La negociación entre Oriol Junqueras y Gabriel Rufián por las listas de ERC del 29N roza la ruptura. Lo sostienen fuentes internas de la formación, que describen un núcleo duro harto de las exigencias del portavoz y un escenario alternativo ya preparado en la calle Calàbria. El detonante tiene nombre propio: Sergi Tarrés.
El requisito que ha hecho saltar la mesa
Rufián habría exigido que su asesor, Sergi Tarrés, entrara entre los primeros puestos de la candidatura por Barcelona. La petición cayó como un jarro de agua fría en la dirección. De ahí salió una discusión tensa, con el núcleo duro plantándose y dando por agotada su paciencia. Fuentes internas lo resumen con una sola palabra: ‘hartazgo’.
El pulso viene de lejos. Durante meses ha habido tira y afloja a cuenta de la coalición periférica que Rufián propuso para ampliar el espacio y que ERC nunca compró. Aquel debate quedó aparcado sin resolverse. Ahora regresa por la puerta de atrás, convertido en un reparto de sillones.
Quién sigue en la lista y quién se baja del barco

Horas antes del mensaje, dos diputados movieron ficha. Pilar Vallugera y Jordi Salvador han comunicado su voluntad de no repetir en las listas, y lo han hecho señalando su mala relación con Rufián. Dos bajas que no refuerzan precisamente la posición negociadora del portavoz.
En el otro lado de la balanza, está previsto que continúen Francesc-Marc Álvaro, con puesto garantizado como miembro de la organización adscrita Esquerra Democràtica; Teresa Jordà, esta vez representando a Girona; e Inés Granollers, por Lleida. Esta última ha ejercido de puente entre el portavoz y el resto del grupo parlamentario durante una legislatura en la que, insisten las mismas fuentes, el clima era ‘realmente irrespirable’.
Poco antes de las 19 horas de este jueves, tras muchas horas de silencio, Rufián publicó un mensaje en X que en la dirección se leyó casi como una despedida: ‘Quiero representar a ERC y lo estoy intentando hacer con unas mínimas condiciones para poder enfrentarnos con suficientes garantías y arrestos a lo que viene’. Y remataba: ‘Lo intentaré hasta el final y ojalá ERC también lo quiera’. El balón, dicen los suyos, está en el tejado de Junqueras.
En ERC no se está decidiendo quién encabeza una candidatura, sino cuánto poder conserva Junqueras dentro de su propio partido.
El nombre que emerge si la cuerda acaba rompiéndose es el de Jordi Albert, actual diputado en el Parlament. Ambas partes daban por hecho que ocuparía un puesto relevante en la candidatura. Ahora figura, según las mismas fuentes, como posible número uno por Barcelona.
Madrid también espera: Frente Amplio y Podemos miran a Rufián
En paralelo, la izquierda estatal sigue el desenlace con la calculadora en la mano. Las negociaciones que intentan Frente Amplio y Podemos para concurrir juntos se han atascado en el reparto de puestos, y el portavoz republicano se perfila como la única figura capaz de poner de acuerdo a ambas partes como cabeza de lista por Madrid. Desde ese espacio le hacen llegar su cariño por si, finalmente, la negociación con ERC se rompe.
Más Madrid propuso este miércoles a Ada Colau como candidata, pero exigió los primeros puestos de la lista por la capital. Podemos no lo acepta, y ese desacuerdo aleja a la exalcaldesa de Barcelona de una coalición que, sin Irene Montero dentro, no consideran ‘verdaderamente amplia’.
Lo que esta crisis dice del tablero catalán
Hay un detalle que ordena todo lo anterior. Las dos bajas anunciadas no son un problema de nombres, sino el síntoma de una fractura interna abierta en 2022 y que ningún congreso ha logrado coser del todo. Un partido con casi un siglo de historia y una estructura que reparte poder entre territorios, corrientes y cuadros locales no cierra un pulso así en una tarde. Si el portavoz no consigue colocar a su gente y el aparato no acepta sus condiciones, ERC afrontará el 29N con una candidatura de mínimos y con la sensación de hacer los deberes a regañadientes.
La lectura desde Madrid es distinta. ERC es una pieza clave de la mayoría que sostiene al Gobierno central, y las conversaciones sobre financiación singular y próximos presupuestos no admiten un socio distraído con su propia guerra. Un partido dividido negocia peor. Eso lo sabe cualquiera que haya seguido las reuniones bilaterales de los últimos meses, donde la debilidad interna se traduce en menos margen y en más concesiones de las previstas.
Lo que observamos es un patrón conocido. En otras formaciones, este tipo de choque se resuelve con una imposición de la dirección y una semana de ruido controlado. En ERC, cada lista se negocia a varias bandas, con el territorio sentado a la mesa y las familias internas contando sus fuerzas. Eso alarga los plazos y multiplica el desgaste justo cuando el calendario aprieta.
El reloj no concede tregua. Las candidaturas deben quedar cerradas en las próximas semanas y los órganos internos del partido tienen la última palabra. Si Junqueras y Rufián no se sientan a firmar antes de ese límite, el 29N se jugará con Jordi Albert en el cartel y con Rufián mirando a Madrid. Puede que sea lo que todos quieren. O puede que sea solo lo que nadie se atreve a decir en voz alta.

