Bruselas y Pekín cierran el acuerdo UE China: rebaja de aranceles al aceite de oliva y tierras raras

El comisario Sefcovic presenta en Pekín un 'primer paso' que reduce a la mitad los híbridos chinos y desbloquea el aceite de oliva. Los aranceles del 35,3% a los eléctricos siguen intactos y la próxima ronda de negociación no llegará hasta marzo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea y Pekín han cerrado un principio de acuerdo que reduciría a la mitad las exportaciones chinas de híbridos a la UE durante cuatro años y rebaja aranceles al aceite de oliva, las piezas de automóvil y el calzado.
  • ¿Quién está detrás? El comisario de Comercio, Maros Sefcovic, y su homólogo chino, Wang Wentao, con el respaldo —y la presión— de París y Berlín, que exigían resultados tangibles.
  • ¿Qué impacto tiene? España, primer productor mundial de aceite de oliva, gana acceso a un mercado en expansión, mientras el motor alemán respira y los aranceles a los eléctricos chinos siguen intactos.

El acuerdo UE China sellado este viernes en Pekín reduciría a la mitad las exportaciones de híbridos chinos a Europa durante cuatro años. Lo ha anunciado el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, tras dos jornadas de negociación con su homólogo chino, Wang Wentao.

Qué ha cedido cada bloque para esquivar la guerra comercial

Según el comisario, el principio de pacto también facilita las licencias de importación de tierras raras e imanes permanentes —esenciales para las baterías y la industria de tecnologías limpias— y abre el mercado chino a sectores europeos clave. Entre ellos figuran el aceite de oliva, las piezas de automóvil y el calzado, que verán rebajados sus aranceles de entrada.

No hay novedades, en cambio, sobre los aranceles europeos de hasta el 35,3% que gravan los vehículos eléctricos chinos. Bruselas los mantiene como represalia por las subvenciones de Pekín, y ese blindaje explica el movimiento: los híbridos, gravados con solo el 10%, eran el agujero por el que se colaba el grueso de la ofensiva comercial china.

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Los números justifican la urgencia. Las importaciones de híbridos procedentes de China se han multiplicado por diez hasta las 50.000 unidades mensuales, y han pasado de representar el 7% de los coches importados del gigante asiático en 2023 al 39% en el primer semestre de 2026. Con un déficit comercial bilateral que el año pasado se acercó a los 360.000 millones de euros, la Comisión consideró la situación ‘insostenible’ y Pekín jugaba contra reloj.

La negociación no era improvisada. Acumula tres meses de contactos técnicos, después de que a finales de junio la Comisión Europea diera a Pekín un ultimátum con fecha de caducidad: octubre. Sin resultados tangibles, activaría el interruptor de las represalias. Sefcovic viajó a la capital china con el respaldo de París y Berlín, que días antes le habían enviado una carta conjunta reclamando nuevos instrumentos de protección frente a las prácticas desleales.

El respaldo alemán no es menor. La industria automovilística germana, tradicionalmente temerosa de represalias porque vende más en China que en ningún otro mercado, había cambiado de tono después de que su déficit comercial con Pekín alcanzase un récord de 89.300 millones de euros. El canciller Friedrich Merz y el presidente francés, Emmanuel Macron, empujaron a Bruselas hacia dos instrumentos hasta ahora inéditos: la exclusión, en el último de los casos y por vía de urgencia, del mercado único, y un mecanismo que obligue a las empresas a diversificar el origen de sus suministros en sectores críticos.

Lo que Bruselas vende como tregua es, en realidad, un aplazamiento: la guerra comercial con Pekín no se ha cerrado, solo se ha reprogramado.

Qué cambia para el aceite de oliva español y para el motor europeo

aranceles coches chinos

El aterrizaje español del pacto es directo. España es el primer productor mundial de aceite de oliva y el acuerdo le despeja un mercado que hasta ahora pagaba aranceles elevados. El calzado —con epicentros industriales en Elche, Elda y Alicante— y los fabricantes de componentes de automoción, con Gestamp o CIE Automotive entre los grandes exportadores a Asia, son los otros beneficiados de la rebaja.

Sin embargo, el reverso es la dependencia. Las tierras raras y los imanes permanentes que el acuerdo promete desbloquear seguirán dependiendo del buen ánimo de Pekín, que en los últimos años ha demostrado saber usar los suministros críticos como palanca. Tecnologías limpias, baterías, infraestructura digital y hasta suministros médicos europeos descansan sobre esa fragilidad.

La próxima semana, la Comisión informará a los líderes comunitarios de los progresos alcanzados para recibir orientación. Ambas partes prevén retomar el diálogo en enero y celebrar una nueva ronda de consultas en marzo. Es decir, el acuerdo se ha rubricado en los papeles de trabajo y no en los tratados.

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El Eje del Poder Europeo

El eje franco-alemán ha movido ficha sin fisuras por primera vez desde la disputa por los aranceles a los eléctricos. Berlín, que durante años frenó cualquier gesto duro contra Pekín por miedo a su automoción, se ha sumado a la línea proteccionista que París defiende desde 2023. La carta de Merz y Macron no era una declaración de principios: era un aviso a Bruselas y a Pekín de que la paciencia de las dos locomotoras europeas tenía fecha de caducidad.

Frente a ese núcleo duro, los estados del sur —España, Italia, Portugal y Grecia— miran el expediente con intereses divididos. Sus sectores agroalimentarios y de calzado ganan con la rebaja arancelaria, pero sus plantas de automoción y su tejido de proveedores temen que la tregua sea provisional. Los frugales del norte, por su parte, sigue reclamando que el comercio se juzgue por resultados y no por gestos.

La lectura a cinco años es incómoda para todos. Cada acuerdo parcial con Pekín aplaza la decisión de fondo: si Europa quiere reducir su dependencia de las tierras raras, los imanes y las baterías, tendrá que pagarlo en competitividad industrial. El precedente de REPowerEU, cuando la invasión de Ucrania forzó a diversificar el gas en tiempo récord, demuestra que Bruselas solo acelera bajo amenaza directa. Con China, la amenaza es silenciosa y lenta.

Lo que observamos es un patrón conocido en el Berlaymont: cada vez que París y Berlín cierran filas, la Comisión gana margen para negociar. Lo que España debe vigilar no es el titular del aceite de oliva, sino el mecanismo de diversificación que vendrá detrás. Ahí se decidirá qué industrias pueden importar de China y cuáles no.

El próximo hito no es inminente. La Comisión informará a los líderes la semana que viene, el diálogo se retomará en enero y la nueva ronda de consultas llegará en marzo. Ninguna de esas citas cerrará el expediente. Para España, la factura real del acuerdo UE China se medirá en los campos de Jaén y en las fábricas de componentes, no en los comunicados de Pekín.