Pentágono eleva a 21 las bajas en la guerra con Irán y suma dos no de combate

La base oficial pasa de 18 a 21 fallecidos y registra 865 heridos, un mes después de que seis funcionarios denunciaran el subregistro. La factura de la campaña supera ya los 43.600 millones de dólares.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Defense Casualty Analysis System (DCAS), la base oficial de bajas del Pentágono, pasa de 18 a 21 militares estadounidenses muertos vinculados a la guerra con Irán desde el 28 de febrero. Dos de las nuevas entradas son bajas no de combate.
  • ¿Quién está detrás? El Departamento de Guerra, rebautizado así en 2025, que hasta ahora sostenía que el recuento era correcto frente a las denuncias de la prensa estadounidense.
  • ¿Qué impacto tiene? Una cuenta opaca a tres semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, con una factura militar superior a los 43.600 millones de dólares y la moral de la tropa bajo sospecha.

El Pentágono eleva a 21 las bajas oficiales en la guerra con Irán y reconoce 865 militares heridos desde el 28 de febrero. La corrección llega un mes después de que seis funcionarios estadounidenses denunciaran que la base de datos oficial estaba por debajo de la realidad, y de que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, despachara el asunto con un exabrupto: ‘una mentira absoluta’.

El recuento que el Pentágono ha tenido que corregir

El Defense Casualty Analysis System (DCAS) es la base donde el Departamento de Guerra registra cada fallecimiento y cada herida. El viernes incorporó tres nombres y elevó el recuento oficial a 21. Dos de esas bajas son no de combate: el comandante de la Guardia Nacional del Ejército Sorffly Davius, de 46 años, fallecido en Kuwait el 6 de marzo, y un marino no identificado que murió por suicidio en septiembre. La tercera entrada es el sargento Devin A. Seibel, de 26 años, fallecido en mayo en un accidente de instrucción en Irak.

Hay un matiz que el Pentágono no ha aclarado. Seibel murió en Irak, pero el Ejército no vincula el accidente a la guerra con Irán: lo encuadra en la Operación Inherent Resolve, la campaña de más de una década contra el Estado Islámico. Con su inclusión, el cómputo amplio de militares estadounidenses fallecidos en Oriente Próximo desde el 28 de febrero sube a 22, la misma cifra que ya había publicado el diario estadounidense The Washington Post citando a seis funcionarios.

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El Pentágono no quiso comentar los cambios y se limitó a repetir que mantiene ‘un compromiso firme con la contabilidad transparente y precisa’ de todas las bajas. La respuesta tiene poco de aclaración y bastante de fórmula.

La reacción política en Washington fue inmediata. Los representantes demócratas Adam Smith y Chrissy Houlahan calificaron el error de ‘una vergüenza’ para las Fuerzas Armadas y sentenciaron que ‘no hay excusa para un fallo de esta magnitud’. El reproche no es menor: el recuento oficial es la base sobre la que el Congreso autoriza fondos, despliegues y prórrogas de misión.

Un recuento oficial que solo se corrige cuando lo publica la prensa no es rendición de cuentas: es gestión de daños.

De la moral de la tropa a las urnas de noviembre

guerra Irán

El desgaste no aparece en el DCAS. El mes pasado, la Armada reconoció que ocho marinos del grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln intentaron quitarse la vida durante un despliegue de diez meses que incluyó la guerra con Irán. La divulgación llegó después de los informes sobre agotamiento, caída de la moral, y escasez de alimentos y suministros básicos a bordo.

En el plano electoral, el coste se acumula. Una encuesta de Reuters e Ipsos de septiembre situó en el 62% el porcentaje de estadounidenses que desaprueba los ataques contra Irán, y el Mando Central estimó la factura en 43.600 millones de dólares hasta el 3 de septiembre, según las cifras entregadas a los legisladores. Las legislativas del 3 de noviembre están a tres semanas y el asunto ya forma parte de la campaña.

Trump sostiene que la campaña es un éxito. También dijo que la guerra terminaría justo después de las elecciones y, más tarde, que afronta una ‘gran decisión’ sobre si reanudar los ataques de gran escala para cerrarla. Esa frase, leída en el Pentágono, suena a que el calendario militar lo marca el calendario electoral.

Equilibrio de Poder

El viernes, Trump habló por teléfono con Vladimir Putin. Según el relato del Kremlin, el presidente ruso insistió en que un arreglo diplomático sigue siendo posible y repitió la oferta de Moscú de quedarse con el uranio enriquecido iraní. El asesor presidencial Yury Ushakov aseguró que Trump acogió con satisfacción la implicación rusa. Es una lectura oficial rusa, sin confirmación de la Casa Blanca, y conviene tratarla como tal. Aun así, el movimiento tiene fondo: Moscú se coloca como garante del expediente nuclear iraní, algo que incomoda en Bruselas y descoloca a Israel. Washington gana un interlocutor para cerrar el frente antes de las urnas; Teherán, tiempo.

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Para España el tablero se traduce en dos frentes. El primero es energético: el estrecho de Ormuz concentra en torno a una quinta parte del petróleo mundial y cualquier escalada llega en semanas a las refinerías españolas y al IPC. El segundo es logístico. Rota y Morón son nodos permanentes del dispositivo estadounidense y, en una campaña abierta contra Irán, dejan de ser retaguardia. Moncloa no ha movido ficha en público. A eso se suma el flanco sur: cuando el foco se desplaza al Golfo, el Magreb y el Sahel pierden prioridad.

No es la primera vez que el Pentágono ajusta su contabilidad a posteriori. En enero de 2020, tras el ataque iraní con misiles balísticos contra la base de Ain al-Asad, la versión oficial fue que no había estadounidenses heridos; meses después se diagnosticaron más de un centenar de traumatismos craneoencefálicos. La secuencia se repite: negación, filtraciones, corrección silenciosa. El riesgo inmediato es doble. Uno, que la presión electoral empuje a Trump a reanudar los bombardeos para no cerrar la guerra en falso. Dos, que una salida negociada con Moscú como intermediario entregue a Putin una baza nuclear que Europa no controla. La próxima ventana crítica es el 3 de noviembre. La siguiente actualización del DCAS dirá cuánto de la contabilidad oficial era un error y cuánto, una decisión.