La batalla de Lepanto vuelve a disparar sus cañones: la recreación que revive la gesta de Cervantes

El puerto de Naupacto, la antigua Lepanto, convierte cada año la victoria de 1571 en un espectáculo de galeras y fuegos artificiales con el que ha duplicado sus visitantes. España aportó el mando, la mitad del dinero y el soldado Cervantes, pero rentabiliza poco ese legado.

Dos galeras y un puerto griego devuelto al siglo XVI: la batalla de Lepanto volvió a disparar sus cañones el pasado sábado. En el puerto de Naupacto, la antigua Lepanto, miles de espectadores asistieron a una recreación que devuelve a la actualidad una victoria en la que España puso casi todo.

La ciudad, de unos 20.000 habitantes, conserva las murallas venecianas que flanquean la bocana del puerto y ha hecho de aquel episodio su principal seña de identidad. Su alcalde, Vasilis Gkizas, sostiene que la cita ha duplicado el número de visitantes desde 2018, hasta superar los 35.000 en 2024. La memoria histórica, bien contada, también es economía.

Qué se representó en el puerto de Naupacto

Minutos antes de las 21.00, el sonido de los tambores abrió paso a vecinos disfrazados de infantes españoles, remeros griegos y caballeros de la Orden de Malta. El puerto se apagó y las murallas se convirtieron en pantallas gigantes con los emblemas de la Liga Santa y del Imperio otomano. Una voz narró los antecedentes: la caída de Nicosia y de las posesiones venecianas en Chipre en 1570, el punto de inflexión que obligó a frenar la expansión otomana.

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En los extremos del puerto aparecieron dos galeras. La cristiana enarbolaba la cruz: 206 galeras y seis galeazas, con unos 40.000 marineros y remeros y 25.000 soldados, bajo el mando de Don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. La Corona española aportó 50 galeras y sufragó la mitad de los gastos de la expedición. Enfrente, el almirante otomano Ali Pachá mandaba 211 galeras y otras 63 embarcaciones, con 34.000 soldados y 55.000 remeros y marineros.

La escenificación reservó lo mejor para el final. La música épica, la niebla artificial y una lluvia de fuegos artificiales lanzados en todas direcciones reprodujeron el abordaje, la táctica de pegarse al casco del barco enemigo y asaltarlo a pie, la forma habitual de resolver una batalla naval en el siglo XVI. Las dos galeras chocaron y parecieron fundirse en una sola mientras los figurantes se enzarzaban en un combate cuerpo a cuerpo.

El desenlace fue desastroso para el bando otomano: se salvaron solo 35 de casi 280 barcos y murieron unos 25.000 hombres. La Liga Santa perdió a unos 8.000, con 12 galeras hundidas o capturadas y otras 38 muy dañadas. Además, unos 12.000 cautivos cristianos que remaban en las naves otomanas quedaron en libertad. Se estima que en la batalla participaron unos 25.000 griegos en ambos lados, en su mayoría remeros y marineros.

Lepanto no fue solo una batalla naval: fue la vez en que media Europa se puso bajo mando español para frenar al Imperio otomano.

Por qué Lepanto sigue siendo una historia española

Entre aquellos 25.000 soldados había un joven de unos 24 años llamado Miguel de Cervantes. Un disparo de arcabúz le inutilizó la mano izquierda —no se la amputó— y de ahí le vino el apodo de manco de Lepanto, que arrastra un error de precisión desde hace siglos. El pasado 7 de octubre se cumplieron 455 años de aquella jornada.

Lepanto 1571

Y aquí está la clave. La batalla que se recrea en Naupacto fue una victoria de la Liga Santa, pero la mandó y la pagó en buena medida la Corona española: España puso el mando, las naves y la mitad del dinero. En buena parte de los relatos europeos, sin embargo, la gesta aparece diluida, casi como un episodio veneciano o papal.

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Cada edición de la fiesta griega devuelve el foco a un hecho que también es español, y lo hace con público, con cámaras y con retorno turístico en otro país. La historia se cuenta mejor donde alguien decide contarla.

¿Pierde España algo con eso? No necesariamente. Naupacto presume de Cervantes, y la lengua en la que aquel soldado escribió el Quijote es hoy el principal activo cultural español en el mundo, el que proyecta el Instituto Cervantes. Una ciudad griega convertida en altavoz del legado español en el Mediterráneo es una oportunidad, no una pérdida.

De Naupacto a Bailén: cuando la memoria se convierte en industria

No es un caso aislado. Las recreaciones históricas se han convertido en una industria cultural de primer orden. En España, las de la batalla de Bailén o las de Almansa llenan hoteles y restaurantes cada año, y en Francia los actos del desembarco de Normandía mueven a multitudes cada junio.

La diferencia está en la estrategia: Naupacto ha hecho de una victoria compartida su marca de ciudad, con un retorno medible en visitantes según su propio alcalde. España tiene episodios igual de grandes y no siempre los pone en valor.

El calendario, además, invita a moverse. En 2031 se cumplirán 460 años de la batalla, y hasta entonces la recreación griega tiene por delante varias ediciones: la próxima, previsiblemente en octubre de 2027. La cuestión de fondo no es si España patrocina una fiesta en el extranjero, sino si sabe contar su propia historia con la misma eficacia con la que Naupacto cuenta la suya.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: El puerto griego de Naupacto (la antigua Lepanto) recreó el pasado sábado la batalla naval de 1571, en la que la Liga Santa, liderada y financiada en gran parte por España, derrotó a la flota otomana.
  • Datos importantes: La Liga Santa reunió 206 galeras y seis galeazas; la Corona española aportó 50 galeras y la mitad del gasto. La ciudad ha duplicado sus visitantes desde 2018, hasta superar los 35.000 en 2024.
  • Resumen: La recreación proyecta en el Mediterráneo un legado histórico español, el de Cervantes y la Liga Santa, que España rentabiliza poco en imagen y turismo cultural.