La tumba de Cristóbal Colón vuelve a estar este 12 de octubre en el centro de una disputa que dura ya más de un siglo. España y República Dominicana sostienen, cada una con sus pruebas, que el almirante descansa en su territorio.
No es una discusión menor entre eruditos. Está en juego quién custodia la memoria del navegante que un 12 de octubre de 1492 abrió a Occidente un continente entero, y con él un legado hispánico que hoy comparten más de 500 millones de personas. Vamos por partes, porque los restos acumulan cuatro escalas.
Cuatro ciudades y dos tumbas: los viajes póstumos del almirante
Colón murió en mayo de 1506 en Valladolid y recibió sepultura en la iglesia de Santa María de la Antigua. Tres años después, sus restos se trasladaron a la capilla de Santa Ana, en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla, por la afinidad del navegante con la orden cartuja. Allí permanecieron hasta 1523.
Ese año cruzó el Atlántico por última vez. Sus huesos, y los de su hijo Diego, se depositaron en la catedral de Santo Domingo, en la isla de La Española, donde los europeos fundaron su primera colonia en el llamado Nuevo Mundo. El propio Colón pidió ser enterrado en tierras americanas, sostienen algunos historiadores.
El siguiente giro llegó de la mano de la geopolítica. En 1795, tras el Tratado de Basilea, España cedió a Francia los dos tercios orientales de La Española a cambio de conservar Guipuzcoa. Los restos quedaron en territorio francés y Carlos IV ordenó trasladarlos a La Habana. El 21 de diciembre de 1795 llegaron a la catedral cubana entre misas solemnes.
Cien años más tarde, en 1898, España perdió Cuba tras la guerra con Estados Unidos. El almirante regresó a Sevilla en 1899, descansó en la iglesia del Sagrario y desde 1902 reposa en la catedral hispalense, bajo un monumento que sostienen cuatro heraldos: Castilla, León, Aragón y Navarra.
El ADN avala que los huesos de Sevilla son los de Colón, pero en Santo Domingo siguen convencidos de custodiar al almirante.
Qué se juega España en esta disputa patrimonial
La duda nació en 1877, cuando apareció en Santo Domingo una caja de plomo con huesos humanos y una inscripción: ‘Cristóbal Colón’. Desde entonces, la pregunta es si lo que llegó a Sevilla eran los restos del almirante o los de su hijo Diego, enterrado junto a él.

La ciencia aportó luz. En 2003 se autorizó el análisis genético de los huesos sevillanos y en 2006 el equipo de José Antonio Lorente, de la Universidad de Granada, concluyó que el ADN mitocondrial de Colón coincidía con el de su hermano Diego. En 2024, con tecnología más avanzada, los mismos investigadores dieron la hipótesis por ‘definitivamente afianzada.
Pero la disputa no se cierra. En Santo Domingo sostienen que los restos auténticos están en el Faro a Colón, el mausoleo levantado en 1992 para el quinto centenario. El exviceministro de Patrimonio Cultural dominicano Federico Henríquez Gratereaux lo resumía así en 2019: ‘Nosotros los dominicanos consideramos oficialmente que los restos auténticos de Cristóbal Colón están aquí’.
Y gana peso una tercera vía: que los restos estén repartidos. En Sevilla se exhumaron apenas 150 gramos de huesos para el análisis; en la caja dominicana nunca apareció un esqueleto completo. El propio Lorente admitió que ‘podría ser que parte de los huesos estén en Sevilla y parte en la República Dominicana’.
España, la memoria compartida y la lección del Tratado de Basilea
Conviene recordar que el episodio no es único ni casual. La salida de Colón de Santo Domingo en 1795 fue consecuencia directa de un acuerdo que canjeaba territorios por la seguridad de una provincia peninsular. La memoria también se negocia en los despachos.
El caso enseña algo útil sobre cómo se cuenta hoy la historia de España. Durante décadas se ha simplificado el relato del descubrimiento, obviando que aquella empresa fue también el origen de una comunidad de naciones, lenguas e instituciones que aún perdura. Reivindicar ese legado no exige exagerarlo: exige contarlo con los documentos delante.
El asunto no está cerrado. Siguen pendientes la publicación completa de los estudios genéticos, una eventual autorización para analizar los restos dominicanos y el uso patrimonial del mausoleo. En Sevilla, el cabildo de la catedral mantiene su relato y sus visitas guiadas; en Santo Domingo, el Faro a Colón sigue siendo parada obligatoria.
Al final, como admiten incluso los genetistas, puede que Colón eligiera sin saberlo descansar a los dos lados del océano que él mismo unió. Sería el desenlace más hispánico posible para un hombre que navegó hasta el último día.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: España y República Dominicana reclaman la tumba auténtica de Cristóbal Colón, fallecido en 1506, cuyos restos pasaron por Valladolid, Sevilla, Santo Domingo y La Habana.
- Datos importantes: Los análisis de ADN de 2006 y su revisión de 2024 sitúan los huesos del almirante en la catedral de Sevilla; en Santo Domingo, el Faro a Colón custodia otros restos desde 1992.
- Resumen: La disputa afecta a la imagen patrimonial de España y refuerza el relato de una memoria hispánica compartida a los dos lados del Atlántico.

