jueves, 5 agosto 2021 16:39

Iván Redondo inicia una operación para apartar del “lecho” de Sánchez a Ábalos y a Bolaños

El jefe de Gabinete de Presidencia del Gobierno, Iván Redondo, ya lo dijo. Se tiraría por un puente si su presidente se lo pidiera. Lo que no comentó ese día es que no soporta que Pedro Sánchez tenga otros interlocutores válidos aparte de él. Quizá por eso ha iniciado una pequeña campaña para apartar del gabinete de Sánchez a todos aquellos que tienen línea directa con el líder socialista. Hasta ahora, hay tres personas que gozan de la confianza del presidente. La primera es el propio Redondo; la segunda, el ministro de Transportes, José Luis Ábalos; y la tercera, el secretario de Estado de Presidencia del Gobierno, Félix Bolaños. Pues bien, Redondo los quiere lejos del día a día del presidente para convertirse él en el único interlocutor válido de Sánchez.

No es que el jefe de gabinete de Pedro tenga inquina personal hacia Ábalos y Bolaños (como sí la tiene hacia la vicepresidenta primera del Ejecutivo, Carmen Calvo). Es que Redondo sabe que aún le falta un paso más para ser “todopoderoso” tanto en el PSOE como en el Gobierno. La mejor forma de hacerse con el control total de Moncloa es convertirse en el único interlocutor de Sánchez. Por eso, Redondo ha seducido al presidente para que sopese mandar a Ábalos a dirigir el Ministerio de Defensa y a Bolaños a que se haga con la cartera de Justicia (que actualmente ostenta el ministro socialista Juan Carlos Campo), tal y como indican fuentes del partido a MONCLOA.com.

Cuando hablamos de enviar a Ábalos a Defensa es porque Redondo considera que así conseguiría anular las aspiraciones de comisario político del dirigente. Redondo, dentro de esa mentalidad que tanto le caracteriza, entiende que un ministro de Defensa no puede compaginar el cargo con el de secretario de Organización del partido al que pertenece. Llevar cuestiones relacionadas con el Ejército, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y de paso ser quien dirige el cotarro en el partido, así como la fontanería de la formación, son dos tareas que Redondo considera incompatibles. De este modo, el jefe de gabinete entiende que conseguiría anular la presencia de Ábalos dentro del partido y haría que Sánchez perdiera a su único interlocutor válido para las cuestiones internas del PSOE. Retorcido, pero posiblemente efectivo, tal y como cuentan las fuentes a este medio.

De algún modo, se entiende que esta estrategia de Redondo es dar una patada hacia arriba a sus dos contrincantes (aquellos que compiten por el cariño y la confianza de Pedro Sánchez) para que, sin arrebatarles relevancia y peso en el Gobierno, se alejen de lo que él más ansía: ser el único interlocutor válido del presidente.

Para Redondo, Ábalos es una amenaza para tratar temas internos del partido. Sánchez, pese a que no mantiene una relación tan buena como hace meses con el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, confía en el secretario de Organización del PSOE para gestionar todas las intrigas internas que azotan Ferraz. Los temas delicados sobre fontanería interna en el partido los trata Sánchez directamente con Ábalos y este no es un lujo que se pueda permitir Redondo. El secretario de Organización es un comisario político en toda regla y a Sánchez le tranquiliza contar con alguien como él para tratar los asuntos internos de la formación socialista. Pero Redondo quiere que esta confianza se acabe más pronto que tarde para modelar el partido a su gusto sin la interferencia de un molesto ministro.

Respecto a Bolaños, el tema tiene que ver con la atención y el cariño de “papá Sánchez”. El presidente del Gobierno confía tanto en Félix como en Iván, pero ha repartido las competencias de cada uno. Mientras que Bolaños es el que lleva temas como los relacionados con la Justicia, Redondo lleva otros. Ambos se respetan escrupulosamente las áreas de trabajo de cada uno pero Redondo quiere más. Y ese “querer más” implica que Bolaños debe salir de Moncloa más pronto que tarde.

la estrategia prevé que las competencias de Bolaños acaben sometidas a la supervisión del propio jefe de gabinete

La estrategia de Redondo con su compañero Félix es simple. Si Bolaños se marcha al Ministerio de Justicia, todas las competencias que Sánchez le había confiado a su secretario quedaría en el aire. Pero no durarían mucho suspendidas dado que Redondo las asumirá encantado. No es que el jefe de gabinete considere que asumirá todas las competencias de una secretaría de Estado, pero sí que tiene claro que quien llegue de nuevas no gozará, ni por asomo, de la confianza de Sánchez al nivel de Redondo. Por tanto, la estrategia prevé que las competencias de Bolaños acabarían sometidas a la supervisión del propio jefe de gabinete para así convertirse en el único interlocutor de Sánchez.

Si Redondo ya tiene la capacidad de echar o mantener a ministros e incluso vicepresidentes, ¿qué no podrá hacer controlando el partido a nivel interno y asumiendo la supervisión de las competencias que ahora tiene Bolaños? Son dos años lo que le queda a este Gobierno antes de que se celebren elecciones, pero dos años complicados y repletos de altibajos en los que Redondo quiere tener la sartén por el mango en todo momento.

LAS SEIS CIFRAS

El jefe de gabinete de Presidencia del Gobierno y artífice de prácticamente toda la imagen que ha exportado el Ejecutivo, Iván Redondo, lleva meses mirando con recelo al sector privado. Fuentes cercanas al principal asesor del presidente Pedro Sánchez aseguran que las aventuras de Redondo en lo público están más cerca de acabar que lo que muchos se esperan. Por supuesto, si el presidente revalida su mayoría en los comicios de 2023, puede que la papeleta no sea la misma. Pero quienes conocen al todopoderoso asesor de Sánchez aseguran que su intención es “forrarse” en el sector privado más pronto que tarde. La política le importa más bien poco. La idea que sopesa el asesor es fichar por alguna consultora con un sueldo de esos que quitan el hipo. Él cree que se lo ha ganado.

ivan redondo

Le llaman gurú y Redondo adora verse como un intelectual publicista y un estratega político como pocos en los medios de comunicación. Cuando le achacan complejas artimañas políticas, cuando le adjudican maquiavélicas estrategias que a la larga salen bien o cuando su nombre salpica los grandes éxitos políticos de Sánchez, Redondo sabe que va por el buen camino. Pero lo que dicen las fuentes es que todo este trabajo del que le gusta alardear no es por pasión por lo público, sino más bien porque sabe que así agranda su currículum para añadir más ceros en el momento en el que dé el salto al sector privado, algo por lo que ya suspira cada vez que pasa en su coche oficial al lado de una consultora.