Fueron 4 minutos eternos para la azafata que el pasado 18 de enero de 2026 iba a bordo del tren Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid y descarriló a la altura de Adamuz. Su declaración se recoge en el atestado que la Guardia Civil ha entregado a la juez que instruye el caso por el accidente que provocó 46 fallecidos, el pasado 22 de enero.
El atestado de 120 páginas elaborado por la Guardia Civil recoge las declaraciones efectuadas aquella misma madrugada por la tripulación del Iryo y luego por los maquinistas a bordo del tren, el conductor y el suplente, además de a otros 22 maquinistas que habían pasado antes por esas mismas vías y no percibieron problema alguno.
La azafata, que trabajaba como Jefa de Tren, habló con los guardias civiles a las 5.20 horas de la madrugada. La joven explicó que «sobre las 19.40 se encontraba junto a su compañero recogiendo bandejas en el coche 1 y sirviendo café a los pasajeros cuando de pronto el tren tuvo un frenazo y comenzó a tener sacudidas hacia delante. Notó que el carro que portaba se iba hacia su compañero y como no podían frenarlo y las sacudidas eran cada vez más violentas, además de que las bandejas se estaban cayendo hacia los pasajeros, ella y su compañero decidieron retirar el carro hacia una zona donde no hubiera pasajeros».
La joven añadió que «desde que el tren comenzó a frenar hasta que pararon las sacudidas pasarían al menos 4 minutos».
EL IRYO EN ADAMUZ
A la testigo, como Jefa de Tren, le corresponde revisar todos los coches del tren. «Desde su posición pudo ver a (…) (el otro conductor) le dijo que fuera a cabina a ver qué había ocurrido, mientras que ella se dirigió a recorrer el resto de vagones. Pasó por los coches 2 y 3, donde pudo comprobar en este último a la compañera que estaba en cafetería se la habían caído todo (los vasos, la leche, etc…) El coche 4 y 5 tampoco presentaban daños».
Luego continúa el relato de la mujer diciendo que «estando en el coche 3, su compañero (…) del coche número 6, le pidió que solicitase un médico, lo que hizo de manera inmediata por megafonía. Al lugar donde se encontraban acudieron varios sanitarios y se dirigieron hacia el coche 6».
Pero «al llegar a ese coche, sobre las 19:53 horas observó un poco de humo en el techo y muchas cosas por el suelo. Además, observó que al final del vagón había una chica tumbada, junto a la cual había una médica o sanitaria de pie, que le indicó que no había nada que hacer por la chica».
Inmediatamente después «recibió una llamada indicándole que había saltado la alarma de incendios del coche 6, pero ella contestó que solo había humo. A continuación, pidió a los pasajeros que se dirigiesen de manera ordenada a los coches 1, 2 y 3 y comprobó que no se podía acceder al coche 7, dado el estado en que éste se encontraba. Después pudo ver a su compañero (…) trataba de acceder por las ventanas a ese coche 7, que estaba medio volcado».
La azafata luego contó que «varios pasajeros habían abierto ya dos puertas y decidió evacuar el tren, montando dos escaleras de emergencia, en el coche 1 y otra entre el coche 2 y 3. Cuando montó las escaleras para efectuar la evacuación ya pudo comprobar como en el lugar había guardias civiles. De allí fue dirigiendo a los pasajeros hacia el apeadero que había cercano al tren».
Los agentes le preguntaron a la mujer también si sabía «si los mecanismo de seguridad del tren han actuado correctamente». La testigo dijo que sí, que «las puertas permanecieron cerradas, las luces de emergencia saltaron en los vagones más afectados, etc…».
