y homilías.

Por último, ha prevenido sobre las oraciones que no son auténticas, sino solamente fórmulas vacías, frases hechas, formalismos impuestos por el conformismo eclesiástico que se derivan de no reconocer que la fe es un don de Dios”.

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