Iñigo Errejon
Íñigo Errejón, portavoz de Más Madrid, durante una charla en Argentina. Foto: Flickr.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias están frente a frente en una mesa de poker: el primero tiene dos ochos y el segundo dos sietes. Pero ambos ponen cara de ganadores y dejan ver que llegarán hasta el final. ¿Llegarán al ‘all-in’? Previsiblemente no, pero hasta que se mojen utilizarán sus señuelos para provocar el terror en la mirada del enemigo.

El PSOE desliza que Podemos se hundirá en una repetición electoral y que el salto estatal de Íñigo Errejón apuntillará el liderazgo de Pablo Iglesias. Los morados dejan ver que la derecha se unirá en una especie de ‘España Suma’, pero el PP no tiene demasiadas ganas de unirse con Vox y Ciudadanos no quiere ser la comparsa de Pablo Casado.

En realidad todos mienten, pero Podemos tiene una ventaja: a Iglesias se le agota la vida política, previsiblemente el próximo ciclo electoral le será adverso, y puede jugar a morir matando. El secretario general morado puede ponerse en modo kamikaze y hacer saltar por los aires la mesa de juego.

En La Moncloa, donde juegan con la baraja de Iván Redondo, al menos son conscientes de que sus negociaciones no dejan de provocar grietas en sus adversarios: Teresa Rodríguez y Espinar reprenden a Iglesias; el clan de Garicano ha dejado sin maquillaje mediático a Rivera; y hasta en el PP algunas voces apuntan a la abstención para enfado de Casado.

ERREJÓN, EL SEÑUELO DE SÁNCHEZ

Felipe González fue consciente de que para derribar a Adolfo Suárez tenía que despejar el flanco izquierdo del tablero: es por ello que pactó con el PSP de Tierno Galván en 1979 y jugó con la embajada soviética para que la escisión del PCPE apuntillase al PCE.

PSOE y Podemos

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El PSOE sumó y siguió en los noventa: absorbió al PTE de Santiago Carrillo por los servicios prestados del camarada; digirió a Euskadiko Ezkerra para asaltar la Lehendakaritza; y jugó con la llamada Nueva Izquierda para agrietar a Julio Anguita.

El coordinador federal de Izquierda Unida se había negado a enterrar al PCE y los asociados de la coalición se cansaron de ser la comparsa de ‘El Califa’. La política de Anguita, las dos orillas (o pinza), provocó que el PP conquistase algunas instituciones para enfado del PSOE, que invocaba a la izquierda pese a sus políticas neoliberales, el GAL y Filesa.

Cierto es que IU se negaba en redondo siquiera a barajar pactos con los socialistas y la prensa afín a Felipe González, principalmente PRISA, mimó hasta la extenuación a la Nueva Izquierda que lideraban Cristina Almeida y Diego López Garrido.

EL FRACASO DEL PDNI

En 1996 Aznar llega a La Moncloa y la corriente Nueva Izquierda retuerce su discurso contra Anguita, al que acusaban de pactar con el PP por cenar con su líder y con Pedro J., por conseguir la presidencia del Parlamento andaluz con los votos del centro-derecha, por apoyar a Cascos en la ‘guerra del fútbol’ y por permitir que Asturias cambiase por primera vez de color político.

Sánchez
Julio Anguita junto a Pablo Iglesias. Foto: Captura Antena 3.

El PDNI fue expulsado de Izquierda Unida en 1997 y sus integrantes pactaron para las autonómicas y municipales de 1999, donde el PSOE unió el apellido Progresistas. Cristina Almeida lideró a los socialistas en la Comunidad de Madrid, pero fracasó con estrépito.

Esta corriente convertida en formación política fue finalmente absorbida por los socialistas, que se acercaron a IU en el 2000, ya sin Anguita, y ambos se pegaron un tortazo de aúpa: Joaquín Almunia y Francisco Frutos se quedaron sin sus cargos.

ALMEIDA Y ERREJÓN, LA HISTORIA SE REPITE

Cristina Almeida repitió machaconamente que IU debía apoyar al PSOE en todo lo que pidiese y Errejón ahora hace lo propio con Podemos, al que le exige una especie de sumisión respecto a la calle Ferraz.

“Iglesias, como Anguita, prefiere el “programa, programa, programa” en vez el mantra que dice que el partido de la reconversión industrial, la ‘enmienda Florentino’ y el indulto a Alfredo Sáenz es de izquierdas”, dicen algunas voces en Podemos.

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Íñigo Errejón repite la estrategia del PDNI y afirma que “hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria”. Y no cierra la puerta a presentarse a las generales: “En política he aprendido a no descartar casi nada. Pero no estamos en eso sino en construir Más Madrid. Que eso luego sirva de inspiración para otros lugares nos alegraría, pero los tiempos de la política y los de la actualidad no son los mismos”.

En declaraciones a El Mundo el líder de Más Madrid afirma que “en un momento de expansión de PSOE, nosotros hemos sacado un resultado sin parangón desde posiciones alternativas al PSOE. Puede haber mucha gente que lo vea con una legítima y para mí encantadora esperanza, pero tenemos que decir que vamos a construir Madrid”.

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