¿Alguna vez te has preguntado si el dinero que cotizas cada mes tiene algo que ver contigo o va directamente a sostener a otros? El Banco de España lleva tiempo advirtiendo de un desequilibrio generacional que los políticos prefieren no nombrar en campaña: las personas nacidas entre 1965 y 1998 sostienen el sistema, pero el sistema no les devuelve lo mismo.
Los datos son contundentes: quienes tienen entre 28 y 61 años reciben de media un 18% menos en transferencias públicas de lo que aportan en renta. No es una opinión de tertulia. Es aritmética fiscal con nombre y apellidos generacionales.
El Banco de España y el mapa generacional del dinero público
El Banco de España ha analizado con detalle cómo se distribuyen las transferencias públicas según la edad. El resultado revela una estructura de pirámide invertida: los mayores de 65 años concentran una parte desproporcionada del gasto social, mientras las generaciones intermedias financian ese gasto sin recibir una contraprestación equivalente.
No se trata de un ataque a los jubilados ni a las pensiones. Es una fotografía fría del sistema: quienes están en edad laboral activa son, literalmente, el motor que mantiene encendido el motor del Estado. Y ese motor lleva décadas acelerando sin mantenimiento.
El Banco de España y lo que nadie te explicó sobre el Estado del bienestar
El Banco de España no es la primera vez que lanza señales de alerta sobre la sostenibilidad del modelo. Lo que resulta llamativo es que estas advertencias rara vez llegan al debate público de forma clara y accesible para el ciudadano medio.
El Estado del bienestar fue diseñado como un contrato intergeneracional: los activos de hoy financian a los pasivos de hoy, confiando en que el sistema devuelva el favor cuando les toque. Pero ese contrato tácito está crujiendo por los extremos: la demografía cambia, la natalidad cae y los pilares de la generación nacida entre 1965 y 1998 aguantan una carga cada vez mayor.
¿Qué significa exactamente ese 18% menos que recibes?
Para entenderlo en términos prácticos: si una persona de 45 años aporta al Estado 10.000 euros anuales en cotizaciones e impuestos directos, recibe de vuelta el equivalente a unos 8.200 euros en servicios y transferencias públicas. La diferencia no se pierde: viaja hacia las franjas de edad que más consumen del sistema, principalmente los mayores de 65 años.
Esta brecha no es nueva, pero sí se está ensanchando. El envejecimiento de la población española y el aumento de la esperanza de vida hacen que cada vez haya más receptores netos del Estado del bienestar y menos contribuyentes netos para financiarlos.
Por qué las generaciones 1965-1998 tienen más que perder en el largo plazo
Los nacidos entre 1965 y 1975, los llamados Baby Boomers tardíos, se encuentran en una posición especialmente crítica: han cotizado durante décadas en un sistema que probablemente no podrá devolverles en pensiones lo equivalente a lo que han aportado. El Banco de España ya alertó en informes anteriores de que las pensiones actuales no están garantizadas en su forma presente si no se introducen reformas estructurales.
Los nacidos entre 1980 y 1998, los Millennials y la Generación Z más adulta, tienen otro problema: entraron tarde al mercado laboral, cotizan sobre sueldos más precarios que sus padres y acumulan menos años de cotización. Contribuyen al Estado del bienestar, pero su retorno futuro es aún más incierto.
| Franja generacional | Años de nacimiento | Situación actual | Riesgo a futuro |
|---|---|---|---|
| Baby Boomers tardíos | 1955–1965 | Próximos a jubilarse | Pensiones bajo presión |
| Generación X | 1965–1980 | Pico de cotización | Alta exposición al déficit |
| Millennials | 1981–1996 | Salarios bajos, cotizando | Retorno muy incierto |
| Generación Z adulta | 1997–2012 | Inicio laboral tardío | Sin margen de maniobra |
El Banco de España ya anticipa qué puede cambiar en los próximos años
Las previsiones del Banco de España apuntan a que el gasto en pensiones seguirá creciendo como porcentaje del PIB al menos hasta mediados de la próxima década. Esto obliga a una conversación que la clase política lleva años posponiendo: o sube la edad de jubilación, o se amplía la base de cotizantes, o se reduce la cuantía media de las pensiones futuras. No hay cuarta opción dentro del modelo actual del Estado del bienestar.
Lo que sí está en manos de quien nació entre 1965 y 1998 es anticiparse al escenario. Los planes de pensiones privados, el ahorro sistemático y la diversificación patrimonial dejan de ser una opción de ricos para convertirse en una necesidad de clase media. El Banco de España no va a solucionar el desequilibrio generacional por decreto: la respuesta, en gran parte, tendrá que venir de cada uno de nosotros.


