Este viernes un hombre afroamericano de 27 años falleció en Atlanta, estado de Georgia, tras ser disparado por la policía cuando este intentaba huir. El suceso rápidamente ha sido considerado como asesinato racista y no ha hecho más que empeorar la difícil situación en Norteamérica.

Rayshard Brooks se había quedado dormido dentro su coche frente a la ventanilla del drive-through de un restaurante de comida rápida de la cadena Wendy’s. Al estar obstaculizando el paso del resto de vehículos, dos policías blancos acudieron al lugar alrededor de las 22:30 de la noche y le hizo un control de alcoholemia, que dio positivo. Los agentes recibieron una “queja de que un hombre estaba dormido en un vehículo aparcado delante de la ventanilla (de recogida de alimentos), lo que provocaba que otros clientes tuvieran que manejar alrededor del auto”.

Después de dar positivo en alcohol, los agentes procedieron a su detención. El hombre se resistió en un forcejeo con los policías, hasta que le robó el táser (pistola de descarga eléctrica) a uno de ellos y huyó. Mientras el hombre de 27 años corría, uno de los policías le disparó, lo que acabó con su vida.

“El agente de policía sacó una pistola de descarga eléctrica, y los testigos dicen que, durante el forcejeo, el hombre (Brooks) agarró esa pistola eléctrica y se hizo con ella”, indica el informe del Buró de Investigación de Georgia (GBI, en inglés). Tras ser disparado con un arma de fuego, Brooks fue “transportado a un hospital local, donde murió tras la cirugía”.

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