El acuerdo diésel ruso de Trump se topa con el Capitolio: seis senadores exigen revertirlo antes del segundo envío de noviembre.
Una carta con seis firmas y una ley de 2022 en la mano
La declaración la firman cuatro republicanos y dos demócratas, un formato poco habitual en un Senado donde los comunicados conjuntos entre partidos escasean. Los nombres: Susan Collins (Maine), Thom Tillis (Carolina del Norte), Lisa Murkowski (Alaska) y John Curtis (Utah) por el lado republicano; Jeanne Shaheen (Nuevo Hampshire) y Richard Blumenthal (Connecticut) por el demócrata.
El texto no admite matices: ‘Estados Unidos no debería tender a Putin un salvavidas financiero mientras Rusia sigue matando civiles ucranianos. La Administración debe revertir el rumbo de inmediato.’ Hay además un argumento jurídico. Los seis se apoyan en una ley de 2022 con la que el Congreso prohibió comprar crudo ruso para no financiar la agresión de Moscú.
‘El Congreso fue claro: Estados Unidos no debería importar petróleo de Rusia hasta que ponga fin a su agresión y cese sus amenazas contra nuestros aliados de la OTAN‘, añaden. ‘La decisión del presidente Trump de permitir la entrada de diésel ruso va directamente contra esa ley.’
El acuerdo lo anunció Donald Trump el viernes 9 de octubre. En su primera fase, Moscú enviaría ‘de inmediato’ más de 300.000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y global; en noviembre saldrían otras 500.000, y a partir de ahí un millón más. El objetivo declarado es frenar el precio de los carburantes, empujado al alza por las guerras de Irán y de Ucrania.
La rebelión republicana que incomoda a la Casa Blanca
No es casual la lista de firmantes. Collins y Murkowski llevan años desmarcándose del presidente cuando el asunto toca política exterior, y Tillis, que no opta a la reelección, ha endurecido el tono en sus últimos meses en la Cámara alta. La firma de estos seis senadores no es una anécdota de despacho: es la primera grieta legislativa del acuerdo.
El mismo presidente que firmó las sanciones contra el petróleo ruso es ahora quien autoriza la entrada de diésel ruso en Estados Unidos.
Tillis fue más lejos el domingo en el programa Meet the Press, de NBC. Sostuvo que el pacto pone en riesgo vidas estadounidenses porque el Kremlin comparte información con Teherán desde hace años, ‘incluida la etapa en la que Soleimani estaba al frente’. Esta gente mala se junta con gente mala y pone en peligro a los americanos, en especial a nuestros operadores especiales desplegados fuera’, dijo.
El problema es real.
Otros republicanos han señalado la misma paradoja: la ley de sanciones que el propio Trump firmó permite aranceles de hasta el 100% contra los países que compren petróleo y gas rusos, China e India entre ellos, mientras la Casa Blanca negocia ahora la compra directa de diésel. Fuera del Capitolio, la reacción más dura llegó de Kiev. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró que el acuerdo entrega a Rusia ‘más dinero para esta guerra, más dinero para causarnos sufrimiento’.
La paradoja la señalan ellos.

La Lógica de Washington
La Casa Blanca no improvisa cuando firma un acuerdo así. El problema que intenta resolver es concreto: el precio del gasóleo en Estados Unidos, empujado al alza por dos conflictos simultáneos, con un electorado que mira la gasolinera cada semana y unas elecciones legislativas el 3 de noviembre. Cada décima que baja el carburante en un año de midterms vale más que cualquier comunicado de Kiev.
Detrás hay una coalición concreta: el ala más pragmática del Partido Republicano, votantes de renta media sensibles al precio de la gasolina y un sector energético que mide la política exterior en dólares por barril. Nixon congeló los precios del petróleo en 1971 y los controles acabaron generando colas en las gasolineras hasta que Reagan los desmontó en 1981. Washington repite el manual del intervencionismo energético, no el del libre mercado que dice defender.
Y el mercado no espera.
Para España, el movimiento se traduce en una variable que se consulta a diario: el precio del gasóleo, el combustible que mueve el transporte de mercancías, y la maquinaria agrícola. España es importador neto de gasóleo, una dependencia que el Real Instituto Elcano sigue desde hace años, y cualquier tonelada que entra o sale del circuito atlántico acaba repercutiéndose en el surtidor.
La Unión Europea mantiene su veto al diésel ruso por vía marítima desde febrero de 2023, dentro del sexto paquete de sanciones, y Bruselas no ha dado señal de moverlo. Esa asimetría, con Washington comprando lo que Europa prohíbe, distorsiona precios y deja a las refinerías europeas, Repsol entre ellas, en una posición delicada. En Madrid no hay señales de que el Gobierno vaya a desmarcarse del marco europeo.
Noviembre es la próxima ventana clave, con el segundo tramo de 500.000 toneladas. En el Capitolio ya se estudian vehículos legislativos para bloquear el acuerdo, y el calendario juega a favor de los senadores rebeldes: la ley de autorización de defensa, que se vota a finales de año, es el sitio natural para colgar una enmienda.
El reloj ya corre.
Ficha del Caso
- El caso: Trump acordó con Putin importar 800.000 toneladas de diésel ruso en dos meses para frenar el precio de los carburantes. Seis senadores de ambos partidos piden revertirlo.
- Datos clave: 300.000 toneladas ‘de inmediato’, 500.000 en noviembre y un millón después; la ley de 2022 que prohíbe comprar crudo ruso; Tillis califica el pacto de ‘probablemente ilegal’.
- Para España: presión sobre el precio del gasóleo, tensión para el refino europeo y asimetría frente al veto de la UE al diésel ruso vigente desde febrero de 2023.
