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Unidas Podemos lleva semanas con una paranoia que ha invadido el partido. En cada entrevista o en cada comparecencia, los dirigentes de la formación morada que ostentan un puesto en el Gobierno solo azuzan el fantasma del golpe de Estado. Ven golpistas entre los jueces, en las intenciones de algunos partidos con representación en el Congreso y hasta en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Todos, según deslizan los líderes de Podemos, quieren derrocar al Gobierno como sea. Y si eso pasa por dar un golpe de Estado, que así sea.

El mensaje que ha adoptado Unidas Podemos es muy agresivo, y el tono en el Congreso da fe de ello. La última afirmación enmarcada en esta paranoia la ha dicho la ministra de Igualdad, Irene Montero. “La derecha lleva semanas llamando a la insubordinación del Ejército”, ha afirmado este viernes en una entrevista. Pero la línea de comunicación del partido no la ha marcado Montero, sino su pareja, el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, quien lleva tiempo azuzando al fantasma del golpe de Estado.

Desde hace unos días, Iglesias coquetea con la idea de sentarse en el banquillo de los acusados. El juez que instruye la macrocausa del caso Villarejo, Manuel García Castellón, considera que el vicepresidente podría haber cometido un delito al guardar durante probablemente años un pendrive con información privada de una de sus asesoras. Y aunque dicha asesora haya cambiado su testimonio en el último momento para posiblemente salvar al líder de Unidas Podemos, la Justicia amenaza con sentar a Iglesias en el banquillo como imputado. Y la respuesta de Podemos no ha sido otra que deslizar, otra vez, la idea de golpismo judicial.

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“Lawfare”, repitieron varios miembros de Unidas Podemos al conocer las intenciones del juez. Entre ellos, el portavoz de Podemos en el Congreso, Pablo Echenique. Una palabra que hace referencia a una conspiración judicial que hubo en Brasil para derrocar al expresidente del país latinoamericano Lula da Silva y que ahora pretende deslizar la idea de que la Justicia española no quiere otra cosa que derrocar a los miembros de Unidas Podemos en el Gobierno a golpe de imputaciones.

Y lo mismo con la oposición. Da igual que se trate de Vox o del Partido Popular. Cualquier formación que vaya en contra del Gobierno es susceptible de ser acusada de golpista. Y las palabras de Iglesias así lo prueban. “Es muy grave que el PP llame a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a desobedecer órdenes. Es lamentable la irresponsabilidad y el desprecio a la democracia de una oposición dispuesta a incendiarlo todo en medio de una emergencia como esta”, aseguró el pasado 27 de mayo Iglesias.

Y por si fuera poco, el vicepresidente del Gobierno pidió el pasado miércoles al secretario general del PP, Teodoro García Egea, que aclarara si desde su formación está llamando a la insubordinación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pero también Vox ha recibido acusaciones en este sentido. El pasado jueves, el diputado de la formación de extrema derecha Iván Espinosa de los Monteros abandonó la sesión de la comisión para la reconstrucción en el Congreso de los Diputados después de que Iglesias asegurara que  Vox quiere dar un golpe de estado, “pero no se atreve”.

También en las entrevistas en medios internacionales, el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias ha deslizado la idea de que en España hay una amenaza de golpe de Estado. En dos entrevistas a diarios extranjeros, concedidas al semanario portugués ‘Expresso’ y al diario italiano ‘La Stampa’, el líder de Unidas Podemos se dedicó a alimentar su paranoia. “Somos conscientes de los ataques de una ultraderecha política y mediática dispuesta a romper los consensos y asumir formas de golpismo”, aseguró Iglesias.

Golpismo, golpismo y más golpismo que ha convertido a Podemos en una formación con una paranoia que les hace repetir una y otra vez a quienes les critican que son unos golpistas. Ya sean jueces, ya sean diputados o sean incluso periodistas. Aún así, Iglesias no parece rendirse, pues ha recomendado “pomadita” a quienes les moleste verle como vicepresidente de España.

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