La longevidad se ha convertido en una de las grandes obsesiones de nuestro tiempo, una palabra que ya no suena lejana ni exclusiva de laboratorios, sino que se cuela en conversaciones cotidianas, redes sociales y decisiones tan simples como qué comemos o si hoy salimos a caminar. Vivir más, sí, pero sobre todo vivir mejor, con autonomía, con energía y sin encadenar enfermedades en los últimos años de vida, ahí es donde la longevidad deja de ser una promesa futurista y pasa a ser una cuestión profundamente humana.
Sin embargo, todo este tema también se ha llenado de ruido, pues entre suplementos milagro, terapias carísimas y discursos que prometen frenar el reloj biológico, resulta cada vez más difícil distinguir lo que tiene respaldo científico de lo que es puro marketing del miedo a envejecer. Por eso la voz de expertos como Eric Topol, uno de los cardiólogos más citados del mundo, es tan importante, porque aporta evidencia, calma y sentido común para entender qué está realmente en nuestras manos.
2El ejercicio, el gran aliado para todo
En el universo de la longevidad abundan los llamados biohacks, desde suplementos caros hasta terapias futuristas que prometen resultados rápidos. Frente a todo ese despliegue, el ejercicio sigue siendo el biohack más eficaz, accesible y probado por la ciencia, y no requiere tecnología ni grandes inversiones.
Mover el cuerpo de forma regular protege el corazón, cuida el cerebro, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la inflamación crónica, uno de los grandes enemigos de la longevidad. Además, no basta con caminar, el entrenamiento de fuerza es clave para preservar músculos y huesos, mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas, un factor decisivo para mantener la autonomía con el paso de los años.






