Sánchez aprieta a la izquierda: el adelanto electoral deja a Sumar sin tiempo para construir el Frente Amplio

El adelanto electoral del 29 de noviembre deja a Sumar contra reloj para presentar el Frente Amplio y elegir candidato mientras Sánchez busca concentrar el voto progresista.

Pedro Sánchez prepara una nueva batalla política en el espacio progresista. El presidente busca consolidar la hegemonía del PSOE, aprovechar la debilidad de sus socios y obligar a Sumar a negociar desde una posición de inferioridad. La convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, anunciada ayer lunes, eleva la presión sobre una izquierda alternativa que llega a la cita electoral dividida y sin un liderazgo consolidado. Y, tal vez, de lo que es peor: sin tiempo para organizarse y buscar un candidato creíble y no quemado.

La estrategia de Pedro Sánchez pasa por una premisa que amenaza directamente la supervivencia política de Sumar: el PSOE quiere volver a ser la fuerza indiscutible de toda la izquierda, reduciendo el margen de maniobra de las formaciones que durante los últimos años han condicionado la acción del Gobierno. El objetivo no consiste únicamente en conservar el poder, sino también en recuperar los votos que el socialismo perdió frente a Podemos y otras fuerzas progresistas.

Los movimientos en este sentido desde las filas socialistas ya apuntaban precisamente a esa posibilidad: Sánchez podría aprovechar la crisis política y electoral de sus socios para construir un PSOE hegemónico dentro de su propio bloque. Y, de esta forma, devolver a la izquierda alternativa el golpe dado a través del proxy de Sumar como es el Sindicato de Inquilinos y el ‘Caso Maricarmen’. La cuestión de fondo es si el presidente está en condiciones de transformar la debilidad de Sumar en una oportunidad para reforzar su liderazgo.

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Para Moncloa, el problema de la izquierda alternativa es también una oportunidad. Las discrepancias internas, la incertidumbre sobre quién encabezará el proyecto y la dificultad para articular una candidatura común debilitan la capacidad negociadora de Sumar frente a los socialistas. El nuevo proyecto trabaja bajo el nombre de ‘Frente Amplio’ y todavía no tiene un candidato elegido, y lo que es más importante, creíble y que unifique a las diferentes corrientes e ideas dentro de ese espectro político. Tarea difícil a pesar de l ofrecimiento de Podemos para compartir lista con la nueva confluencia de Sumar.

En este sentido, Sánchez necesita a la izquierda para sumar una mayoría parlamentaria, pero no necesariamente quiere compartir con ella el protagonismo político. Esa es la contradicción que atraviesa la relación entre los dos socios: mientras Sumar reivindica su influencia en las políticas sociales, el PSOE tiene incentivos para recuperar el voto progresista que considera imprescindible para continuar gobernando. Y más tras el efecto supuestamente positivo para Sánchez la guerra con Junts por los decretos de la vivienda.

Mónica García, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante una rueda de prensa de los partidos que integran el espacio conformado por Movimiento Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y Comuns. Foto: Agencias
Mónica García, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante una rueda de prensa de los partidos que integran el espacio conformado por Movimiento Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y Comuns. Foto: Agencias

La debilidad de Sumar abre una ventana al PSOE

El espacio político situado a la izquierda del socialismo atraviesa una etapa especialmente complicada. La salida de Yolanda Díaz de la primera línea del liderazgo electoral, las diferencias entre las organizaciones que integran la coalición y la competencia de Podemos han dificultado la construcción de una alternativa reconocible, a pesar de los últimos movimientos exprés que se están realizando para cuadrar ‘Frente Amplio’

Sumar necesita definir su identidad y demostrar que su presencia en el Gobierno produce resultados que no podrían atribuirse exclusivamente al PSOE, como ha sido el caso de meter el problema de la vivienda en primera plana de la actualidad de la sociedad española. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un socio subordinado, obligado a respaldar las decisiones de Sánchez para evitar una ruptura que pudiera perjudicar todavía más sus expectativas electorales. Como ha pasado hasta ahora en esta legislatura, que incluso desde sus filas se ha visto con cierto seguidismo hacia Sánchez temas como la cuestión del Sáhara o el propio problema de vivienda.

El problema es que esa dependencia ha tenido un coste político. La permanencia de Sumar en el Ejecutivo obliga a los de Yolanda Díaz a explicar a sus votantes por qué acepta decisiones que no comparte. Por este motivo, desde la confluencia siempre se ha explicado que romper con los socialistas, les hacía perder capacidad de influencia institucional y dejar al PSOE libre para presentarse como la única opción útil del electorado progresista, además de «entregar las armas a las derechas».

Con estas circunstancias, la reorganización de la izquierda tampoco resulta sencilla. Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y los Comuns han explorado fórmulas para articular una candidatura conjunta, pero la definición del liderazgo y del proyecto común sigue siendo un desafío. El próximo 17 de octubre se presenta la nueva marca, Frente Amplio, que parece que también contará con la presencia de Podemos, aunque esto no está confirmado, y de momento la participación de Gabriel Rufián queda a la espera de la decisión personal del político catalán que no vive sus mejores horas dentro de ERC.

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En ese escenario, el PSOE dispone de una ventaja evidente: cuenta con una estructura nacional consolidada y con Sánchez como principal referencia electoral, mientras sus potenciales competidores a la izquierda todavía deben resolver quiénes son, qué ofrecen y cómo se presentarán ante los ciudadanos. Además, del miedo de los progresistas a dividir su voto, tomando la opción de Sánchez como «la menos mala».

La convocatoria electoral cambia las reglas del pulso

El adelanto electoral anunciado por Sánchez para el 29 de noviembre convierte esta disputa interna en una carrera contrarreloj. El presidente ha justificado la convocatoria con la necesidad de obtener una mayoría progresista más amplia, después de las dificultades parlamentarias y de los recientes reveses sufridos por el Gobierno.

La decisión coloca a Sumar y su nueva marca ante una disyuntiva inmediata: aceptar una negociación acelerada con el PSOE desde una posición de debilidad o intentar reforzar su autonomía electoral en un tiempo muy limitado, ahí va a estar parte del éxito para el actual bloque de gobierno pueda repetir mandato.

Sánchez, por su parte, ya ha movido ficha y ha presentado la convocatoria como una apelación directa a los votantes progresistas. El mensaje implícito es que, ante el riesgo de un Gobierno de derechas, concentrar el voto en el PSOE sería la opción más eficaz para frenar a PP y Vox. Esa lógica puede beneficiar a los socialistas, pero también amenaza con dejar a la izquierda alternativa a reducido a un papel secundario, sin capacidad de influencia.

La convocatoria no demuestra por sí sola que Moncloa pretenda imponer una determinada fórmula electoral a sus socios. Sin embargo, sí altera el equilibrio negociador y aumenta la presión para que la izquierda alternativa resuelva sus divisiones antes de acudir a las urnas.

Tiendas de camapaña durante la acampada por la Vivienda en la Puerta del Sol. Foto: Agencias
Tiendas de camapaña durante la acampada por la Vivienda en la Puerta del Sol. Foto: Agencias

El riesgo de una izquierda subordinada a Sánchez

La batalla por el espacio progresista no se limita a las listas electorales. También afecta a la capacidad de decidir la agenda política, desde la vivienda hasta las políticas laborales y sociales. Sumar necesita demostrar que puede condicionar al PSOE y evitar que sus propuestas queden diluidas en la estrategia general de Moncloa.

Para Sánchez, en cambio, la prioridad es llegar a las elecciones con una imagen de liderazgo y con la capacidad de movilizar a los votantes que temen una victoria de la derecha. Si consigue que el debate se centre en la disyuntiva entre un Gobierno socialista y uno de PP y Vox, las formaciones situadas a su izquierda tendrán más dificultades para reivindicar un espacio propio.

La incógnita es si esa estrategia permitirá ampliar la mayoría progresista o si terminará debilitando todavía más a sus aliados. Una izquierda alternativa demasiado pequeña podría restar posibilidades a una eventual mayoría parlamentaria, mientras que un PSOE reforzado podría exigir condiciones más duras en cualquier negociación posterior.

Sánchez quiere llegar a las urnas como el líder indiscutible de la izquierda; Sumar y sus aliados necesitan demostrar que todavía puede imponer condiciones. La convocatoria del 29 de noviembre acelera ese enfrentamiento y deja a sus socios ante una decisión crucial: reorganizarse para negociar de igual a igual o aceptar que el PSOE marque las reglas de la próxima etapa política. El objetivo de ambos reducir la convocatoria a electoral a una lucha entre rentistas e inquilinos, sin profundizar mucho.