Salvador Illa aterriza este martes en Bruselas para intervenir en el Comité de las Regiones. Lo hace una semana después de que la amnistía se aplicara a los líderes independentistas, un detalle que no ha pasado desapercibido ni en el Palau de la Generalitat ni en los despachos comunitarios.
El president viaja acompañado por el consejero de Unión Europea y Acción Exterior, Jaume Duch, y afronta su tercer desplazamiento institucional a Bruselas. Sobre la mesa, dos carpetas que el Govern considera prioritarias: la Política Agraria Común (PAC) y la vivienda. Y un objetivo de fondo: consolidar la presencia de Catalunya en las instituciones europeas.
Una semana después de la amnistía: por qué ahora
El calendario no es casual. Illa podía haber reservado cualquier otra semana para este tercer viaje y ha elegido la primera después de que la amnistía alcanzara a los dirigentes independentistas. La coincidencia admite lectura política: el Govern quiere proyectar normalidad institucional en Bruselas justo cuando el debate catalán vuelve a asomar en la agenda europea.
La aplicación de la amnistía, cerrada la semana pasada, despeja parte del ruido judicial que rodeaba a la Generalitat, aunque no resuelve el pulso político interno ni la relación con un independentismo que aún digiere el nuevo escenario. En ese contexto, el viaje funciona como un gesto hacia fuera: Catalunya entra en Bruselas por la puerta técnica, no por la puerta del conflicto.
El martes, el president participará en la tribuna European Bridges, organizada por Prensa Ibérica, donde dialogará con el exconsejero de la Generalitat y miembro del Rhine Group, Andreu Mas-Colell, y con la investigadora del Real Instituto Elcano Raquel Jorge, bajo el título Prosperidad compartida para una Europa líder del mundo. El mismo día se reunirá con el presidente del Comité Económico y Social Europeo, Seamus Boland.
La cita con Costa y Ribera: el eje socialista se reúne en Bruselas

El miércoles llega el plato fuerte. Illa intervendrá en la sesión plenaria del Comité Europeo de las Regiones, en el debate sobre la Ley de Aceleración Industrial, una norma clave para la reindustrialización europea y para un tejido catalán que depende de la automoción, la química, y la alimentación. Después se reunirá con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y con la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera.
Bruselas no reparte amnistías ni escaños: reparte fondos, y ahí es donde el Govern quiere que Catalunya pese de verdad.
Los dos encuentros tienen un peso simbólico difícil de disimular. Costa, ex primer ministro portugués, y Ribera, exministra del Gobierno de Sánchez, son las dos figuras socialistas de mayor rango en la arquitectura comunitaria. Para Illa, la foto supone reforzar su perfil de interlocutor catalán fiable ante Madrid y ante Europa.
La agenda se completa, según la nota oficial del Govern, con reuniones con representantes de la comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, a los que trasladará su posición ante la nueva PAC 2028-2034, y con miembros de la comisión de Vivienda de la Eurocámara, donde defenderá medidas para garantizar el derecho a la vivienda y explicará las políticas impulsadas en este ámbito.
La PAC y la vivienda: donde Catalunya se juega su influencia real
La nueva PAC 2028-2034 se negociará con el presupuesto bajo presión y con exigencias medioambientales crecientes. Para Catalunya, con un sector agroalimentario que pesa en comarcas como el Segrià, el Urgell o el Baix Ebre, la letra pequeña del reglamento importa más que cualquier declaración de intenciones. En vivienda, el discurso que el Govern lleva a Bruselas es el mismo que repite en Barcelona: sin fondos europeos y sin suelo no hay política de vivienda que aguante.
Conviene recordar el precedente. La Generalitat mantiene presencia institucional en Bruselas desde mediados de los años ochenta, cuando Catalunya fue una de las primeras comunidades en abrir delegación propia. La etapa del procés enfrió esa relación: durante los años de mayor tensión, las instituciones comunitarias miraron hacia otro lado. Illa intenta reconstruir ese terreno por la vía técnica, sin épica y sin titulares.
El riesgo está en la lectura doméstica. Junts y ERC pueden presentar el viaje como una operación de imagen, y el Govern admite que los resultados no se verán a corto plazo. A eso se suma que el frente de la financiación singular sigue abierto con Moncloa: una foto con Costa y Ribera no resuelve el pulso por los recursos que Catalunya reclama en Madrid. Y no es la única comunidad que juega esta carta. Euskadi y Galicia llevan años desplegando presencia propia en Bruselas, con delegaciones que compiten por la misma atención.
El miércoles, el president regresará a Barcelona con dos carpetas repletas y sin titulares de política interior. El primer examen llegará en el próximo Consell Executiu, cuando el Govern deba traducir el viaje en propuestas concretas. Queda por ver si esa estrategia aguanta cuando la política catalana vuelva a imponer su propio ritmo. La negociación de la PAC 2028-2034, en cualquier caso, se decidirá en Bruselas, no en el Palau de la Generalitat.

