martes, 28 septiembre 2021 20:53

ERC sangra a impuestos a los catalanes pese al deficiente servicio público

Cataluña sangra a impuestos a sus ciudadanos independientemente del color político e ideología. No es culpa de Madrid. Es la realidad pese a tener unos servicios públicos deficientes, o al menos con un amplio margen de mejora.

ERC y JxCat, los socios del Gobierno de la Generalitat, lejos de remangarse y emplearse a fondo para arreglar las maltrechas finanzas catalanas se han enzarzado en las disputas cotidianas y agotadoras del ‘procés’. Todo va de independencia, todo guarda relación con la ruptura con el resto de España, a excepción del ‘dumping fiscal’ de Madrid, que tiene la culpa de todos los males económicos en toda España, según, claro, los que profesan la fe en el soberanismo y su doble moral.

Los servicios públicos en Cataluña no funcionan como en Madrid. La diferencia de ambos modelos radica en el objetivo de la Educación. Unos, los de la capital, premiados por la denominada meritocracia; los otros, inmersos en aprender una lengua autonómica en la que un niño sale con el mismo nivel de castellano con dos horas a la semana que otro de Madrid con 35. «Modelo de éxito», se define en Cataluña.

LA RUINOSA DEFENSA DEL ‘MODELO DE ÉXITO’ DE LA INMERSIÓN

En cuanto a la sanidad, sin duda la red de Madrid es más eficiente que la catalana debido a cuestiones como el cuidado en los centros primarios y las distancias, pero también en la inversión dedicada a unos y otros. Otra de las claves de la comparativa reside principalmente en la calidad de los empleos y las rentas.

Madrid no es una ciudad de servicios, como se ha convertido Cataluña al perder gran parte de la industria y tejido empresarial por la huida de empresas. Hechos que no ayudan a cuadrar las cuentas, y sí a inventarse un sistema tributario que ha convertido a la comunidad en un infierno fiscal, frente a la baja tributación que brinda Madrid. Por cierto, la capital aporta 6.000 millones a las arcas comunes de la financiación autonómica, el triple que Cataluña.

Con las cifras tributarias y los diferentes tramos del IRPF, no es de extrañar que en Barcelona se escucha más a menudo de lo habitual una frase muy simbólica: «La Generalitat ens roba». Una mera definición de la realidad catalana que contrarresta el efecto del ‘España nos roba’ tan propagado por ERC y los dirigentes más extremistas de la derecha catalana.

DEL ESPAÑA ENS ROBA A MADRID NOS ROBA

Los empresarios y las patronales catalanas lo advierten, pero en privado, para evitar meterse en líos, como ocurrió no hace mucho con el líder de la CEOE y los indultos. Un lío político. Sin embargo, el debate de los impuestos en Cataluña es tabú. No hay fricción ni diferencias desde los atriles.

Ninguno muestra la cruda realidad de los datos. En Madrid, por contra, los directivos se muestran orgullosos de la baja tributación, principal motivo por el que trasladan sus empresas allí. Algunas voces muy reconocidas en Cataluña sí lo advierten, como el profesor Ferran Brunet. Sus estudios sobre el infierno fiscal en Cataluña son más que reveladores.

Sin embargo, a Pere Aragonès y su séquito les gusta escuchar otro tipo de voces. Las que le bailan el agua, principalmente, y las que no se quejan por una tributación que no sólo es un infierno sino que, además, es injusta. Por ejemplo, tomarse un refresco en Barcelona es más caro que en cualquier otra ciudad española por un tributo a este tipo de bebidas, inventado por el Govern.

EL HACHAZO DE PERE ARAGONÈS

Este hachazo, que no supone más que unos céntimos afectan especialmente a las clases medias y bajas, como ocurre con otros 17 tributos más. Todos ellos sacados de una chistera mágica desde la crisis de 2008 para tratar de encajar el tetris financiero que hay encima de la mesa, con una deuda de 78.000 millones de euros.

Lejos de rebajar los impuestos y utilizar esta bajada como reclamo para atraer inversión, empresas y en definitiva un mejor empleo de calidad, la Generalitat se ha sumado en la denuncia contra el trato más amigable de Madrid. El argumento esgrimido por el Govern catalán es que no quieren convertir en Madrid, que curiosamente ha superado a Cataluña como el territorio con mayor PIB de toda España, una muestra más por la que las medidas económicas implementadas por Isabel Díaz Ayuso sí tienen un resultado satisfactorio, con un millón menos de habitantes.

Para Cataluña no es un prioridad el retorno de empresas que se han ido desde 2017. De hecho, los sectores más extremos creen que podrá tirar por sí misma sin estas sociedades. Sin embargo, visto el ejemplo de los últimos años, la inversión extranjera se desplaza hacia Madrid debido a la inseguridad jurídica y ciudadana, con Barcelona como máximo exponente de la delincuencia, así como las ciudades del Área Metropolitana. Pero no sólo, el sistema de inmersión lingüística no lo quieren ni los políticos que la promueven, cuando han llevado a centros educativos privados a sus vástagos. Tampoco se cumplen, además, las sentencias judiciales del 25% de las clases en castellano.

Mientras Cataluña aprovecha su tiempo para imponer 18 tributos propios, en Madrid sólo se han establecido tres: máquinas recreativas, depósito de residuos y el recargo de las Actividades Económicas.

LOS IMPUESTOS PROPIOS DE CATALUÑA

En Cataluña, sólo por los residuos, a cuyo director han colocado al líder de las Juventudes de ERC, hay cuatro tasas diferentes: incineración, depósito de residuos municipales; y los correspondientes a la construcción y a la industria.

Tener un piso vacío en Cataluña también es motivo para esquilmar aún más los bolsillos; como imponer la tasa turística a quienes visiten la ciudad, un impuesto que se ha mantenido vigente pese a la pandemia.

La emisión de óxidos de nitrógeno a la atmósfera a las aerolíneas; la emisión de gases y partículas a la atmósfera producida por la industria; y el dióxido de carbono de los vehículos de tracción mecánica; y una sobre instalaciones que afectan al medio ambiente también se han constituido como tasas. El canon al agua y el comentado a las bebidas azucaradas, junto al impuesto a las grandes superficies comerciales y el de protección civil también se pagan en Cataluña. Otras Comunidades evitan estos hachazos.