Marruecos y la visita real a Ceuta y Melilla: el precedente de 2007 que marcó el protocolo

La visita de Juan Carlos I y Sofía en noviembre de 2007 desencadenó la llamada a consultas del embajador marroquí en Madrid. Los Reyes viajan ahora a las ciudades autónomas los días 13 y 14 de octubre, con Rabat aún sin respuesta pública.

La visita de Felipe VI y la Reina Letizia a Ceuta y Melilla, prevista para los días 13 y 14 de octubre, reactiva un precedente que Zarzuela conoce al detalle. En noviembre de 2007, Juan Carlos I y Sofía pisaron por primera vez las dos ciudades autónomas y Rabat respondió con la llamada a consultas de su embajador en Madrid.

Aquella cita se vendió como la respuesta a una reclamación histórica de los vecinos. Fue, además, la primera visita oficial de unos Reyes de España a Ceuta y Melilla. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la presentó como un acto de normalidad institucional, tres días antes de que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega asegurara que las relaciones con Marruecos eran ‘extraordinarias’ y descansaban en el ‘afecto sincero y el respeto mutuo.

El precedente de 2007 y la llamada a consultas del embajador

Las palabras no tardaron en quedar desmentidas. Rabat llamó a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman, por un ‘período indeterminado’. El Ministerio de Exteriores marroquí, en un comunicado difundido por la agencia oficial MAP, calificó la visita de ‘lamentable’ y recuperó el término de ‘ciudades ocupadas’ para referirse al territorio español.

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No hubo improvisación. Desde el momento en que se anunció el viaje, la prensa marroquí calentó el debate social y desde Rabat se expresó un ‘profundo lamento y rechazo’, con una petición expresa: que los Reyes renunciaran a la visita. Al comprobar que Juan Carlos I y Sofía mantenían el plan, llegó la llamada a consultas. El 7 de noviembre, el propio Mohamed VI entró en la polémica.

Ante lo que describió como ‘un acto nostálgico y de una era sombría y superada’, el soberano alauí exigió a las autoridades españolas que asumieran ‘su responsabilidad’ por las consecuencias del viaje. En esos mismos días se registraron manifestaciones en la frontera de Melilla, en concreto en Beni Enzar, contra la presencia de los Reyes.

El protocolo de una visita real a Ceuta y Melilla nunca es solo protocolo: cada gesto se lee en Rabat como una posición de Estado.

Ceuta, Melilla y la insistencia de los Reyes ante el Gobierno

Casi dos décadas después, el escenario ha cambiado, pero la carga simbólica permanece intacta. Los Reyes habían insistido al Gobierno de Pedro Sánchez en su interés por viajar a las dos ciudades autónomas tras el asalto masivo que sufrió Ceuta el pasado mes de julio. Felipe VI se ha referido en varias ocasiones a aquella situación. La última, desde Finlandia.

Durante el discurso de la cena de Estado ofrecida por el presidente finlandés, Alexander Stubb, el Rey advirtió de que ‘las amenazas, vengan de donde vengan y tengan la intencionalidad que tengan’, afectan por sí solas a la totalidad de los Estados miembros. Una formulación que, en clave diplomática, apuntaba a la presión migratoria sobre la frontera sur española sin nombrarla.

precedente 2007 Ceuta

Desde Rabat, de momento, no se ha generado demasiado ruido. Más allá de algún titular provocativo en la prensa local, el viaje no ha provocado la respuesta institucional que sí desencadenó el de 2007. Eso sí, el pasado viernes, en su discurso de apertura del año legislativo ante el Parlamento, Mohamed VI advirtió de que la relación entre ambos países nunca debe ser objeto de ‘presión, amenaza ni chantaje’.

El pulso diplomático que condiciona la agenda de Zarzuela

La visita a Ceuta y Melilla es una decisión de agenda con lectura de Estado. A diferencia del viaje de 2007, que se presentó como respuesta a una demanda local, la cita de octubre de 2026 llega marcada por un contexto migratorio que ha convertido la frontera sur en un asunto de seguridad nacional para la Unión Europea. La Casa del Rey ha medido cada paso con el Gobierno, consciente de que cualquier gesto se interpreta en Rabat como una toma de posición sobre el estatus de las ciudades autónomas.

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Aquí late un reto que Zarzuela no puede esquivar. La Corona necesita visibilizar su presencia en el territorio sin alimentar una crisis diplomática con Marruecos, socio imprescindible en el control de la inmigración irregular y en la cooperación antiterrorista. El equilibrio es delicado: la misma visita que consolida el vínculo institucional con Ceuta y Melilla puede tensar una relación bilateral que ambos gobiernos llevan años intentando normalizar.

Hay precedentes que invitan a la prudencia. En 2007, la respuesta marroquí llegó en apenas 48 horas y obligó a la diplomacia española a gestionar una crisis sobrevenida en pleno puente de noviembre. Esta vez, la diferencia es que Rabat ya conoce la visita con antelación y ha optado por no escalar. No obstante, el discurso de Mohamed VI el viernes pasado deja una puerta abierta: la advertencia sobre la presión, la amenaza, y el chantaje funciona como recordatorio de que el margen de maniobra tiene límites.

Felipe VI ha convertido la presencia en las dos ciudades autónomas en una cuestión de coherencia institucional. Tras meses de insistencia, el viaje de los días 13 y 14 de octubre pondrá a prueba la capacidad de la Corona para sostener una agenda propia sin dañar los equilibrios exteriores del Estado. El precedente marca el terreno. La respuesta de Rabat, esta vez, se sabrá en cuestión de días.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, prevista para los días 13 y 14 de octubre, es la primera de Felipe VI a las dos ciudades autónomas y llega tras el asalto migratorio de julio.
  • El detalle de protocolo: el viaje se produce un día después del desfile del Día de la Hispanidad en Madrid, lo que refuerza su lectura de continuidad institucional en plena agenda de Estado.
  • Próximos pasos: la Casa del Rey no ha detallado el programa oficial de la visita. La incógnita es si Rabat mantendrá su silencio actual o replicará la llamada a consultas de 2007.