La crisis migratoria de Ceuta ha entrado en una segunda fase en la que el problema ya no es únicamente controlar la frontera, sino conseguir que las personas que entraron masivamente en la ciudad a finales de julio terminen abandonando España. Y, según el Sindicato Unificado de Policía (SUP), ese proceso puede ser mucho más largo de lo que apuntan las cifras oficiales de retornos.
El sindicato sostiene que todavía quedan más de 14.000 migrantes en situación irregular en Ceuta, una cifra muy superior a los aproximadamente 5.000 que manejaba el Ministerio del Interior. La diferencia no es menor: determina la dimensión real del trabajo que queda por delante para la Policía Nacional y, sobre todo, el tiempo necesario para identificar, tramitar y ejecutar las salidas.
El SUP advierte de que el cuello de botella está en el triaje y la filiación de los migrantes. Según los cálculos trasladados por el sindicato en septiembre, los agentes estaban realizando unas 80 filiaciones diarias en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE). Con ese ritmo, el registro de todas las personas pendientes podría prolongarse durante unos diez meses. Y la previsión del sindicato es todavía más contundente: Ceuta podría tardar hasta dos años en recuperar la normalidad.
La advertencia adquiere especial relevancia porque la salida no será igual para todos. Los ciudadanos marroquíes disponen de una vía directa a través de El Tarajal, mientras que los nacionales de otros países necesitan superar un proceso mucho más complejo antes de poder ser expulsados o retornados.

El SUP cuestiona el ritmo de las salidas y apunta a meses de trabajo
La versión del SUP introduce una diferencia sustancial respecto al relato oficial. El Gobierno ha comunicado durante las últimas semanas cifras crecientes de personas que han regresado a Marruecos. A finales de septiembre, el Ejecutivo elevaba a 8.676 los migrantes que habían retornado desde el 10 de agosto, sumando procedimientos de devolución y expulsiones.
Sin embargo, el sindicato policial ha cuestionado tanto el volumen de personas que todavía permanecen en Ceuta como las cifras de retornos voluntarios. El 28 de septiembre, el SUP puso en duda públicamente que hubieran regresado voluntariamente más de 7.000 migrantes, como había comunicado el Gobierno, y sostuvo que la realidad que observan los agentes sobre el terreno era diferente.
El SUP calcula que todavía quedarían más de 14.000 personas que deben pasar por los distintos procedimientos, una estimación que contrasta con la del Ministerio del Interior.
La dificultad comienza con una cuestión aparentemente sencilla: saber exactamente quién está en Ceuta. Cada persona debe ser identificada, registrada y sometida al correspondiente triaje para determinar su situación. Pero la capacidad disponible, según el sindicato, está lejos de permitir una operación rápida.
En septiembre, el SUP situaba en unas 80 filiaciones diarias el ritmo de trabajo en el CATE. El centro contaba, según esa información, con solo seis ordenadores para realizar el proceso, mientras el sindicato reclamaba al menos 50 policías más y 20 equipos informáticos para aumentar la capacidad de registro. Con el ritmo existente, el sindicato calculaba que únicamente completar la filiación de las personas pendientes podía llevar cerca de diez meses.
Y ese plazo corresponde solo a una parte del problema. Identificar a un migrante no significa que pueda ser expulsado inmediatamente. Después hay que determinar qué procedimiento corresponde, resolver las solicitudes de protección internacional cuando las haya y, en aquellos casos en los que proceda la salida, conseguir que esta pueda ejecutarse realmente.
Por eso la previsión del SUP alcanza un horizonte mucho más amplio: hasta dos años para que Ceuta recupere la normalidad.
Los marroquíes pueden salir rápido, pero el resto afronta un proceso mucho más largo
La nacionalidad se convierte en un elemento decisivo. Para los ciudadanos marroquíes que no tengan derecho a permanecer en España, existe una ventaja evidente: Marruecos está al otro lado de la frontera.
La operación de los últimos días en la playa del Trampolín demuestra hasta qué punto esta vía puede acelerar la salida. El desalojo del asentamiento ha provocado el regreso de cientos de marroquíes que han optado por volver a su país antes de completar el proceso de filiación. Solo durante los dos primeros días del operativo se contabilizaron alrededor de 1.100 retornos voluntarios.
El mecanismo es relativamente sencillo. Los migrantes son trasladados desde los asentamientos hasta las inmediaciones del CATE, donde se les informa de las opciones existentes. Quienes deciden no ser identificados para iniciar el procedimiento correspondiente pueden regresar a Marruecos.
El problema es que esta vía no resuelve el conjunto de la crisis. Una parte de quienes llegaron a Ceuta no son marroquíes. Y para ellos no basta con cruzar El Tarajal. España necesita establecer su identidad y nacionalidad, comprobar si existe documentación y, cuando corresponda, conseguir que el Estado de origen acepte su readmisión.
Ahí es donde la previsión del SUP cobra mayor importancia. La salida física puede ser relativamente rápida para un marroquí que decida regresar voluntariamente, pero la expulsión de un ciudadano de un tercer país puede convertirse en un procedimiento de meses si existen problemas de identificación, falta de documentación o ausencia de cooperación consular.
Además, la denegación del asilo tampoco significa que la persona vaya a ser trasladada automáticamente al día siguiente fuera de España. Una resolución desfavorable puede ser recurrida y, dependiendo de cada caso, pueden intervenir los tribunales o adoptarse medidas que condicionen la ejecución de la salida.
La diferencia entre ambos grupos es, por tanto, fundamental: Marruecos ofrece una salida territorial inmediata; los demás países requieren una cadena administrativa y diplomática mucho más compleja.

El verdadero atasco llegará después de las denegaciones de asilo
El escenario que preocupa al SUP se encuentra precisamente en esta fase. La crisis puede ofrecer una imagen de normalización si se vacían las playas y aumentan los retornos a Marruecos, pero eso no significa necesariamente que todos los expedientes hayan quedado resueltos.
Los desalojos de los asentamientos han acelerado las salidas. En El Trampolín, por ejemplo, la mayoría de los migrantes trasladados durante la primera jornada terminó regresando a Marruecos, mientras una parte menor fue llevada a los recursos habilitados para continuar con el procedimiento.
Pero el SUP advierte de que todavía queda una bolsa de miles de personas cuya situación debe resolverse. Y cuanto más complejo sea el expediente, más difícil será mantener el ritmo de salidas registrado durante los últimos días.
El sindicato considera que no se puede medir la solución de la crisis únicamente por el número de personas que cruzan voluntariamente hacia Marruecos. Hay que contabilizar también a quienes todavía no han sido filiados, quienes solicitan protección internacional, quienes reciben una resolución desfavorable y aquellos cuya expulsión depende de la documentación o de la colaboración de otro Estado.
La propia evolución de las cifras muestra esa diferencia. Mientras el Gobierno informaba a finales de septiembre de 8.676 retornos a Marruecos, el SUP mantenía que la cantidad de personas que permanecían en Ceuta era mucho mayor de la estimada oficialmente.
Y en los últimos días ha aparecido además otra controversia. Algunos migrantes marroquíes desalojados de asentamientos han asegurado que sus regresos no fueron voluntarios y que fueron trasladados directamente hasta la frontera. El Gobierno sostiene, en cambio, que se les informó de sus opciones y que quienes cruzaron lo hicieron voluntariamente.
Para el SUP, en cualquier caso, la cuestión fundamental sigue siendo la capacidad policial disponible. Si se mantienen unas 80 filiaciones al día, el problema no puede resolverse rápidamente, porque cada identificación abre después un procedimiento distinto.
Por eso la previsión más contundente del sindicato es también la que puede marcar el futuro de la crisis: Ceuta no recuperará completamente la normalidad en semanas, sino que el proceso puede prolongarse durante muchos meses y llegar hasta dos años.
Los marroquíes que acepten regresar tienen una vía rápida a través de El Tarajal. Pero quienes soliciten asilo, quienes recurran las decisiones o quienes procedan de países que no faciliten su readmisión quedarán atrapados en un proceso mucho más lento. La crisis, por tanto, puede dejar de ser visible en las playas antes de estar realmente resuelta.
La clave ya no estará únicamente en cuántas personas regresan cada semana a Marruecos, sino en cuántos migrantes consigue España identificar, resolver y sacar efectivamente de su territorio. Y ahí es donde la advertencia del SUP introduce un horizonte mucho más largo que el de las cifras de retornos: la entrada se produjo en apenas unas horas, pero la salida completa puede ocupar meses e incluso años.
