martes, 22 junio 2021 22:01

La crisis migratoria por culpa de González Laya desata el caos en el Gobierno

La crisis migratoria provoca el caos en los distintos ministerios del Gobierno de España. Interior, Exteriores, Defensa, Migraciones y Moncloa se hayan inmersos en un conflicto sobre quién es el culpable al mismo tiempo que deben dar una respuesta coordinada para solucionar la crisis. Parece ser que la culpable es Arancha González Laya, la ministra de Asuntos Exteriores, ya que autorizó la entrada en España del líder del Frente Polisario algo que ha sido recogido por Marruecos como un agravio y ha hecho romper las relaciones policiales y de Inteligencia con España.

Fernando Grande-Marlaska y Arancha González Laya

Fernando Grande-Marlaska lo tiene claro, González Laya es la culpable de los miles de inmigrantes que han asaltado la playa del Tarajal en Ceuta. La tensión en las relaciones marroquíes y españolas comenzó cuando el ministerio de Exteriores autorizó la entrada a España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Cuando el 14 de noviembre de 2020 el propio Brahim Ghali declaró el estado de guerra a Marruecos, se ponía fin a tres décadas de alto el fuego entre el Frente Polisario y el reino de Mohamed VI, conflicto que permanecía en suspenso de mutuo acuerdo desde 1991. De ahí la reticencia a que España acepte a Ghali, ciudadano marroquí, más todavía cuando entró territorio español con un pasaporte argelino falso y cuando tiene causas pendientes por violación a una mujer y crímenes de lesa humanidad, por lo que estuvo reclamado en la Audiencia Nacional en 2016. España, critican desde Marruecos, pese a que no reconoce diplomáticamente a la RASD, mantiene conversaciones con el Frente Polisario, un grupo terrorista “igual que ETA, aseguran fuentes de Gobierno marroquí.

Al contrario que Arancha González Laya, Marlaska se opuso a su entrada pero finalmente, “por cuestiones humanitarias” ya que tiene 72 años y padece Covid fue aceptado en el hospital de Logroño. Su acogida en España ha provocado la respuesta marroquí, que ha decidido no respetar las fronteras de Ceuta y permitir el paso ilegal de miles de marroquíes. Desde Interior culpan a Exteriores de adoptar decisiones propias de “diplomáticos que no entienden de política”. Asimismo, Fernando Grande-Marlaska recuerda que habría consecuencias ya que sobre Brahim Ghali está condenado por Marruecos por crímenes de lesa humanidad.

Este enorme error de Arantxa González Laya ha provocado una crisis migratoria inédita en la Ciudad Autónoma. Incluso, la ministra se atrevió a defender que este hecho “no perturbaría las relaciones con Marruecos”, sin embargo, la realidad es que para Marruecos ha sido una ofensa y la pasividad se ha instaurado en la frontera. Con esta crisis migratoria, queda claro que González Laya no es capaz de controlar las relaciones exteriores de España.

LOS ALTIBAJOS EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES ENTRE MARRUECOS Y ESPAÑA

Las relaciones hispano-marroquíes han ido sufriendo distintos altibajos a lo largo de los años. El equilibro en la región, alcanzada desde el Gobierno de Rodríguez Zapatero, empezó a cambiar a principios de diciembre de 2020, cuando el presidente estadounidense Donald Trump anunció que su país reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Tras la negativa española de secundar la puesta estadounidense, el primer ministro marroquí expresaba su intención de situar las plazas de soberanía española de Ceuta y Melilla en la agenda exterior del país. Desde Marruecos, se interpretó como un agravio la pasividad de España. Y así comenzó la primera ola migratoria en Canarias este verano.

No era la primera vez que un conflicto entre España y Marruecos sucedía. En 2002 se produjo los momentos más difíciles entre ambos países, que se saldó con la rotura de relaciones diplomáticas y a punto estuvo de desencadenar un conflicto bélico. En la mañana del 11 de julio de 2002, un grupo de marinos marroquíes al mando de un suboficial perteneciente a la dotación de un patrullero desembarcaron en la isla de Perejil y colocaron dos banderas de Marruecos. La actuación se enmarcaba en un aumento de la tensión desde la llegada al trono del rey Mohamed VI (julio de 1999) y el uso de lenguaje amenazante por parte del entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, contra Marruecos a raíz de la renuencia de éste de renovar el Acuerdo de pesca con la Unión Europea, caducado en 1999. Un conflicto que se acabó gracias a la intermediación de Estados Unidos, ahora imposible desde el citado acuerdo suscrito por Trump y aceptado por Biden.

El conflicto ahora es grave: cuando el 14 de noviembre de 2020 el propio Brahim Ghali declaró el estado de guerra a Marruecos, se ponía fin a tres décadas de alto el fuego entre el Frente Polisario y el reino de Mohamed VI, conflicto que permanecía en suspenso de mutuo acuerdo desde 1991.

La RASD emitió un comunicado en el que indicaba que después de 29 años a la espera de que se celebre un referéndum de autodeterminación, el pueblo saharaui había perdido su confianza en la capacidad de influencia de las Naciones Unidas para proveerlo.

Tradicionalmente poblado por tribus bereberes, el Sahara Occidental fue colonizado por España en 1884 y 50 años después, en 1934, fue convertida en una provincia española, denominada Sahara español, hasta que la ONU pidió la descolonización del territorio en 1965. Para entonces ya pesaban sobre el Sahara Occidental las demandas del reino de Marruecos, que se había independizado en 1959, pero llevaba siglos reclamando el territorio como suyo.

Pero también se inició en el propio Sahara Occidental un movimiento independentista, con la creación, en 1973, del Frente Polisario. En 1974, España anunció sus planes para conceder mayor autonomía a los saharauis y propone organizar un referendo de independencia un año después. Sin embargo, España se retiró en 1975 sin haber llevado a cabo dicho referendo y Marruecos se anexó el Sahara Occidental y alentó a miles de marroquíes a establecerse allí.

En noviembre de 1975, 350.000 marroquíes cruzaron la frontera en la llamada Marcha Verde para presionar por la reivindicación del reino, un movimiento que ahora se está equiparando a lo sucedido en Ceuta.

Por su parte, el Frente Polisario proclamó en febrero de 1976 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y durante 16 años mantuvo choques armados con Marruecos por la soberanía de la zona. En 1991, y hasta ahora, se llegó a una tregua negociada con la ONU con la promesa de un referéndum. La calma se mantuvo hasta noviembre de 2020, cuando se presentó una incursión de tropas marroquíes en el paso fronterizo de Guerguerat, una zona desmilitarizada que separa Mauritania de las zonas controladas por Marruecos, lo que provocó una escalada de tensión. De estos polvos, estos lodos, y ahora, la política de Mohamed VI de que “Marruecos no reclamará el Ceuta y Melilla hasta que España recupere Gibraltar” … se ha roto. Todas las miradas estás puestas en el Sáhara”.

EL DESPILFARRO DE LA MINISTRA

La gestión del Ministerio de Exteriores a cargo de Arantxa González Laya ha suscitado muchas críticas. La ministra se encargado de regar con dinero las relaciones internacionales de España para controlar la inmigración. Algo que se le ha ido de las manos en Ceuta a pesar de haber regalado millones de euros a Marruecos.

Pero González Laya no solo gasta dinero español en Marruecos. En plena pandemia y crisis económica, la ministra ha dado polémica ayudas a países desfavorecidos como 65.000 euros públicos en forma también de concesión directa para fomentar la defensa de los derechos LGTBI en Haití.

Pero Haiti no ha sido el único país al que España ha regalado dinero de las arcas públicas. A través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que depende del Ministerio de Exteriores, España ha regalado a lo largo de 2020 a Mauritania más de cinco millones de euros en forma de subvención para diferentes menesteres. Desde pagar para fomentar el respeto medioambiental y la pesca artesanal en Nuabidú a integrar a menores vulnerables a través del deporte.