Boris Pistorius y Catherine Vautrin niegan que el proyecto MGCS esté muerto tras el desmentido del Estado Mayor francés. Los ministros de Defensa de Alemania y Francia han comparecido juntos este viernes cerca de Burdeos para cerrar una crisis abierta apenas 24 horas antes por el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor galo, que dio el programa por roto por culpa de Berlín.
Un programa atascado que acumula años de retrasos
La puesta en escena buscaba transmitir normalidad. ‘El MGCS sigue siendo un proyecto relevante’, ha declarado Vautrin ante la prensa. ‘Solo puedo estar completamente de acuerdo, querida Catherine. El proyecto MGCS no ha terminado, no está muerto, nadie lo ha cancelado’, ha replicado Pistorius. ‘Al contrario: es un proyecto angular de la cooperación franco-alemana en sistemas terrestres’.
El problema no era la foto, sino el gafe del día anterior. Mandon había comparecido el jueves ante los legisladores franceses para afirmar que Alemania se había retirado del programa. Las palabras cayeron con especial torpeza porque el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, estaba en plena visita de Estado a Francia. Horas más tarde, Mandon rectificó por escrito: el proyecto no estaba roto, solo retrasado hasta finales de la década de 2040.
Hablamos de un sistema de combate terrestre, el MGCS, llamado a sustituir a los carros Leopard alemanes y Leclerc franceses, y que arrastra años de retrasos, disputas industriales y tensiones políticas. En el consorcio participan cuatro actores: KNDS France, KNDS Germany, Rheinmetall y Thales. Cada uno defiende su parte del pastel y ninguno quiere ceder el liderazgo tecnológico del programa.
Según adelantó POLITICO en junio, Francia y Alemania construirían muy probablemente carros de combate separados. La rectificación de Mandon, que retrasa el calendario hasta la década de 2040, confirma de facto que el programa conjunto ha dejado de ser la prioridad industrial de ninguna de las dos capitales.
La cooperación sigue firme en los comunicados oficiales, pero lo que se desmorona es la confianza industrial entre París y Berlín.
De la FCAS al MGCS: París empieza a mirar a otros socios
Pistorius ha querido marcar distancias con el desastre precedente: el caza de nueva generación, la FCAS (Future Combat Air System), que se hundió antes del verano. ‘Lo crucial es que aprendamos de nuestros errores. Por eso el MGCS no está en absoluto en riesgo y sigue siendo un proyecto de futuro importante para nuestras dos naciones y nuestras dos fuerzas armadas’, ha subrayado.
El ministro alemán también ha concretado en qué seguirán trabajando juntos: sistemas no tripulados y procesamiento automatizado. Es decir, drones y software. El corazón del programa original, el carro de combate tripulado, es precisamente lo que queda en el aire.
Las palabras de Mandon han tenido un segundo efecto: han dado munición a los diputados franceses que llevan meses pidiendo a París que busque otros aliados industriales. ‘La cooperación en defensa con Alemania está en su punto más bajo, porque Alemania va por libre’, ha asegurado un legislador francés especializado en política de defensa, que ha preferido mantener el anonimato.

El Eje del Poder Europeo
La secuencia de las últimas 48 horas dice más sobre el estado del eje franco-alemán que cualquier comunicado conjunto. Francia necesita a Alemania para financiar sus programas industriales; Alemania necesita a Francia para justificar su rearme ante su propia opinión pública. Ninguno de los dos está dispuesto a ceder soberanía tecnológica en el reparto de contratos.
La lectura a cinco o diez años es incómoda para Bruselas. Desde 2022, la Comisión Europea vende la idea de una base industrial de defensa común, articulada en torno al Fondo Europeo de Defensa y a instrumentos como el EDIRPA, el mecanismo que financia compras conjuntas entre Estados miembros. El marco completo puede consultarse en la web de la Agencia Europea de Defensa. Si los dos motores del proyecto europeo fragmentan sus carros y sus cazas, la autonomía estratégica que promete el Berlaymont se queda en un eslogan.
Y no es la primera vez que el eje se rompe. El fracaso de la FCAS replica el del Eurofighter en los años noventa, cuando París se bajó del proyecto y salvó su Rafale en solitario. Cada generación de armamento europeo ha vivido la misma escena: anuncio conjunto, foto institucional y divorcio industrial a medio camino.
Para España, el desenlace tiene consecuencias directas. Madrid participa como socio menor en la FCAS a través de Indra, y su industria terrestre —Santa Bárbara, filial de General Dynamics European Land Systems— aspiraba a colocar componentes en el MGCS. Si París y Berlín avanzan por separado, los centenares de empleos industriales asociados a estos programas quedan expuestos a un reparto decidido en otras capitales. El Ministerio de Defensa español sigue sin posicionarse públicamente sobre el futuro del MGCS.
El Gobierno de Sánchez lleva años reclamando que la defensa europea se financie con fondos comunes en lugar de con presupuesto nacional. La paradoja es que los dos países que más exigen esa financiación compartida son los mismos que ahora compiten por llevarse los contratos a casa. La mayoría de los socios europeos, como España, aporta tropas y compra material, pero rara vez decide el diseño.
Lo que observamos no es la muerte de un carro de combate. Es algo más lento y más profundo: la erosión de una alianza que durante décadas se sostuvo sobre el papel y no sobre las fábricas. El siguiente hito será comprobar si el consorcio KNDS logra presentar un diseño común antes de que acabe la década, o si Francia y Alemania acaban vendiendo dos carros distintos a los mismos aliados europeos.
