El rey emérito Juan Carlos I ha renunciado a demandar a Corinna Larsen y al abogado suizo Dante Canonica. Con ese paso, deja caer también la reclamación de los 65 millones de euros que entregó a su expareja en 2012 y que procedían de una donación del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí efectuada cuatro años antes. La acción legal, que sus abogados londinenses preparaban por delitos contra el honor y fraude, no llegará a presentarse.
No es una retirada menor. El anuncio de la nueva causa había generado malestar en el Palacio de la Zarzuela, y esa incomodidad ha pesado finalmente más que la voluntad de pelear de una parte de su entorno. Según las personas de su círculo íntimo consultadas por El País, el emérito ha optado por apartarse de la vía judicial en la que llevaba inmerso desde 2018.
La renuncia a los 65 millones: qué había sobre la mesa
El conflicto tiene un rastro documental preciso. En 2008, la fundación panameña Lucum recibió los fondos procedentes de Arabia Saudí. Tras el escándalo de la cacería de Botsuana en 2012 y el cierre de la cuenta en la entidad suiza Mirabaud & Cie, la suma se transfirió como donación irrevocable a una cuenta de Larsen en las Islas Bahamas. El acta estipulaba expresamente que esos fondos no revertirían al donante ni a sus herederos forzosos.
Los 65 millones de euros equivalían a 100 millones de dólares al cambio de la época. Sobre esa cláusula de irrevocabilidad se sostenía toda la estrategia posterior: si el documento no admitía vuelta atrás, la única salida era intentar anularlo por la vía del engaño.
El equipo legal del emérito estudió ese camino durante meses. La reclamación se cifraba en 70 millones de euros frente a Larsen y en otros 3,5 millones frente a Canonica, a quien se atribuía haber transferido esa cantidad desde la cuenta matriz hacia una sociedad vinculada a él en el mismo paraíso fiscal. La victoria de 2023 en el procedimiento por acoso que Larsen interpuso contra él en Londres animó a sus abogados a dar la batalla.
El malestar en Zarzuela y el peso del círculo íntimo

La decisión no se explica solo por el cálculo jurídico. Personas de su entorno íntimo señalan que la influencia de sus amigos más fieles ha pesado más que los ánimos de otros acompañantes en Abu Dabi, entre ellos el comerciante de armas Abderramán El Assir. Se impuso el criterio de alejarse del ruido mediático y no alimentar un capítulo que en España se daba por cerrado.
Un pleito contra la expareja habría devuelto a la Corona a los titulares de 2012, y ese coste institucional no estaba dispuesto a pagarse.
En Zarzuela, el anuncio de la nueva causa había generado un malestar explícito. La Casa de S.M. el Rey ha mantenido, también en esta ocasión, un silencio estricto: ninguna nota oficial ha acompañado a la renuncia, que se ha conocido por el entorno del propio emérito.
La discrepancia en su círculo no es nueva. Frente a quienes sostenían que un pleito en Londres permitiría demostrar que la donación fue un acto libre y consciente, se impuso la tesis de que cualquier comparecencia judicial reabriría el debate público sobre el origen del dinero. La balanza se inclinó por el perfil bajo.
La renuncia como estrategia: menos ruido y una incógnita abierta
La retirada cierra la vía judicial abierta en 2018 y confirma el repliegue del emérito fuera de los tribunales. La cláusula irrevocable era el gran obstáculo: para impugnarla había que acreditar un engaño ante un juez y, con ello, volver a poner en circulación el origen saudí de los fondos, la fundación Lucum, la cuenta de Mirabaud y el destino en Bahamas. Cada documento habría vuelto a los titulares, ocho años después de que la vía judicial que ahora se cierra echara a andar.
Hay, además, una contradicción difícil de esquivar. Si la demanda se sostenía en la defensa de su honor, renunciar a ella deja ese honor sin escenario donde probarse y entrega a la otra parte el relato de los hechos. El emérito evita el desgaste, pero también pierde el instrumento con el que pensaba discutir judicialmente el destino de un dinero que él mismo declaró donado sin retorno. La renuncia, en cualquier caso, no borra el rastro documental de una figura central en la historia reciente de la Corona.
Lo que queda es silencio y una incógnita. La renuncia no aclara si el emérito tiene previsto un regreso puntual a España ni si su entorno en Abu Dabi aceptará de buen grado el cierre del capítulo. En la agenda oficial de la Casa de S.M. el Rey no figura, a día de hoy, ningún acto con su presencia. La Corona sigue su curso sin él, y ese es, probablemente, el resultado que Zarzuela buscaba.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: La renuncia evita que un pleito contra Corinna Larsen devuelva a la actualidad el origen saudí de los fondos, un asunto que Zarzuela considera cerrado.
- El detalle de protocolo: El emérito carece de agenda oficial y de representación institucional; la renuncia se ha conocido por su entorno y no por una nota de la Casa del Rey.
- Próximos pasos: No hay fecha confirmada para un posible regreso puntual a España y la agenda oficial de Zarzuela no contempla actos con su presencia.

