La promesa de Pedro Sánchez de acabar con la manipulación en la radiotelevisión pública, que llegó a equiparar con la corrupción durante la moción de censura contra Mariano Rajoy, ha convivido con una sucesión de relevos, pulsos políticos y cambios de modelo en RTVE. Desde la etapa de Rosa María Mateo hasta la presidencia de José Pablo López, la corporación ha recuperado audiencia y capacidad de influencia, pero sigue arrastrando el problema que Sánchez prometió resolver: la utilización partidista de una televisión que debería estar al servicio de todos.
La historia de RTVE bajo los gobiernos de Sánchez no es lineal. Ha habido etapas de interinidad que se prolongaron mucho más de lo previsto, concursos públicos que no culminaron como se esperaba, presidentes que perdieron la confianza de La Moncloa y consejos de administración incapaces de evitar las crisis internas. También ha habido éxitos de audiencia, formatos que han revitalizado la programación y una apuesta por competir con las cadenas privadas que ha devuelto a La 1 una relevancia que había perdido, para enfado de Antonio García Ferreras, Pablo Motos y Ana Rosa Quintana.
El balance, por tanto, no puede reducirse a una televisión más próxima al Gobierno ni tampoco a la recuperación de sus cifras. La transformación de RTVE combina ambas realidades: una corporación más fuerte en términos de audiencia, pero sometida a controversias recurrentes sobre su independencia editorial, la elección de sus responsables y el reparto de sus contratos.
Rosa María Mateo: una provisionalidad que duró más de dos años
El primer gran problema llegó con la propia llegada de Sánchez a La Moncloa. Tras la moción de censura de junio de 2018, el PSOE no consiguió reproducir en RTVE el acuerdo político que había permitido desalojar a Mariano Rajoy. Podemos no respaldó la candidatura de Tomás Fernando Flores y los dirigentes morados consideraban que su apoyo resultaba imprescindible para que Ana Pardo de Vera asumiera la presidencia de la corporación.
La solución del Gobierno fue recurrir a una fórmula extraordinaria: un decreto que establecía una administración única provisional. Rosa María Mateo, periodista histórica de RTVE, se convirtió en julio de 2018 en administradora provisional única. Lo que se presentó como una salida temporal acabó prolongándose durante más de dos años, en una etapa marcada por las acusaciones de politización y los conflictos internos.
La llegada de Mateo no logró cerrar la discusión sobre la independencia de los informativos. En septiembre de 2019, Enric Hernández, asumió la dirección de Información y Actualidad en medio de las críticas de quienes veían en su nombramiento una operación de La Moncloa para tutelar los contenidos informativos. La corporación seguía sin resolver el problema de fondo: cómo garantizar que sus órganos de dirección no dependieran de los equilibrios políticos del momento.
Mientras tanto, las fuerzas políticas habían impulsado un concurso público para elegir a los responsables de RTVE mediante un procedimiento que debía reforzar la independencia y la profesionalización. El proceso llegó a ponerse en marcha, pero no culminó como se esperaba. La solución provisional se prolongaba y el Gobierno seguía sin conseguir una dirección estable respaldada por un acuerdo amplio.
Pérez Tornero, el consenso que terminó en ruptura
En marzo de 2021 tras un concurso público para elegir al presidente que fue abortado, llegó José Manuel Pérez Tornero, catedrático y experto en comunicación audiovisual, elegido presidente con el respaldo de PSOE, el PP de Pablo Casado, Unidas Podemos y PNV. Su nombramiento pretendía cerrar la etapa de interinidad y devolver estabilidad a una corporación que acumulaba años de enfrentamientos.
Sin embargo, el consenso parlamentario no se tradujo en una dirección cohesionada. Pérez Tornero trató de mantener equilibrios entre las distintas sensibilidades políticas y terminó enfrentándose a sectores que esperaban una orientación más definida. En La Moncloa creció la desconfianza hacia un presidente al que algunos consideraban demasiado dispuesto a negociar con todas las partes.
En ese contexto, los asesores mediáticos de Sánchez Miguel Barroso, fallecido en 2024, y José Miguel Contreras ganaron relevancia en las discusiones sobre el rumbo de la televisión pública. Contreras, con una larga trayectoria en el sector audiovisual y una relación profesional anterior con José Pablo López, desempeñaría un papel importante en la siguiente etapa.
En abril de 2022, López fue nombrado director de Contenidos Generales. Su trayectoria era peculiar: había pasado por La Sexta, había dirigido la conservadora Trece, vinculada a la Conferencia Episcopal, y había estado al frente de Telemadrid durante la etapa de gran influencia de Ciudadanos. Después de abandonar la televisión madrileña, encontró en RTVE una nueva oportunidad profesional, esta vez en un entorno político distinto y con el respaldo de Contreras, que había sido su jefe en La Sexta.
La paradoja no pasó inadvertida: un directivo que había dirigido una televisión vinculada al espacio conservador y que había trabajado en otra cadena bajo la influencia de Ciudadanos y el PP acababa convertido en una de las figuras decisivas para orientar RTVE durante el Gobierno de Sánchez.
Pérez Tornero, que jugaba a dos bandas ideológicas y estaba enfrentado a Barroso y Contreras, dimitió en septiembre de 2022, apenas 18 meses después de su nombramiento. Elena Sánchez asumió la presidencia interina en un consejo en el que los equilibrios, las alianzas cambiantes y las desconfianzas personales dificultaban cualquier proyecto estable. La corporación volvía a quedar atrapada en una disputa sobre quién debía dirigirla y con qué orientación.
Broncano, la caída de Elena Sánchez y el regreso de López
La crisis definitiva llegó en marzo de 2024. El consejo de administración de ‘Puerto Hurraco’, dividido y enfrentado, acabó con las presidencias de Elena Sánchez y la salida de José Pablo López de la dirección de Contenidos. El pulso por la contratación de David Broncano y el futuro de ‘La Revuelta’ se convirtió en uno de los símbolos de aquella guerra interna.
El fichaje de Broncano se presentó como una operación para desgastar a Pablo Motos, pero sin hacer el espacio político que algunos presumían. La negociación estuvo rodeada de polémica, especialmente por la duración del contrato.
La contratación terminó saliendo adelante con un acuerdo de dos temporadas, en lugar de las tres que se habían planteado inicialmente. El éxito posterior del formato reforzó la posición de quienes defendían la apuesta, aunque no borró las dudas sobre el procedimiento ni sobre el papel de la dirección política en la operación.
En noviembre de 2024, José Pablo López regresó a la primera línea como presidente de RTVE, después de la reforma legal que modificó el sistema de elección y composición del consejo. Su llegada coincidió con un cambio de modelo de gobernanza más presidencialista, que le otorgó una capacidad de decisión mucho mayor que la que había tenido como director de Contenidos.
La nueva etapa nació, sin embargo, en un contexto delicado. RTVE atravesaba una crisis interna, el consejo mantenía profundas divisiones y la relación con las cadenas privadas era cada vez más tensa. También pesaba el enfado de Prisa por el proyecto de una nueva televisión que no llegó a materializarse. La decisión de avalar el decreto en el Congreso un día después de la tragedia de la dana en la Comunidad Valenciana no parecía una buena forma de empezar.
El modelo de Contreras frente a la televisión de los realities
Una vez asentado en la presidencia, López ha tratado sin suerte de imponer un modelo de televisión con mayor peso de los realities, los concursos, los formatos musicales y los programas de corazón, que no tuvieron la audiencia esperada y fueron sustituidos por política.
La apuesta por grandes formatos de productoras privadas, entre ellas Banijay, plantea una discusión sobre el modelo industrial de RTVE. La contratación externa permite disponer de programas de gran despliegue y renovar la parrilla, pero también concentra una parte importante del presupuesto en compañías privadas. Las críticas sostienen que ese gasto resta margen a la ficción española y a la producción propia, dos ámbitos en los que la corporación podría desempeñar una función estratégica para el sector audiovisual.
En paralelo, se ha impuesto la línea que representa Contreras: una programación de actualidad con presencia destacada de comunicadores próximos al espacio progresista y formatos que compiten directamente con las cadenas privadas. En marzo de 2025 por petición de Podemos se estrenó en La 2 ‘Malas lenguas’, con Jesús Cintora, después de que el periodista hubiera sufrido sucesivos vetos y cambios de posición dentro de la corporación, según las críticas que se han formulado sobre su trayectoria en RTVE. Su programa acabaría ganando protagonismo en la tarde después del fracaso de ‘La familia de la tele’.
En abril de ese mismo año, Javier Ruiz tras abortarse el proyecto de Prisa se incorporó a las mañanas de La 1, donde pasó a formar tándem con Silvia Intxaurrondo. Su llegada reforzó la oferta de actualidad y contribuyó a mejorar los resultados de la franja. Posteriormente se sumaron otros espacios, como ‘Directo al grano’, que ampliaron el peso de la información y el análisis político en la programación diaria.
La nueva RTVE ha buscado así disputar a las privadas el terreno de la actualidad, con una estrategia que pretende romper el dominio de determinados formatos y comunicadores. En el fondo, existe una contradicción difícil de resolver: el Gobierno defiende la necesidad de pluralizar un ecosistema audiovisual que considera inclinado hacia posiciones conservadoras, pero lo hace mediante una corporación pública cuya independencia editorial debería estar garantizada con independencia de quién ocupe La Moncloa. Además, rivaliza en audiencias con las privadas, que han recibido mimos legislativos al permitirles emitir más publicidad y que sus filiales de ficción sean consideradas independientes.
Más audiencia, pero también más partidismo
El balance de José Pablo López tiene elementos positivos. La 1 ha recuperado audiencia, ha reforzado las mañanas, ha mantenido el apoyo a las telenovelas de tarde y ha encontrado en Broncano un formato de éxito. La corporación también ha revitalizado La 2 y ha recuperado parte de la autoestima interna después de años de resultados discretos y cambios constantes de dirección.
Pero los problemas no desaparecen con las buenas cifras. La principal crítica es el sesgo gubernamental de una parte de la programación, especialmente en determinados formatos de actualidad. La 1 transmite en ocasiones la impresión de funcionar como una televisión alineada con los intereses del Ejecutivo, una acusación que resulta más relevante precisamente porque RTVE es un servicio público y no una cadena privada con una línea editorial propia.
A ello se suma la política de contratación. El recurso intensivo a productoras privadas, el peso de los grandes grupos audiovisuales y el coste de determinados formatos plantean dudas sobre si la estrategia responde a un proyecto sostenible para la industria española o a una carrera por obtener audiencia a cualquier precio.
Radio Nacional de España constituye otro de los puntos débiles de la etapa de López. Mientras la televisión ha concentrado buena parte de los esfuerzos de renovación, la radio pública no ha experimentado una transformación comparable y sigue lastrada por problemas de identidad, audiencia y aprovechamiento de su propio talento. La apuesta por fichajes de comunicadores conocidos que no se encuentran en su mejor momento profesional no siempre ha ido acompañada de resultados que justifiquen la inversión, mientras profesionales de la casa consideran que sus capacidades continúan desaprovechadas.
Ocho años después de la llegada de Sánchez al Gobierno, RTVE es más influyente y ha recuperado audiencia, pero sigue sin resolver la cuestión que estaba en el origen de la promesa de 2018. Y las perspectivas, si hay cambio de Gobierno, son desoladoras al advertir el nivel de manipulación y las bajas audiencias gestionadas por el Partido Popular, véase Telemadrid.
