«Lo que te hace depresivo está en tu despensa»: Marian Rojas, psiquiatra (42), explica cómo el azúcar derrumba neurotransmisores en 6 semanas

Marian Rojas Estapé, especialista en psiquiatría, ha alertado sobre la relación directa entre el consumo de azúcar y el deterioro de la salud mental. Según sus declaraciones, el azúcar provoca una caída en los niveles de dopamina que desencadena síntomas similares a la depresión en apenas semanas. La eliminación gradual del azúcar combinada con estrategias naturales como omega-3 y exposición solar puede revertir este proceso en un periodo de entre 8 y 12 semanas.

Marian Rojas Estapé, psiquiatra madrileña de 42 años, ha lanzado una advertencia que está revolucionando la forma en que entendemos la depresión. La especialista asegura que uno de los principales culpables de los cuadros depresivos podría estar escondido en tu despensa: el azúcar. Sus declaraciones han generado un intenso debate sobre cómo la alimentación moderna está afectando directamente a la química cerebral.

En 2026, cuando los casos de ansiedad y depresión siguen en aumento, Rojas señala que los neurotransmisores responsables del bienestar están siendo literalmente derrumbados por el consumo excesivo de azúcar. El proceso no tarda años, sino apenas seis semanas de consumo habitual para que el cerebro comience a mostrar alteraciones significativas en su funcionamiento.

El mecanismo oculto del azúcar en tu cerebro

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Cuando consumes azúcar, tu cerebro experimenta una subida inmediata de dopamina, el neurotransmisor relacionado con la sensación de placer y recompensa. Este pico genera una sensación temporal de bienestar que explica por qué muchas personas recurren a dulces en momentos de estrés o tristeza. Sin embargo, este efecto es engañoso y contraproducente.

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A medida que el consumo de azúcar se convierte en un hábito diario, el cerebro comienza a desarrollar tolerancia a la dopamina. Necesita cada vez más azúcar para experimentar el mismo nivel de placer, estableciendo un círculo vicioso similar al de cualquier adicción. Este fenómeno está documentado y explica por qué abandonar el azúcar genera síntomas de abstinencia reales.

La psiquiatra explica que tras seis semanas de consumo elevado, los receptores de dopamina se desensibilizan. El resultado es una caída sostenida en los niveles de este neurotransmisor, lo que provoca apatía, falta de motivación, irritabilidad y tristeza constante: síntomas prácticamente idénticos a un cuadro depresivo.

La serotonina también paga el precio

El azúcar no solo afecta a la dopamina. La serotonina, conocida como el neurotransmisor de la felicidad y el equilibrio emocional, también sufre las consecuencias del consumo excesivo de azúcar. Inicialmente, el azúcar puede elevar temporalmente los niveles de serotonina, creando una falsa sensación de calma y bienestar.

Sin embargo, el consumo crónico agota las reservas de triptófano, el aminoácido esencial que el cuerpo necesita para fabricar serotonina. Cuando estos niveles caen, aumenta la vulnerabilidad a la ansiedad, los cambios bruscos de humor y los estados de tristeza prolongada. El organismo pierde su capacidad natural de regular el estado emocional.

Este doble ataque contra la dopamina y la serotonina convierte al azúcar en una trampa química perfecta para el cerebro. Lo que comienza como un hábito inofensivo en la despensa puede transformarse en un factor determinante en el desarrollo de trastornos del estado de ánimo.

Un síndrome de abstinencia muy real

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Rojas insiste en que la dependencia del azúcar genera un síndrome de abstinencia real cuando se intenta eliminar de la dieta. Los primeros días sin azúcar pueden incluir irritabilidad extrema, dolores de cabeza, fatiga intensa, ansiedad y antojos incontrolables. Estos síntomas son la prueba de que el cerebro se ha acostumbrado a funcionar con ese estímulo artificial.

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Durante las primeras dos semanas, el cuerpo atraviesa un periodo de adaptación crítico. Los neurotransmisores intentan reajustarse a niveles normales sin la interferencia del azúcar, lo que puede hacer que los síntomas depresivos se intensifiquen temporalmente antes de mejorar. Esta fase es crucial y requiere apoyo psicológico y nutricional.

La buena noticia es que este síndrome no es permanente. A partir de la tercera semana, los receptores de dopamina comienzan a recuperar su sensibilidad normal. El cerebro empieza a responder nuevamente a recompensas naturales como el ejercicio, las relaciones sociales o la música, algo que había perdido durante el consumo elevado de azúcar.

El camino de recuperación dura entre 8 y 12 semanas

✓ Reducción gradual del azúcar en lugar de eliminación brusca
✓ Incorporación de omega-3 mediante pescado azul, nueces y semillas de chía
✓ Exposición diaria a luz solar de al menos 20-30 minutos
✓ Consumo de alimentos ricos en triptófano como plátanos, aguacate y pavo
✓ Actividad física regular para estimular la producción natural de endorfinas
✓ Técnicas de gestión del estrés como mindfulness o meditación
✓ Descanso nocturno de 7-8 horas para permitir la regeneración cerebral

La psiquiatra destaca que el periodo completo de recuperación oscila entre 8 y 12 semanas. Durante este tiempo, los neurotransmisores se restablecen progresivamente a sus niveles óptimos y el cerebro recupera su capacidad natural de regular el estado de ánimo sin necesidad de estímulos artificiales.

Un problema epidémico silenciado

Los estudios más recientes señalan que las dietas altas en azúcar durante la infancia y adolescencia incrementan hasta en un 40% el riesgo de desarrollar depresión en la edad adulta. Este dato no es una correlación débil, sino una señal de alarma que Rojas considera ignorada por las autoridades sanitarias y la industria alimentaria.

La psiquiatra advierte que el consumo medio de azúcar en España supera ampliamente las recomendaciones de la OMS. Muchos productos procesados contienen azúcares ocultos que pasan desapercibidos: salsas, panes de molde, yogures, cereales y bebidas aparentemente saludables. El azúcar está presente en prácticamente todos los alimentos ultraprocesados.

Rojas concluye que entender esta conexión entre azúcar y salud mental es fundamental para prevenir y tratar los trastornos depresivos del siglo XXI. Recuperar el control de lo que entra en nuestra despensa puede ser el primer paso hacia una mejor salud cerebral y emocional a largo plazo.

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