EE. UU. finaliza las normas de eficiencia de combustible: 34,9 mpg en 2031 frente a los 50,4 previstos

La agencia federal de seguridad vial recorta la exigencia media de flota y calcula un ahorro de 60.600 millones para los fabricantes, con las plantas españolas de Stellantis y Ford entre las beneficiadas. California mantiene su pulso legal en los tribunales.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La NHTSA y el Departamento de Transporte han finalizado las nuevas normas de eficiencia de combustible: una media de flota de 34,9 millas por galón en el año modelo 2031, frente a los 50,4 mpg de la regulación anterior.
  • ¿Quién está detrás? La administración de Donald Trump, que cierra su giro desregulador en el automóvil tras la anulación en 2025 del programa de vehículos cero emisiones de California.
  • ¿Qué impacto tiene? Los fabricantes ahorrarán 60.600 millones en costes de tecnología hasta 2031 —Stellantis y Ford, con plantas en España, entre los más beneficiados—, mientras los conductores asumirán más gasto en gasolina.

Estados Unidos finaliza las nuevas normas de eficiencia de combustible: 34,9 millas por galón en 2031, frente a las 50,4 previstas. La NHTSA (la agencia federal de seguridad vial) y el Departamento de Transporte cierran años de escalada regulatoria y devuelven a los fabricantes un margen que no tenían desde hace una década.

De 50,4 a 34,9 millas por galón: qué ha decidido Washington

La cifra que resume el giro son 60.600 millones de dólares. Es lo que la NHTSA calcula que los fabricantes dejarán de gastar en tecnología de cumplimiento hasta 2031 respecto a las reglas que sustituyen. General Motors se lleva la mayor parte, 20.400 millones, seguida de Stellantis con 6.600, Ford con 5.800, Toyota con 4.500 y Honda con 4.100.

El Departamento de Transporte estima que la norma recorta el coste medio por vehículo en unos 1.300 dólares y genera un ahorro agregado cercano a los 138.000 millones en cinco años. El objetivo declarado es abaratar la fabricación para que el alivio llegue, antes o después, al concesionario.

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Los precios, de momento, no acompañan. El precio medio de transacción de un vehículo nuevo alcanzó los 50.089 dólares en agosto, según Kelley Blue Book. Ahí está el segundo cambio, menos visible: la NHTSA modificará la clasificación de vehículos a partir del año modelo 2030, lo que hasta ahora empujaba a reclasificar modelos como camionetas ligeras (light trucks) mientras castigaba a utilitarios y coches pequeños.

El cálculo oficial no esconde la otra cara. La NHTSA proyecta que la norma menos exigente elevará el gasto en combustible en más de 1.600 dólares a lo largo de la vida de un vehículo y un 4,6% más de consumo de gasolina hasta 2050. Para quien hace muchos kilómetros o conduce una pickup grande, la cuenta es otra.

Washington no ha eliminado la norma: ha cambiado de lado el coste. Durante años lo cargó sobre el fabricante; ahora lo traslada, en parte, al surtidor.

Los fabricantes ahorran 60.600 millones: la lectura desde España

Dos de los grupos más beneficiados tienen gran parte de su producción europea en España. Stellantis, que recorta 6.600 millones, opera las plantas de Vigo, Zaragoza y Madrid. Ford, con 5.800 millones de alivio, fabrica en Almussafes (Valencia). Ambas factorías dependen en buena medida del mercado americano para amortizar sus plataformas.

España, segundo productor de automóviles de Europa, mira el giro con interés. La relajación estadounidense reduce la presión para electrificar a marchas forzadas, justo cuando el Gobierno ha volcado ayudas públicas en el vehículo eléctrico con fondos europeos. La paradoja es incómoda: el fabricante que ahorra cumplimiento en Detroit puede retrasar la reconversión de sus líneas europeas.

automóviles EE. UU.

La Lógica de Washington

Hay una lógica detrás que no se explica solo con la cifra de 60.600 millones. La norma CAFE (Corporate Average Fuel Economy, el estándar de consumo medio de flota aprobado en Estados Unidos en 1975, tras el primer shock del petróleo) llevaba una década subiendo el listón. Cada tramo nuevo obligaba a invertir en tecnología de ahorro y a empujar el vehículo eléctrico para cuadrar la media de flota.

La coalición que sostiene el giro es la que sostiene a Trump: los estados del cinturón industrial del Medio Oeste y los trabajadores del automóvil que vieron cerrar plantas. El precedente es reconocible. Ronald Reagan ya flexibilizó los estándares de consumo en los años ochenta con el mismo argumento. La diferencia es que el pulso de hoy no se libra únicamente en Washington.

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California mantiene su programa Advanced Clean Cars II, con objetivos de vehículos cero emisiones hasta el 100% en 2035, y ha demandado al Congreso por anular la dispensa federal. Trump firmó el 12 de junio de 2025 la resolución H.J. Res. 88 que la rechazaba. La disputa sigue abierta: la norma federal baja el listón, pero el mapa regulatorio americano queda partido en dos.

La incógnita que el propio Ejecutivo admite es si el ahorro llegará al comprador. Está por ver que los 60.600 millones se trasladen al precio y no se queden en en el margen del fabricante. La pregunta quedará sobre la mesa durante los próximos tres años, con el cambio de clasificación de vehículos en el año modelo 2030.

Ficha del Caso

  • El caso: La NHTSA ha finalizado las normas de eficiencia de combustible: media de flota de 34,9 mpg en 2031 frente a los 50,4 de la regulación previa, dentro del giro desregulador de la administración Trump.
  • Datos clave: 60.600 millones menos en costes de tecnología hasta 2031; 1.300 dólares menos por vehículo; 138.000 millones de ahorro en cinco años; 1.600 dólares más de gasolina por vehículo y un 4,6% más de consumo hasta 2050.
  • Para España: Stellantis (Vigo, Zaragoza, Madrid) y Ford (Almussafes) figuran entre los grupos más beneficiados, mientras el sector español afronta el freno a la electrificación que el Gobierno había impulsado.