miércoles, 16 junio 2021 17:03

Los impuestos eco del Gobierno disparan la luz un 41%, el butano un 5% y el diésel un 14%

El Gobierno se ha coronado. Su transición ecológica (a la misma a la que le ha dedicado un ministerio y una vicepresidencia) se basa exclusivamente en crujir a impuestos a los españoles. En concreto, los mensajes del Ejecutivo, la ambición de algunas empresas y las tasas ecológicas impuestas por el Gobierno para los carburantes y la emisión de CO2 han repercutido en el ciudadano medio en forma de “sablazo”. Concretamente, la bombona de butano ha subido un 5%, el precio de la luz un 41% de un día para otro (en los tramos en los que más consumimos) y el diésel y la gasolina se han disparado un 14% y un 20% respectivamente en referencia con el año anterior. Estamos de enhorabuena, la transición ecológica ya está aquí para quedarse y el Gobierno e ha felicitado.

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Imaginamos que el electorado del PSOE y de Unidas Podemos que tanto se quejaron con la subida de la luz durante el Gobierno de Mariano Rajoy ahora se estarán llevando las manos a la cabeza. Es cierto que desde el Ejecutivo quieren meter mano a esta situación antes de que se descontrole (más) de lo que está. La idea de la Agenda 2030 que contemplaba la reducción de las emisiones del CO2 y del uso de vehículos de combustión se ha traducido simplemente en que Iberdrola, Endesa y Repsol han subido el precio de la luz y de los carburantes sin que les tiemble el pulso. La consecuencia es que el precio de la energía, del butano, del diésel y de la gasolina está disparado y no hay visos de que se vaya a encarrilar.

El precio máximo de la bombona de butano de 12,5 kilogramos de peso ha aumentado en concreto un 4,87% y se ha situado en los 14,64 euros, sumando así su cuarta subida consecutiva y tocando su nivel más alto desde noviembre de 2018, según la resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Esto en referencia a la bombona de butano, pero este es el caso menos dramático. Donde llegan los problemas (y los chistes) es con la energía. 
Es en la luz donde llegan los problemas más serios. Esta innovación de las eléctricas y del Gobierno de establecer tramos horarios donde la luz es más cara o barata dependiendo de la hora a la que se ponga la lavadora ha irritado a media España. Algunos medios sugerían que si planchas a las 3 de la madrugada podrías ahorrar algunos euros a final de año (eso de dormir parece que está sobrevalorado). Pero lo cierto es que el resumen es que si consumes luz de madrugada podrás mantener la factura más o menos como la tenías y si enciendes la lavadora a las 12.00 de la tarde, prepárate para que las energéticas visiten tu cartera.
Se habla de horas valle, horas llanas y hora punta. En todas de crujen y en la valle te mantienen el precio actual. El caso es que alguien (tanto el Gobierno como las energéticas) ganará más dinero a tu costa porque Sánchez quiere penalizar la emisión de CO2 y las empresas repercuten ese impuesto en los clientes. Sin más.
También hay problemas en relación al diésel. Que haya aumentado el precio de este tipo de combustible un 14% aproximadamente en un año no es nada comparado con los planes de Pedro Sánchez. El presidente tiene claro que quiere dejar de ver diésel por Madrid. Por eso, la idea no es solo mantener estas subidas, sino meterle otra tasa que equipare el precio de este combustible con el de la gasolina. Vamos, que para 2022 es posible que el litro de gasoil aumente 10 céntimos con vistas a que de aquí a unos años suba hasta 50 céntimos, tal y como indica un informe europeo.
Sánchez espera que la factura eléctrica de los consumidores se abarate entre un 4% y un 5%
El problema que ha afrontado el Gobierno es que ha visto como sus impuestos eco han repercutido sobremanera a los españoles. Tampoco es que se hayan quedado de brazos cruzados ante la avalancha de titulares y ya han anunciado medidas para intentar abaratar la luz. La idea es aprobar cuanto antes un anteproyecto de ley para reducir los denominados como “beneficios caídos del cielo” de las nucleares y las hidráulicas mediante un recorte de unos 1.000 millones de euros en la retribución que reciben las eléctricas. Con esta medida, Sánchez espera que la factura eléctrica de los consumidores se abarate entre un 4% y un 5%.
Esto no ha sido del agrado de estas macroempresas, que ya hablan de que han sido “intervenidas” mediante la ley para conseguir abaratar el precio de la luz, algo que año tras año crece y aumentan los beneficios de empresas como Iberdrola para que los españoles vean como algo tan básico como la luz les sale por un ojo de la cara. Con el diésel es otro cantar, ahí sí que no se piensa frenar el aumento de su precio ni tampoco los impuestos que Sánchez pretende imponer en este combustible.