Francia y Alemania se acusan de hundir el proyecto MGCS, el tanque europeo del futuro

El general Mandon asegura que Berlín ha decidido abandonar el programa; el Ministerio de Defensa alemán lo niega y habla de 'ajustes' por las lecciones de Ucrania. El proyecto, nacido en 2018 para relevar a los Leclerc y los Leopard 2, se retrasa a los años cuarenta.

París y Berlín se acusan de enterrar el proyecto MGCS, el carro de combate europeo llamado a sustituir al Leclerc francés y al Leopard 2 alemán. Una de las dos capitales miente. O, más probablemente, las dos están cerrando la puerta por dentro.

El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas, el general Fabien Mandon, lo dijo sin anestesia el pasado jueves ante la comisión de Defensa de la Asamblea Nacional, durante el examen del presupuesto del próximo ejercicio: ‘El resultado no es bueno. Habíamos esperado construir un tanque de futuro en cooperación con los alemanes, pero tenemos que reconocer que los alemanes se han retirado del proyecto’.

Lo que dice París y lo que responde Berlín

Desde el Ministerio de Defensa alemán la respuesta es un no rotundo a la palabra retirada. Un portavoz aseguró que Berlín solo quiere ‘ajustar’ el programa para incorporar las lecciones de la guerra de Ucrania y subrayó que Alemania ‘sigue comprometida con una asociación igualitaria en el MGCS’. La agencia Reuters recogió el extremo.

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Mandon sitúa el problema en otro plano. Según lo publicado por Le Monde, el general sostiene que los dos jefes de Estado Mayor habían firmado conjuntamente un documento con sus necesidades compartidas, pero que la decisión alemana es política. Ya no estaríamos ante elecciones ‘puramente militares’, vienen a decir desde París. Es una forma elegante de acusar a Berlín de romper el juguete y luego mirar hacia otro lado.

Las dos versiones, en realidad, no son del todo incompatibles. Mandon admite que una propuesta industrial presentada a comienzos de 2026 resultaba incompatible con la necesidad de sustituir los carros actuales antes de 2037, y que ese choque empujó a Berlín a optar por un desarrollo nacional con el que relevar sus Leopard 2. El consorcio lo formaban KNDS, el mayor fabricante de blindados de la Unión Europea, con sede en Ámsterdam, el gigante alemán Rheinmetall, y el grupo francés Thales. En junio, Berlín compró un 40% de KNDS, exactamente el mismo porcentaje que controla París.

Un programa de armamento no muere cuando alguien firma su cancelación, sino cuando las dos capitales empiezan a decir en público cosas distintas sobre él.

El general francés insiste en que una década de trabajo ‘no ha caído en saco roto’ y en que el MGCS no está cancelado, sino ‘retrasado a finales de la década de 2040’. Para tapar el hueco, París lanzará en solitario el desarrollo de un carro ‘intermedio’ que releve a sus Leclerc. Traducción: dos programas separados, dos cadenas industriales y una factura que se paga dos veces.

Dos doctrinas, dos tanques, un solo presupuesto

El divorcio técnico viene de lejos. Francia quería un vehículo más ligero, pensado para despliegues en África, con el horizonte del Sahel y del Magreb en la cabeza. Alemania exigía blindaje pesado y capacidad de aguante en un choque de alta intensidad contra Rusia. Son dos guerras diferentes, y la ingeniería lo sabe: no hay un chasis que sirva para las dos.

Francia Alemania defensa

El dinero confirma el desapego. Un informe presupuestario del Parlamento francés cifra en 212 millones de euros la autorización de gasto de París para el programa en los ejercicios de 2025 y 2026, una cantidad que en términos de defensa es calderilla. Alemania no ha publicado una sola cifra, aunque en 2024 aseguró que cada socio aportaba el 50% de los costes. El coste total del proyecto sigue oficialmente sin calcular.

El precedente inmediato es demoledor. En junio se hundió el FCAS, el sistema de combate aéreo de nueva generación que debía alumbrar un caza europeo hacia 2040, después de que Dassault y Airbus no lograran ponerse de acuerdo. Se fueron al suelo 3.200 millones de euros en I+D ya gastados. Y no es la primera vez: en 1985 Francia abandonó el programa del caza europeo para desarrollar el Rafale en solitario, mientras el Eurofighter seguía sin ella. En cuatro meses, los dos grandes programas industriales que debían sostener la autonomía estratégica europea han quedado tocados. Cosas que pasan en 2026.

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Equilibrio de Poder

En Washington la noticia se lee con frialdad. La Administración Trump mide a Europa en puntos de PIB y en pedidos de material estadounidense, y una fractura franco-alemana no hace sino reforzar la tesis de que el continente no puede defenderse solo. Moscú, en paralelo, no necesita mover un solo batallón: cada programa europeo que naufraga es una división que no estará desplegada en 2040. Bruselas, mientras tanto, empuja con el plan de rearme y los 800.000 millones puestos sobre la mesa en 2025, pero sin instrumentos industriales compartidos ese dinero acaba comprando en el mercado exterior. Es la contradicción de fondo del rearme europeo: presupuestos al alza, soberanía a la baja.

Para España el asunto es incómodo. El Ejército de Tierra opera más de doscientos Leopard 2E ensamblados en Sevilla por Santa Bárbara Sistemas, hoy integrada en GDELS, y su relevo estaba llamado a engancharse a un programa europeo que ahora se deshilacha. España es además socio del FCAS a través de Indra y de ITP Aero, con una cuota industrial en torno al 10% del programa. Sin caza y sin carro, la alternativa será el K2 coreano, la vía que ya eligió Polonia, o la compra directa en el mercado estadounidense. Y hay un detalle que nos toca de cerca: el vehículo ligero para escenarios africanos que pedía Francia es justamente lo que la frontera sur y el Sahel exigen, y es lo que Berlín rechazó.

La lectura a cinco años es clara. La UE tiene dinero, tiene amenazas y no tiene un solo gran programa terrestre conjunto en pie. El hito a vigilar no será el comunicado oficial, sino la próxima reunión de ministros de Defensa de la Unión Europea y el Consejo Europeo de diciembre, donde la palabra MGCS volverá a aparecer en el orden del día. Conviene ser prudentes, eso sí: la única fuente que habla abiertamente de retirada es francesa, y Berlín la desmiente. Nada impide que dentro de un año ambos gobiernos anuncien un relanzamiento del proyecto. Con estas cosas, lo raro sería lo contrario.