Patabrava

el corte ingles

Los jamones de Patabrava bien podrían sumergirse en la Fosa de las Marianas en una inmersión de varias horas, pero prefieren acudir a las viviendas de los amantes del jamón ibérico con unos trajes a medida de neopreno. El periplo para patentarlo fue largo y curioso, pero cuando a Antonio Gómez, director comercial de Patabrava, una empresa de jamones de Guijuelo, se le ocurrió la idea, no dudó en darse la vuelta al mundo para vestir caro su producto. El problema fue que quienes hacían los trajes de neopreno no quisieron ni oír la propuesta de Antonio, que pasaba por diseñar un vestido a medida para sus patas de jamón. Pero al final lo consiguió. Quién sabe si Navidul o algún otro incauto decidirá en el futuro usar material de la NASA, pero de momento ha sido un español el que ha tenido la idea de dar un paso más para envolver su producto.

Todo empezó con una idea. Antonio quería que sus jamones de larga curación fueran envueltos en un material resistente que hiciera que su producto conservara todas las propiedades. Los trajes de astronauta quedaban lejos, pero el neopreno era un material accesible y conocido que podría ser un aliado para su jamón de Guijuelo. El problema fue encontrar una empresa que le diseñara vestidos a medida para sus patas de jamón ibérico. Pues no es tan fácil encontrar una o un modista que le tome la cintura a una pierna de cerdo.

“Estuve llamando a empresas que se dedican a realizar trajes de buzos, triatlón de neopreno y no me querían hacer fundas para jamones. Yo les insistía y les decía que me hicieran un presupuesto al menos, pero no querían hacerme caso”, comenta Gómez. Al parecer, los empresarios que trabajan en el neopreno no se han planteado salir de su sota, caballo y rey. Nadie tiene la suficiente cintura para adaptarse a las circunstancias, y menos en España, por lo que Antonio dio un paso más y contactó con empresas chinas.

patabrava jamones de guijuelo

“Como estaba empeñado en sacar este proyecto para adelante acudí a China. Contacté con proveedores de ahí y les comenté mis exigencias. Quería un neopreno sanitario aprobado por la FDA (el organismo de control de salud americano), pero no fue fácil”. Explicarle a un chino que quieres una funda de un tamaño concreto para una pata de jamón no es fácil. Y no solo por el obstáculo del idioma. Pero el empeño de Antonio siguió su curso y tras varios fallos encontró (y se supo comunicar) con la empresa china adecuada.

“Al principio les pedía muestras, pero me llegaban cosas que no eran lo que decían porque las pruebas que hacíamos al material no demostraban nada”, relata Gómez entre risas. Entre esos pedidos, le llegó una funda para una pata de jamón de 30 centímetros, algo irrisorio teniendo en cuenta que el producto que trabajan en Patabrava es considerablemente más grande; más que cualquiera de la competencia, por lo que ese primer pedido de poco sirvió. “La funda era cojonuda, pero muy pequeña”.

Tras varios meses de búsqueda, Antonio encontró su empresa. Y ahora llegaba lo más importante, probar que el material era bueno, adecuado y que cubriendo sus piezas de ibérico ayudaba a conservar sus características a la perfección. “Una vez dimos con la tecla, empezamos a hacer pruebas de la conservación de los jamones”, y empezaron las pruebas.

El método era sencillo pero muy largo. Se cubría el jamón con la funda de neopreno y se comparaba cómo le afectaba el paso de los años respecto a otra pieza. Como los jamones de Guijuelo que trabaja Patabrava son de larga curación, no valía con unos meses. No es ese jamón de baja calidad que se reseca a los meses. Hay piezas que aún siguen en la bodega envueltas en su funda y aún mantienen las propiedades pasados los cuatro años. Todo un invento que Antonio no quería perder, razón por la que llamó rápido a la oficina de patentes para dejar claro que era su producto. “Tenemos jamones que llevan cuatro años en la funda y sin cambios organolépticos, es decir, ni en el sabor ni en la estética ni nada”.

“Lo he patentado porque me costó mucho desarrollarlo. Nuestros jamones son muy muy largos, no me valen las cajas de ningún proveedor porque nuestros cerdos son enormes. Los patrones de la funda los tuve que sacar para mis piezas primero en papel, haciéndolos con tiza…”, comenta. “Una vez que ya tenía la funda, el patrón y la motivación, llamé a la oficina de patentes y me costó como 1.000 euros registrarlo”, concluye Y ahí lo tiene: un jamón de Guijuelo envuelto en una funda de neopreno fabricada en China y patentada por un empresario español. Todo un invento.