La Junta ha concedido la autorización ambiental a la Subestación de Saleres, en Granada, la infraestructura clave para evacuar la energía renovable del sur de la provincia.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Delegación Territorial en Granada de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente ha emitido un informe vinculante que otorga la autorización ambiental a la línea de 220 kV y a la subestación de Saleres.
- ¿Dónde y quién? El proyecto afecta a los términos municipales de El Valle, Padul y Villamena, y lo promueve Red Eléctrica de España.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Desbloquea el eje eléctrico del sur de Granada, da cobertura al proyecto científico IFMIF-Dones y abre salida a los parques eólicos del Valle de Lecrín.
El visto bueno llega con carácter de informe vinculante, la fórmula administrativa que cierra la tramitación ambiental y habilita al promotor a seguir avanzando. La autorización cubre el proyecto de transporte de energía eléctrica de 220 kilovoltios y la propia subestación, y su ámbito territorial se extiende por el sur de la provincia de Granada, según ha informado la Delegación Territorial de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente.
Los términos municipales señalados en la resolución son El Valle, Padul y Villamena. La instalación ocupa una zona de almendrales entre Saleres, Albuñuelas y Cónchar, un emplazamiento que ya cuenta con declaración de impacto ambiental favorable, en parte porque queda oculto respecto a los núcleos urbanos más próximos.
Una línea de 220 kV para el eje eléctrico del sur de Granada
El peticionario es Red Eléctrica de España, la compañía que opera la red de transporte en el conjunto del país. El proyecto incluye la Línea Aérea de Alta Tensión de 220 kV que enlaza la Subestación Eléctrica de Saleres con la línea de 220 kV Gabia-Órgiva, dentro del circuito de alta tensión que recorre el eje de la Alpujarra. La finalidad es doble: repotenciar el suministro de la comarca y dar salida a la potencia que generan los parques eólicos del entorno del Valle de Lecrín.
El trazado continúa desde Saleres hacia la zona de Escúzar y prolonga su malla hasta Caparacena. La infraestructura encaja en el mapa industrial que se está dibujando en el cinturón sur de Granada, donde conviven la generación renovable, el suelo industrial y el mayor proyecto científico de la provincia.
La autorización se resolvió después de que el delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, solicitara a la Junta de Andalucía que agilizara la tramitacion para poder iniciar la construcción de la subestación. Lo hizo el pasado 22 de septiembre, cuando recordó que la instalación es clave para desarrollar las obras del gran proyecto científico europeo.
El sur de Granada no se juega solo una línea eléctrica: se juega que la mayor infraestructura científica del sur de Europa llegue a tiempo.
IFMIF-Dones, un paso más cerca de enchufarse
El IFMIF-Dones, con sede en Escúzar, es la razón de fondo de esta prisa administrativa. La instalación prevé tener ya a un centenar de trabajadores en nómina antes de que acabe el año, y el proceso de selección avanza a buen ritmo: se han recibido 700 solicitudes de empleo repartidas en 34 proyectos selectivos.
Sin una subestación capaz de garantizar el suministro eléctrico, las obras del acelerador no pueden despegar. De ahí que la autorización ambiental se lea en la comarca como algo más que un trámite: es la pieza que conecta la política energética con el empleo cualificado.
Para los vecinos de El Valle, Padul, Villamena, Albuñuelas y Cónchar, el impacto inmediato tiene que ver con el paisaje y con la actividad. Para el conjunto de la provincia, con la posibilidad de que el conocimiento se quede en casa y no emigre a Madrid o a Barcelona.

La Lectura Andaluza
Que una autorización ambiental de este tipo se resuelva en plazo y sin sobresaltos es, en sí mismo, una buena noticia para una comunidad que aspira a liderar la transición energética del sur de Europa. La Junta de Andalucía ha cerrado la tramitación con informe vinculante y deja al promotor el camino despejado. La lectura institucional es sencilla: cuanto antes llegue el cable, antes se convierte en realidad el resto de la ecuación.
El valor de proximidad está en el empleo. Los 34 proyectos selectivos y las 700 solicitudes registradas dibujan algo que el Valle de Lecrín no veía desde hace décadas: demanda de perfiles técnicos en el propio territorio. A eso se suma el efecto tractor sobre la industria auxiliar, con montaje, transporte, obra civil, hostelería y servicios en municipios que llevan años perdiendo población.
Queda la proyección. Con la autorización ambiental en la mano, el siguiente hito es la ejecución material de la línea y de la subestación, condición indispensable para que el IFMIF-Dones avance en su calendario y para que los parques eólicos de la zona tengan salida real. Mientras tanto, en Padul, en Villamena y en los pueblos de la Alpujarra, el debate ya no es si llegará la energía, sino para qué la vamos a aprovechar.
