Bureo recicla 7,7 millones de kilos de redes de pesca y las convierte en viseras y textil con NetPlus

La empresa chilena procesa unas 590 toneladas anuales desde 2013 y la planta de Talcahuano ha operado en torno a 800 toneladas al año. El programa alcanza 21 comunidades de seis países y su plan de replicar en Perú, Ecuador y México sigue sin confirmación oficial.

Bureo ha reciclado más de 7,7 millones de kilos de redes de pesca desde 2013 y las convierte en viseras, textil y componentes con la marca NetPlus, un circuito que saca plástico del mar antes de que se fragmente.

Del monopatín Minnow a 590 toneladas de redes al año

La historia arranca en Chile, en 2013. Tres amigos aficionados al surf —Ben Kneppers, David Stover y Kevin Ahearn— pusieron en marcha un programa para recoger redes usadas y fabricaron con aquel plástico un monopatín, el Minnow, que presentan como la primera tabla del mundo hecha con redes recicladas. El impacto inicial era pequeño: ‘por cada monopatín evitamos que más de 30 pies cuadrados de redes lleguen al océano’, dijo Kneppers en 2015, unos 2,8 metros cuadrados.

El modelo cambió pronto, por una razón de escala. ‘Enseguida nos dimos cuenta de que la dimensión del problema era mucho mayor de lo que podíamos resolver como una pequeña marca emergente’, contó Stover en 2021. La salida fue dejar de competir como marca y vender materia prima: red de pesca 100 % reciclada y 100 % trazable, según Ahearn. Los 17 millones de libras recogidas desde 2013 equivalen a unos 7,7 millones de kilos, que repartidos entre trece años salen a unas 590 toneladas anuales.

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El sistema funciona con incentivos. Los pescadores de bajos ingresos reciben un pago directo por sus redes y las pesquerías comerciales las donan. La recogida alcanza hoy 21 comunidades de seis países: Chile, Perú, Argentina, Ecuador, México y Japón. En Chile, las redes pasan por la planta de Talcahuano, cerca de Concepción, donde se procesaban unas 800 toneladas al año con entre 15 y 20 personas en planta y almacén, según el relato de Christopher ‘Caco’ Clemo, responsable de Bureo en el país.

Una red que nadie recoge sigue pescando hasta diez años; el problema no es el pescador, es quién le compra el aparejo viejo.

Cómo una red usada se convierte en hilo de nailon NetPlus

En las instalaciones de Bureo las redes se clasifican, se limpian, se trituran y se embalan. Después viajan a plantas de reciclaje donde se someten a una despolimerización, un tipo de reciclaje químico que rompe el plástico en sus piezas básicas y permite rehacerlo como gránulos de nailon nuevos. Esos gránulos se comercializan como NetPlus y se transforman en hilos con los que se tejen telas técnicas.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Redes recicladas: más de 7,7 millones de kilos desde 2013, unas 590 toneladas al año de media.
  • Capacidad de proceso: la planta de Talcahuano, en Chile, ha operado en torno a 800 toneladas anuales.
  • Desvío verificado: Patagonia ha retirado más de 2.000 toneladas de redes desde 2020 con este material.
  • Equivalencia tangible: cada monopatín evitaba unos 2,8 metros cuadrados de redes en el océano.
economía circular

La trazabilidad sostiene el negocio: Bureo asegura que sigue cada red desde su origen hasta el reciclaje, de modo que las marcas pueden comprobar que el material procede de aparejos usados. El catálogo incluye viseras de gorras, chaquetas gafas de sol de Costa, quillas de surf de Futures y piezas de Jenga.

La letra pequeña: lo que las cifras de Bureo no cuentan

Los 17 millones de libras son redes recogidas en tierra al final de su vida útil, no redes fantasma rescatadas del fondo marino. El enfoque es preventivo: evitar que el material llegue al mar. El matiz importa, porque un aparejo abandonado sigue pescando hasta diez años, y estos sintéticos persisten hasta 600 años mientras se degradan en microplásticos. Los cálculos recogidos por Patagonia cifran en más de 650.000 animales marinos los que mueren o resultan heridos graves cada año al quedar atrapados.

El segundo matiz está en el recuento comercial. Con más de 13 millones de artículos fabricados, el dato no revela cuánto plástico reciclado lleva cada unidad: una gorra con visera de NetPlus no tiene por qué estar hecha entera con redes. Aquí está el detalle. Conviene mirar la etiqueta antes de dar por buena la etiqueta verde.

Y los planes no son resultados. CI Ventures, el brazo inversor de Conservation International, destinó 500.000 dólares a replicar el programa en Perú, Ecuador y México, con la meta de pasar de 800 a 4.000 toneladas anuales en 2026 y superar las 100 comunidades pesqueras. En las páginas consultadas este octubre no hay un dato anual que confirme el salto: serían casi siete veces su media desde 2013. El compromiso no es la acción.

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Patagonia, Costa y Toyota Tsusho: el efecto dominó de exigir trazabilidad

El precedente que valida el modelo es la cadena de marcas que lo compra. Patagonia apoya a Bureo desde 2014 a través de Tin Shed Ventures, su fondo de capital riesgo, y ha desviado más de 2.000 toneladas de redes desde 2020; en su temporada de primavera de 2026 tejió más de 250 toneladas. Costa amplió en septiembre de 2026 su colección Untangled a ropa y accesorios, con más de 3,9 toneladas reutilizadas.

En Japón el programa aterrizó en 2023 de la mano de Ellange, empresa de Chiba creada en 2021. Toyota Tsusho detalló en marzo de 2026 que los profesionales de la pesca participan en la clasificación y en los controles de calidad, mientras la compañía aporta inversión y busca canales de venta. El proyecto recibió el premio del presidente de Keidanren en la 34.ª edición del Gran Premio del Medio Ambiente Global.

Lo replicable no es la visera, es la exigencia. Cuando una marca grande obliga a su proveedor a demostrar el origen del material, el proveedor cambia su proceso, y ese cambio llega hasta el puerto donde un pescador decide si devuelve la red o la tira. Sin verificación independiente, ‘plástico reciclado’ es una palabra en una etiqueta; con trazabilidad, es una cadena con nombre, planta y tonelaje.

La escala del problema pone el listón. Si cada red tarda hasta seis siglos en deshacerse, la decisión de hoy se mide en el mar que heredará otra generación. Bureo recogió en trece años una fracción de lo que el océano recibe; su valor no está en el volumen, sino en demostrar que el circuito cerrado es viable y que hay compradores dispuestos a pagarlo.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: más de 7,7 millones de kilos de redes recicladas desde 2013 evitan que ese plástico se fragmente en el mar.
  • Modelo que cambia: el aparejo al final de su vida útil deja de ser basura sin destino y se convierte en materia prima trazable.
  • Para las próximas generaciones: cada red desviada ahorra hasta 600 años de persistencia en el océano y reduce la pesca fantasma.