domingo, 25 julio 2021 04:41

Ciudadanos confía su futuro a las elecciones autonómicas y a la Comunidad de Madrid

El pesimismo reina en Ciudadanos. Pocos creen que vaya a haber una remontada épica. De hecho, el sentir general es que se empieza de cero, por lo que obtener representación en cualquier parlamento ya sería un premio. Sin embargo, hay dirigentes del partido naranja que todavía tienen esperanza. Consideran que se puede recuperar mucho porque apuestan porque hay un electorado liberal que pueden seducir dado que el PP peca más de conservador y religioso que de liberal, según su criterio. Y estos altos cargos del partido saben que la clave son las próximas elecciones autonómicas. Hay territorios en los que la formación cree que pueden recuperar mucho electorado por su tradición liberal. Por eso, Ciudadanos se ha dado como fecha límite las elecciones autonómicas con el ojo puesto en la Comunidad de Madrid, región donde pondrán a su candidato o candidata más fuerte.

Si hay un territorio tradicionalmente liberal es Madrid

Las cuentas se hacen y desde Ciudadanos saben que su mensaje puede calar con más fuerza en la Comunidad de Madrid. Si hay un territorio tradicionalmente liberal es Madrid. Y si hay una comunidad autónoma donde el programa electoral de Ciudadanos puede calar, esa es la que gobierna Isabel Díaz Ayuso. Con todo esto y a la espera de que se celebre el congreso de la formación naranja en julio, desde el partido deslizan que lo apostarán todo a las próximas elecciones de la Comunidad de Madrid y que será ahí donde coloquen a su candidato o candidata más brillante. Entre los nombres que suenan está el de la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís. 

Una victoria importante en Madrid podría impulsar a Inés Arrimadas a nivel nacional. Las elecciones generales se separan por seis meses de las autonómicas y, tal y como ha pasado con el PP de Casado y la victoria de Ayuso, conseguir un buen resultado en la capital puede ser sinónimo de pegar un empujón en las generales. Ciudadanos tiene claro que tendrán que darlo todo por las elecciones de la Comunidad de Madrid y ya preparan el terreno para volcar ahí la mayor parte de sus recursos. La clave será el candidato o candidata que se presente. 

El temor principal de Ciudadanos es que en el congreso que se celebrará en julio haya una espantada sin precedentes. Ya ha habido muchos nombres, como el del chaquetero Toni Cantó, que han abandonado el barco para irse al PP porque tiene más posibilidades de obtener cargos. Sin embargo, esta sangría no ha acabado y el núcleo duro de Arrimadas sabe que puede agravarse la fuga de nombres. La idea es que se quede la mayoría pero, sobretodo, fichar nombres y golpes de efecto para intentar usar las elecciones autonómicas en su propio beneficio.

Desde Ciudadanos se muestran convencidos con que su programa electoral es más atractivo para el electorado del PP que el del Partido Popular. Consideran, imbuidos de ese espíritu de Albert Rivera, que ellos son el nuevo liberalismo y que si alguien aspira a ocupar el espacio del PP son ellos. Sin embargo, el problema que sí reconocen que tienen es el de los nombres y las caras visibles. Por el momento, solo Arrimadas y Villacís son conocidas en el partido. El resto o se han ido o directamente no les conocen prácticamente ni en su casa.

VILLACÍS, LA ESPERANZA NARANJA

La clave en este asunto es si Villacís querrá quedarse y dar un paso hacia delante o echarse atrás. De momento, solo la vicealcaldesa goza de una estela positiva. Se considera que si alguien puede obtener un resultado digno es ella, pero no precisamente en el Ayuntamiento de Madrid donde su alcalde se ha hecho con el control carismático de todo. Es por eso que hay voces en el partido que ubican a Villacís en estancias más elevadas del partido o en candidaturas más relevantes. La idea es que ayude a levantar el partido. Pero para eso, ella debe querer aguantar en el barco, algo que no todos tienen claro en Ciudadanos.

Todas las esperanzas de la formación pasan por la Comunidad de Madrid y por conseguir al menos condicionar el Gobierno en este territorio. Con poder, se pueden recuperar algunos votos y dar otra vez posibilidades a Arrimadas. El problema es que esto sería una mala noticia para los dirigentes populares, pues todo lo que gane o pierda Ciudadanos es en beneficio o perjuicio del PP. Sea como sea, en el congreso se tratará quién formará la nueva ejecutiva liderada aún por Arrimadas y sobretodo qué papel tendrán otros nombres en la formación.

AGUADO HUNDE EL BARCO

El exvicepresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio Aguado es el gran culpable de esta convocatoria electoral. Al menos esta afirmación es la que comparte la mayoría de la cúpula de la administración. Y hablamos de los dos partidos que formaron coalición: tanto Ciudadanos como el Partido Popular. Todos culpan a Aguado. El detonante que llevó a la presidenta de la autonomía Isabel Díaz Ayuso a convocar elecciones fue un tuit de Aguado (que luego borró) en el que dejaba entrever que era posible que la moción de censura de Murcia podría contagiarse a la capital. Sin embargo, la razón por la que fracasó la coalición no fue un tuit, sino la obsesión del vicepresidente por crear un gobierno paralelo dentro de la Comunidad de Madrid que solo obedeciera a los designios de Aguado.

Dos gobiernos en la Comunidad de Madrid. Esta era la obsesión de Aguado que ha costado a todos los madrileños otra convocatoria electoral (y el coste económico que ello trae). Algunos lo verán normal, pero en la práctica no lo era tanto. La obsesión del vicepresidente y de su equipo en evitar que los consejeros, directores generales y cargos intermedios que provenían del partido naranja obedecieran las órdenes de dirigentes populares (en especial, de Ayuso) llegaba a unos extremos que lo único que consiguió era entorpecer el normal funcionamiento de la administración pública. A Aguado le ninguneaban todos y no lo soportaba. Pero lo cierto es que se esforzó solo en mantener el control de su equipo y no en gestionar de forma adecuada las áreas que le tocaron.

Si la coalición ha fracasado no ha sido por la chapucera e infantil estrategia de Inés Arrimadas para presentar varias mociones de censura a traición para desbancar del poder al Partido Popular. Ni siquiera ese tuit que borró Aguado en el que aplaudía la reacción de su partido en Murcia. El vicepresidente estaba obsesionado con ser presidente de la Comunidad de Madrid y con comerse al Partido Popular. Entendía que su cargo se le quedaba corto y sus ínfulas e ansias de poder le llevó a intentar ser presidente de una pequeña parte del gobierno, pero el problema es que sus consejeros estaban a otra cosa completamente diferente.