Sánchez
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha renunciado por completo a liderar otro estado de alarma. Una de las razones es porque no quiere volver a entrar en esa maraña del Congreso que tantas complicaciones le puso al Gobierno para aprobar (y prorrogar) esta situación que permite al Ejecutivo limitar según qué derechos fundamentales para garantizar la seguridad. Pero la principal es porque en el PSOE no quieren que Sánchez se manche las manos con las encuestas al alza, por lo que la estrategia será la de siempre: culpar a la Comunidad de Madrid y evitar que la pandemia le salpique. Ahora, para Sánchez, son problemas que deberán gestionar los líderes autonómicos, los mismos que exigían que les devolvieran las competencias en los tiempos más duros de la pandemia.

La estrategia urdida por el equipo asesor del presidente del Gobierno desde que aterrizó en España el coronavirus no ha cambiado. El PSOE quiere evitar el desgaste que la pandemia desprende. La primera de las vías es sobreexponer a los ministros de Podemos, especialmente al vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. La segunda de las vías es achacar toda la culpa de los resultados a la Comunidad de Madrid y a la gestión de la presidenta, Isabel Díaz Ayuso. Y por último, los asesores de Sánchez han añadido una nueva vía, la de esconder al líder socialista en esta segunda ola y sobreexponer las carencias de las comunidades autónomas con el objetivo de que su gestión inicial se vea con mejores ojos. Todo un plan enfocado a que el PSOE siga entre los primeros en las encuestas.

Este lunes se reúnen Ayuso y Sánchez en la Puerta del Sol para “doblegar la curva” y lo cierto es que flota en el ambiente la posibilidad de que se decrete un nuevo estado de alarma comunitario, eso sí, siempre que los solicite la presidenta de la Comunidad. Sánchez ha dejado claro que desde el Gobierno central no se solicitará nada relacionado con marzo ni se volverá a emprender la aventura del principio de la pandemia.

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  • Juan Carlos I lleva casi dos semanas alojado en el Emirates Palace.
  • El CIS de Tezanos de este mes ha dejado claro que Sánchez sigue al alza. Independientemente de la opinión de los que consideran que este barómetro no es fiable, el PSOE sigue siendo la primera fuerza política en todas las encuestas y en todos los sondeos. Según este CIS de septiembre, el PSOE superaría al PP por 13,4 puntos. Por lo que los populares caerían y perderían más de tres puntos desde el anterior barómetro, el realizado de julio.

    El PSOE obtendría el 31,5% de los votos (frente al 28% del barómetro de julio), el PP el 18,1% (frente al 20,8% obtenido en julio) y Podemos se mantendría en un 12,2% (frente al 12,8%). Esto anima, junto a los resultados de otros sondeos privados, a Sánchez a seguir la misma estrategia, la de esconder bajo tierra casi toda la iniciativa y la de no capitalizar el protagonismo de la gestión de la pandemia.

    Por el momento es solo Unidas Podemos el que ha salido trasquilado de formar Gobierno con el PSOE. Los socialistas siguen al alza y saben que con la existencia de Vox y con un PP tan débil como el que se muestra en las encuestas siempre tendrán asegurada La Moncloa, siempre que cuenten con el apoyo de los partidos nacionalistas.

    Ahora Sánchez vuelve a tener la sartén por el mango. Fuentes del PSOE aseguran que parte de la actitud que mantiene el presidente del Gobierno con las comunidades autónomas tiene que ver con ciertos tintes de “venganza” por haber reclamado durante tantos meses que, durante el estado de alarma, se cedieran competencias a las comunidades. Ahora que las tienen, parece que todos reclaman otra vez el mando único y Sánchez quiere aprovechar la coyuntura para hacerse desear.

    Desde el PSOE aseguran que no volverán a pedir un estado de alarma con Sánchez al frente. Lo tienen claro y si algún presidente autonómico reclama esa situación de nuevo, tendrá que hacerlo por su cuenta con el conveniente desgaste. Mientras el PSOE siga en cabeza, no cambiará ninguna actuación. Todo seguirá en la misma línea hasta que las encuestas muestren un cambio de tendencia sustancial.