Los concejales de Vox y del PP no secundaron el minuto de silencio por Maricarmen en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid. La oposición de izquierdas tuvo que forzarlo en su primer turno de palabra, mientras los ediles de ambos grupos permanecían sentados en sus escaños.
Maricarmen, una anciana desahuciada hace dos semanas, se había convertido en todo un símbolo de la crisis de la vivienda en la capital. Su fallecimiento devolvió al primer plano el drama de los desahucios y colocó al consistorio en el centro de la polémica política de la semana.
La sesión plenaria se había convocado de forma extraordinaria para que el área de Urbanismo aprobara un plan de vivienda destinado a convertir en pisos edificios de oficinas, gracias a una modificación normativa de la Comunidad de Madrid. El Ejecutivo de José Luis Martínez-Almeida había decidido no guardar el minuto de silencio, en la misma línea que la Asamblea de Madrid, que la noche anterior también lo había descartado pese al impacto del caso.
La tesis del PP y de Vox: frenar la instrumentalización política
El PP comunicó a la oposición su negativa a respaldar el homenaje por la ‘total instrumentalización’ que, según su criterio, se estaba haciendo del fallecimiento. En un mensaje remitido a los grupos, los populares lamentaban ‘profundamente’ la muerte de la mujer, pero advertían de que no apoyarían el gesto: ‘Creemos que este momento prima por encima de todo el respeto’, añadían. La dirección popular defendió así que el recuerdo a la víctima no se convirtiera en un arma de confrontación partidista.
Los concejales de Vox se alinearon con esa posición y tampoco se levantaron. La portavoz socialista, Reyes Maroto, arrancó el minuto de silencio por su cuenta en nombre de la oposición de izquierdas y aprovechó para reprochar a la derecha su actitud: ‘Les estoy mirando a la cara y me avergüenzo, porque hoy toda España y todo Madrid está llorando a Maricarmen’. PSOE y Más Madrid se pusieron en pie, algunos con carteles con la imagen de la fallecida, mientras el alcalde permanecía sentado pero en silencio.
El grupo municipal de Vox no solo no secundó el homenaje: varios de sus ediles optaron por hablar durante los sesenta segundos de recogimiento. Lo hicieron tanto los que siguen en la formación, como Martínez Vidal, que charlaba con el recién incorporado Cristian Toro, como los expulsados del grupo durante el verano, Ansaldo y Ortega Smith. Ninguno se sumó al reconocimiento que sí habían organizado la izquierda y los colectivos por la vivienda a las puertas de Cibeles antes del Pleno.
El forcejeo por el minuto de silencio dejó una imagen nítida: lo que debía ser duelo se transformó en un nuevo pulso político en Madrid.
Las reacciones: reproches cruzados y la defensa de Almeida
Rita Maestre, portavoz de Más Madrid, redobló las críticas durante su intervención: ‘¿Les costaba mucho participar del estado de ánimo de la sociedad española y ponerse de pie durante un minuto en respeto y recuerdo de una mujer que fue desahuciada por dos buitres?’. La edil dedicó el resto de su turno a señalar a los responsables municipales de vivienda y al propio alcalde, a quien acusó de no haber actuado cuando Maricarmen lo pidió.
Almeida se defendió y llamó ‘miserables’ a PSOE y Más Madrid por ‘utilizar’ la figura de la fallecida. El regidor comparó el caso con el de Olga, la mujer que se suicidó en Cataluña después de un desahucio, y reprochó a la izquierda que entonces no reclamara minutos de silencio. ‘Si hay buitres carroñeros son ustedes’, añadió, antes de asegurar que la disputa se resolverá ‘en las urnas’.
Vivienda y símbolos: la lectura estratégica en Madrid
El episodio deja una lectura clara. La crisis de la vivienda, ademas, se ha consolidado como el gran campo de batalla político de Madrid, y ninguna formación quiere ceder terreno en un asunto que moviliza a amplios sectores del electorado. Para Vox, el riesgo es quedar atrapado en una polémica de imagen cuando su discurso se ha centrado en la propiedad, la seguridad jurídica y el rechazo a la ocupación ilegal. Para el PP, el desafío pasa por gestionar el descontento social sin regalar a la izquierda un símbolo con el que movilizar a su electorado.
En la misma sesión se aprobaron además la conversión de oficinas en viviendas y la transformación de parcelas industriales en apartahoteles, medidas que el gobierno municipal presenta como parte de su plan para ampliar la oferta residencial. La oposición sostiene, en cambio, que ese tipo de planes no evita desahucios como el de Maricarmen. El pulso no termina aquí: se repetirá en cada sesión del Ayuntamiento de Madrid y, previsiblemente, en los próximos comicios municipales, donde el PP y Vox volverán a medir sus fuerzas en la capital.
