EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Departamento del Tesoro suspende de forma temporal las sanciones al diésel ruso y permite venderlo, entregarlo y exportarlo, incluso hacia Estados Unidos, al menos hasta la primavera de 2027.
- ¿Quién está detrás? Es una decisión de Trump tras la llamada del viernes 9 con Putin y después de que Zelenski rechazara en Miami frenar los ataques contra las refinerías rusas.
- ¿Qué impacto tiene? Alivia el precio del carburante en Estados Unidos a menos de un mes de las legislativas del 3 de noviembre y abre una brecha con Bruselas, que mantiene su propio veto.
El Departamento del Tesoro levanta temporalmente las sanciones al diésel ruso y desbloquea un millón de toneladas para el mercado global. La exención permite vender, entregar y exportar carburante ruso —incluso hacia Estados Unidos— hasta, al menos, el 7 de abril de 2027. El calendario de entregas y el pulso previo importan tanto como el anuncio.
Axios publicó este sábado que la exención llegó después de que Zelenski ignorara varias peticiones de Washington para detener los ataques contra las refinerías rusas, según un funcionario estadounidense con conocimiento directo de las conversaciones. Trump viene culpando a Kiev —y a Zelenski en particular— de agravar la crisis mundial de carburantes y de empujar al alza el precio que pagan los conductores estadounidenses.
Lo que Trump exigió a Kiev antes de firmar la exención
El argumento de la Casa Blanca tiene una lógica de mercado incuestionable. Las refinerías rusas son objetivos militares legítimos para Kiev, pero cada planta alcanzada estrecha el mercado global de gasóleo y ensancha el crack spread, el margen que separa el precio del crudo del precio del carburante ya refinado. El funcionario citado por Axios lo resumió sin rodeos: ‘Los ataques contra las refinerías causan dolor en Rusia, pero también causan dolor en Estados Unidos’.
A pesar de los avisos, Zelenski prometió a comienzos de este mes redoblar los ataques de largo alcance. El pulso se perdió en Miami.
Allí, según el relato que recoge Axios, los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner advirtieron a los negociadores ucranianos durante ocho horas de reunión de que Trump pensaba hablar con Putin y levantar las sanciones sobre el diésel ruso. Un funcionario ucraniano aseguró al medio que los mediadores amenazaron con cortar el intercambio de inteligencia si Kiev seguía ignorando al presidente. Un funcionario estadounidense lo niega.
Washington no ha cambiado de bando: ha cambiado de precio. Y ese precio lo paga antes el votante que el frente.
En paralelo, las conversaciones avanzaron por otros carriles: garantías de seguridad para Ucrania por parte de Estados Unidos, Europa y la OTAN, nuevas propuestas territoriales, planes de reconstrucción, financiación militar y déficits presupuestarios. Sobre la mesa estuvieron también el eventual ingreso de Kiev en la UE y un posible marco de seguridad de posguerra entre Europa y Rusia. Los mediadores describieron el clima como constructivo. La exención del diésel fue la pieza que se movió primero.
Del teléfono con Putin al comunicado del Tesoro
El viernes 9, Trump y Putin hablaron por teléfono. Poco después, el Departamento del Tesoro publicó la exención. El presidente estadounidense aseguró que Rusia suministrará de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel a Estados Unidos y a los mercados globales, otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón más a partir de ahí, con hasta tres millones adicionales disponibles ‘en un breve periodo de tiempo’.
Moscú movió ficha en horas. El Kremlin se declaró listo para abastecer de petróleo y derivados a los mercados internacionales y sostuvo que la operación beneficia a la economía mundial. El viceprimer ministro Aleksandr Novak confirmó que Rusia levantará de forma anticipada sus propias restricciones a la exportación de gasóleo, fijadas hasta el 31 de octubre por la demanda estacional de la cosecha. El proceso arranca, dijo, de inmediato. Los revendedores siguen vetados hasta enero de 2027, y la gasolina, también.

Equilibrio de Poder
Lo que observamos es un movimiento de jerarquía, no un gesto táctico. Washington exige a Bruselas mantener el frente sancionador contra Moscú mientras abre su propia espita al carburante ruso, y esa asimetría no se sostiene mucho tiempo. La UE prohibió las importaciones marítimas de gasóleo ruso desde febrero de 2023 y no tiene previsto revisar esa prohibición. La mayoría de los socios mantiene el veto, España incluida: no se podrán comprar barriles rusos directamente aunque el Tesoro los bendiga. El alivio llegará por otra vía, porque un mercado global mejor abastecido empuja a la baja el precio internacional del gasóleo, y de ahí al surtidor español hay una línea bastante corta.
El impacto doméstico es tangible. España es un importador neto de gasóleo: sus refinerías producen excedente de gasolina y déficit de diésel, el combustible que mueve el transporte por carretera, la agricultura y la pesca. Cada céntimo que baja el litro se nota en el IPC de carburantes y en los costes de la cadena alimentaria. El mismo alivio alcanza a Marruecos y al Sahel, donde la factura del carburante importado pesa en la balanza comercial y en el precio del transporte de mercancías.
Hay un precedente que conviene recordar. En 1982, Reagan amplió las sanciones a los equipos del gasoducto que debía llevar gas siberiano a Europa Occidental y las levantó cinco meses después, doblegado por la presión de los aliados europeos y de su propio sector energético. Las sanciones se rompen siempre por donde más duele la factura. Ahora la brecha no la abre Bruselas, sino la Casa Blanca, y lo hace a menos de un mes de las legislativas del 3 de noviembre, con el precio de los carburantes como eje de campaña.
La lectura a cinco años es incómoda para todos. Si el gasóleo ruso vuelve a los circuitos globales, Moscú recupera ingresos fiscales justo cuando su capacidad de refino estaba tocada, y el instrumento sancionador pierde credibilidad como herramienta de coerción. Bruselas se queda ante un dilema feo: mantener sola el veto y pagar más caro su carburante, o plegarse y reconocer que el frente occidental se ha agrietado. Ninguna de las dos salidas es gratuita. El 7 de abril de 2027 no es solo la fecha de caducidad de la exención: es también la del próximo pulso entre Washington y sus aliados.

