EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El BCE vislumbra nuevas operaciones estructurales de refinanciación a largo plazo (LTRO) para 2027, cuando el exceso de liquidez del sistema ya ha caído a 2,7 billones de euros desde el pico de 4,7 billones.
- ¿Quién está detrás? El Consejo de Gobierno del BCE que preside Christine Lagarde, el grupo de vigilancia del mercado monetario y la banca de la eurozona.
- ¿Qué impacto tiene? La banca española recupera una vía de financiación mayorista a más de seis meses, pero sin las condiciones ventajosas que tuvieron las TLTRO de la pandemia.
El BCE prepara nuevas inyecciones de liquidez a la banca para 2027: el exceso del sistema ya cae hasta los 2,7 billones.
Del pico de 4,7 billones al suelo de 1,4: la liquidez deja de sobrar
Dos billones de euros es lo que ha adelgazado el exceso de liquidez del sistema desde su punto más alto. El dato, adelantado por Expansión, confirma algo que el mercado venía descontando desde hace meses: la barra libre de Fráncfort se acerca a su fecha de caducidad. Los cálculos internos del propio BCE sitúan el último registro disponible en julio, ya por debajo de los 2,7 billones.
Fuentes cercanas al Consejo de Gobierno sitúan 2027 como el año en el que el BCE levantará el telón de sus nuevas operaciones estructurales de refinanciación. ‘Es algo a lo que le vemos serias posibilidades’, admiten esas mismas fuentes, que añaden una cautela: queda tiempo y muchas cosas pueden cambiar. Un portavoz oficial de la institución presidida por Christine Lagarde ha preferido no hacer comentarios.
La cifra tiene suelo. Distintas estimaciones de mercado sitúan en la horquilla de 1,8 a 1,4 billones de euros el nivel en el que la liquidez dejaría de sobrar. Traducido: al sistema le queda poco más de un billón de colchón antes de entrar en terreno de escasez. Ese terreno es el que obliga a Fráncfort a abrir todas las vías posibles.
Los bancos ya han movido ficha. Han duplicado sus peticiones semanales de liquidez en la ventanilla del BCE y, en lo que va de año, la autoridad monetaria ha prestado cerca de 500.000 millones de euros. El requisito que la propia institución se autoimpuso —detectar un ‘uso persistente’ de las operaciones estándar antes de activar las estructurales— está, sobre el papel, cumplido.
El telón de la barra libre se levanta, pero con billete de ida y vuelta: el BCE presta liquidez, no regala estímulos.
Pero el diseño de las futuras operaciones no se parecerá al de 2020. Nadie en Fráncfort quiere repetir el episodio de las TLTRO, las inyecciones masivas que la institución lanzó con condiciones ventajosísimas a cambio de que la banca estimulara el crédito. Aquella herramienta sostuvo a las entidades durante la crisis del coronavirus y sirvió, de paso, para que muchas compraran deuda pública a mansalva. Ahora el objetivo es otro.
Qué buscará el BCE: LTRO sin condiciones y plazos por encima de los seis meses
La tipología está prácticamente acordada. Serán LTRO, operaciones de refinanciación a largo plazo que superan con holgura la subasta semanal rutinaria y las operaciones corrientes a tres meses. La diferencia clave con las TLTRO es que no llevan condiciones aparejadas ni premios regulatorios. ‘La idea es proveer al sistema de la liquidez necesaria para operar, no introducir nuevos estímulos’, resumen fuentes cercanas al banco central.
El plazo marcará el resto. Mercado y banqueros centrales coinciden en que deberá superar los seis meses, porque es el umbral a partir del cual las entidades pueden computar esos recursos en el cálculo de la NSFR, la ratio que mide si un banco tiene financiación a largo plazo suficiente para respaldar sus activos a un año. Tampoco se esperan vencimientos muy largos: el BCE quiere evitar que la banca se acostumbre a la tubería y que la liquidez quede atrapada donde no pueda moverla con facilidad.

Fráncfort actualizó su marco operativo en marzo de 2024, cuando adaptó la política monetaria a una realidad de tipos más altos y al final de las compras extraordinarias de deuda. Ya entonces el Banco Central Europeo dejó escrito que llegaría el momento de de introducir nuevas operaciones estructurales de refinanciación a largo plazo. Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo y responsable de Operaciones de Mercado, lo deslizó en un discurso de noviembre de 2025 sin dar fechas. Ahora las fechas empiezan a aparecer.
En paralelo, el BCE mantiene el foco en la fortaleza de la economía para sostener los tipos altos y ha empezado a vigilar la amenaza que la inteligencia artificial supone para el modelo de negocio de la banca europea.
El Eje del Poder Europeo
Lo que revela este movimiento es la geometría interna del Consejo de Gobierno. El ala más ortodoxa, con el Bundesbank y buena parte de los gobernadores del norte en cabeza, lleva meses resistiéndose a cualquier gesto que huela a expansión monetaria: primero la inflación, después todo lo demás. Frente a ellos, los gobernadores del sur y el propio equipo de Lagarde empujan por mantener el sistema engrasado. La fórmula que se perfila es un compromiso clásico de la casa: liquidez sí, pero sin condiciones ventajosas ni horizontes que inviten a la dependencia. Es la misma lógica que ya se impuso en la revisión del marco operativo hace dos años y medio.
Para España el impacto es directo. Santander, BBVA, CaixaBank, y Sabadell se financian en los mercados mayoristas y también en la ventanilla de Fráncfort, y una operación a más de seis meses mejora su ratio de financiación estable sin necesidad de emitir deuda a precios exigentes. La banca española parte, eso sí, con una posición de liquidez cómoda, muy por encima de los mínimos regulatorios, lo que le da margen para elegir cuándo y cuánto acude a la nueva subasta. El contraste con las entidades alemanas y bálticas, más expuestas al cierre del grifo, explica por qué los supervisores del sur piden en Fráncfort que el calendario no se retrase en exceso.
Hay un riesgo evidente en todo esto. Si el BCE abre la tubería demasiado pronto y con plazos largos, corre el peligro de crear dependencia. Si la abre tarde, un episodio de tensión en el mercado mayorista puede convertirse en un problema de financiación para las entidades más pequeñas. El precedente de 2011, cuando el BCE tardó en reaccionar y el sistema se quedó sin aire, sigue pesando en Fráncfort. De ahí la prudencia y un calendario que nadie quiere cerrar en público. La próxima cita será la reunión del Consejo de Gobierno de diciembre, donde se actualizarán las proyecciones macroeconómicas y, con ellas, la hoja de ruta. Hasta entonces, 2027 es una fecha con serias posibilidades, no una certeza.
