martes, 11 mayo 2021 14:45

Las injerencias de Sánchez en la Justicia hunden a Campo como ministro

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) sigue en funciones desde hace dos años. Y a esto hay que añadir que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, busca dar fuerza y relevancia a los partidos nacionalistas e independentistas a través de pactos y reformas. El problema es que quien está pagando el pato de la política del PSOE es el desgastado ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, el cual ya es el representante del Gobierno socialista peor valorado, pues comparte la peor nota junto a la ministra de Igualdad, Irene Montero, y el ministro de Universidades, Manuel Castells: un 3,3. Con esto, las quinielas de Ferraz no están con él para continuar como ministro de Justicia en caso de renovar la legislatura. Y desde el gabinete de Campo se ve completamente injusto, pues ni siquiera él comulga con las decisiones que ha tomado Sánchez.

La renovación del CGPJ ha pasado factura a Juan Carlos Campo. Que Sánchez haya tomado la iniciativa en este área y haya apartado por completo a cualquiera que tuviera algo que decir en el plano de la Justicia ha erosionado la imagen de Campo sin que él esté de acuerdo con las decisiones que ha tomado el presidente. Tal es el grado de desgaste, que una encuesta de NC Report para el diario La Razón ha dejado a Campo a la altura de Montero, algo preocupante, dado que los últimos puestos los ostentan los ministros de Unidas Podemos con notas de un 3,3.

La otra lectura que hacen fuentes de Justicia es que Sánchez está minando la gestión de Campo en comparación con otros ministros. Mientras la ministra de Defensa y también magistrada, Margarita Robles, se luce con discursos vistosos sin ofrecer una política especialmente eficiente en las Fuerzas Armadas y goza de una nota de un 4,9 (la mejor de todos los ministros), Campo ve como las decisiones de la cúpula del partido le dejan a la altura del betún e incluso le llevan a enfrentarse con los suyos: los jueces. Más desgaste y erosión para nada.

Lo cierto es que esto es algo que viene de atrás. Según el barómetro de octubre de 2020 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de José Félix Tezanos, Campo no obtenía para nada buenos resultados. Ya desde principios de otoño el ministro figuraba entre las peores posiciones compartiendo espacio con Montero o Castells. Y la tendencia parece haberse prolongado en el tiempo dados los resultados arrojados por NC Report. Campo está entre los tres peores y en su entorno no se lo acaban de explicar del todo.

Desde Justicia hay indignación porque son perfectamente conscientes de que lo que ha llevado a Campo a esa posición es que Sánchez se ha preocupado por ocupar sus funciones y no ha dejado que el ministro ejerza su influencia para llegar a acuerdos. Influencia entendida por respetar su opinión, dado que Campo conocer perfectamente la casa y sabe qué decisiones se pueden tomar o no en el plano de la Justicia. Por ejemplo, el haber vetado al Rey de la entrega de despachos a nuevos jueces fue una de esas imposiciones del presidente que desgastaron a Campo de rebote a pesar de que el propio socialista no estaba en absoluto de acuerdo con las intenciones que tenía el presidente del Gobierno. ERC ganó la partida y Sánchez, con vistas a aprobar unos polémicos Presupuestos Generales del Estado, cedió a sus demandas y Felipe VI quedó fuera ante la indignación de los jueces.

Tal y como ha podido saber MONCLOA.com, es el presidente del Ejecutivo el que ha tomado una buena serie de decisiones que han afectado de forma negativa al ministro de Justicia. Campo lo sabe y antes de unirse con los suyos ha preferido complacer al presidente socialista para evitar un enfrentamiento con Sánchez, por lo que desde su equipo asumen que el desgaste es consecuencia lógica de su falta de iniciativa.

Uno de los pecados originales que no perdonan en Justicia es el vetarla Rey de la entrega de despachos a los nuevos jueces en Barcelona el pasado 25 de septiembre. En esta ocasión, el presidente cedió a las demandas de ERC en el marco de unas negociaciones y evitó que el jefe del Estado acudiera a un acto que había presidido de forma histórica. Campo en ningún caso estaba de acuerdo con esta decisión que tomó Pedro Sánchez, pero como buen militante la aceptó y corrió con el desgaste que conllevara. La realidad es que ese desgaste le ha convertido en uno de los ministros peor valorados. No solo por esto, sino por su complacencia con el presidente del Ejecutivo a la hora de tomar cualquier decisión.

En su día el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, declaró que el Gobierno había solicitado al presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, aplazar el acto para que así pudiese contar con la presencia del Rey Felipe VI pero, según pudo saber este medio, estas declaraciones no fueron ciertas; ya que desde el Consejo General del Poder Judicial confirmaron que nunca habían recibido una petición solicitando un cambio de fecha.

El problema de este gesto es que, pese a ser obra del presidente, quien paga el pato es el ministro. La sensación que que el líder socialista ha utilizado a Campo es generalizada en el área de Justicia y les parece profundamente injusto que quien sufra desgaste de cara a la valoración pública sea quien dio la cara y no quien tomó la decisión, pero todo parece indicar que Campo no se levantará contra la mano que le dio de comer o, en este caso, la que le convirtió en ministro.

Otro ejemplo es la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Campo mantiene una relación fluida con Lesmes y apoya la postura del presidente del Tribunal Supremo sin reservas. Sin embargo, cuando las voces críticas (también mediáticas, además de políticas) se levantan contra la no renovación del Consejo, todas las quejas recaen sobre Campo a pesar de que la culpa sea de que el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, se ha enrocado en unas exigencias difíciles de cumplir para cualquier partido. Y si las críticas vienen porque el CGPJ sigue cumpliendo la ley y hace nombramientos, también quien se lleva el desgaste es Campo. Insistimos, a pesar de que en este caso tampoco tenga nada que decir.