Los recortes al presupuesto UE que negocian los Veintisiete ascienden ya a 159.000 millones de euros. La Comisión Europea ha advertido a los gobiernos de que ese tijeretazo dejará al club sin colchones para responder a crisis durante los próximos siete años.
La advertencia no llegó por escrito ni en rueda de prensa. La principal responsable de Presupuesto del Ejecutivo comunitario, Stéphanie Riso, la trasladó el domingo a los 27 embajadores acreditados ante la UE en una reunión a puerta cerrada. Lo hizo un día después de que la presidencia irlandesa del Consejo de la UE, que pilota la negociación este semestre, presentara su propuesta: cerca de un 8% de recorte sobre el total del presupuesto del ciclo 2028-2034.
La cifra global no es menor. Bruselas había puesto sobre la mesa casi dos billones de euros para el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP, el presupuesto de siete años con el que la UE fija a la vez sus prioridades políticas) y la propuesta irlandesa le recorta 159.000 millones a precios corrientes. Del total, 38.000 millones salen de la ayuda exterior, 75.000 millones de los fondos de competitividad, y al menos 22.000 millones de los fondos de reserva para imprevistos.
El Ejecutivo comunitario sostiene que la tijera deja el próximo presupuesto, una vez descontado el pago de la deuda pospandemia, por debajo del actual. Y va en dirección contraria a la lógica con la que la Comisión diseñó su propuesta: más flexibilidad y cientos de miles de millones redirigidos hacia defensa, competitividad y acción exterior.
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Casi la mitad del presupuesto europeo está blindada y no se toca: la Política Agrícola Común y los pagos regionales, que la presidencia irlandesa ha dejado intactos. Los recortes caen, por tanto, sobre las partidas que permiten reaccionar rápido cuando golpea una sequía o una crisis en el flanco este.
Según los diplomáticos informados de la reunión, el Ejecutivo teme quedarse sin herramientas para ayudar a agricultores y regiones en el próximo ciclo. Irlanda ha reducido o directamente eliminado varios de esos colchones financieros y ha rebajado el vínculo entre el desembolso de fondos y las reformas económicas, la palanca que Bruselas utiliza para empujar a los gobiernos a invertir y ahorrar.
La UE discute gastar menos justo cuando el siglo le exige gastar más: no es un ajuste contable, sino elegir qué potencia quiere ser en 2034.
Irlanda blinda la PAC y la cohesión: el eje del gasto se parte en dos

Dublín ha calculado bien a quién proteger. El bloque de los Amigos de la Cohesión, 17 países entre los que se alinean habitualmente España, Polonia, Italia, Portugal o Grecia, celebró que la agricultura y los pagos regionales quedaran fuera de la tijera.
Enfrente, un grupo liderado por Alemania considera insuficiente cualquier recorte por debajo de los cientos de miles de millones. La mayoría de los contribuyentes netos del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia— empuja en la misma dirección que Berlín, aunque con matices.
Irlanda ha diluido además el vínculo entre el pago de fondos europeos y las reformas estructurales de los Estados miembros, la palanca que Bruselas usa para empujar a los gobiernos a invertir. Su ministro de Asuntos Europeos, Thomas Byrne, defendió el sábado que el texto ‘ofrece más flexibilidad y responde a la petición de un presupuesto simplificado y moderno’. El embajador irlandés fue más lejos: según los diplomáticos consultados, el nuevo texto no vinculará desembolsos y reformas fiscales.
El calendario aprieta y explica la dureza del pulso. Los gobiernos quieren cerrar un acuerdo entre ellos antes de que acabe el año, conscientes de que las elecciones previstas en Francia, Italia y Polonia pueden desordenar la negociación. Un diplomático lo resume así: el desbloqueo pasa por que Friedrich Merz y Emmanuel Macron aparezcan juntos en Bruselas y digan que Europa vive en un mundo nuevo.
El Eje del Poder Europeo
Esto no es un ajuste técnico: es el primer acto de la batalla por el reparto del poder en la UE de la próxima década. La Comisión ha roto una regla no escrita al llevar su advertencia al canal de los embajadores, el circuito donde se cuecen los acuerdos antes de existir. Se alinea así con los receptores de fondos y contra la presidencia irlandesa, que responde a la mayoría que hoy domina el Consejo.
Para España, el cálculo es incómodo. Los pagos de cohesión y la PAC quedan a salvo en el texto irlandés, lo que protege el grueso de lo que recibe anualmente de Bruselas. Pero es justo eso lo que indigna a Berlín y a los frugales: un presupuesto que consagra casi la mitad de sus recursos a políticas antiguas no financia la autonomía estratégica. España aspira a captar fondos de defensa e industria en el ciclo nuevo y necesita que el MFP esté cerrado antes de que termine 2026, porque los fondos de Next Generation se agotan y el próximo ciclo arranca el 1 de enero de 2028.
El precedente de julio de 2020 pesa. La UE tardó cuatro días y cuatro noches en cerrar un MFP de 1,07 billones y un fondo de recuperación de 750.000 millones, desatascados por una propuesta conjunta de Merkel y Macron. Los frugales arrancaron a cambio recortes en ayudas directas y un mecanismo de condicionalidad, la herramienta que permite congelar fondos a un Estado que vulnera el Estado de Derecho. Seis años después, varias de las nuevas figuras fiscales que debían financiar la deuda común siguen sin aprobarse.
El riesgo real, a cinco años, es otro. Si el acuerdo no llega en 2026, el presupuesto entra en prórroga técnica: programas congelados y convocatorias de fondos retrasadas. Y si llega con la tijera irlandesa, la UE se queda con un marco más rígido y con la advertencia de la Comisión de que habrá que revisarlo a mitad de camino. En la práctica, eso significa reabrir la pelea en 2030.
La próxima cumbre del Consejo Europeo, el 15 y 16 de octubre, dará la primera señal. Si Merz y Macron no comparecen juntos, la presidencia irlandesa tendrá que elegir entre plegarse al bloque frugal o sostener un texto sin mayoría.

