Los demócratas llegan a las elecciones midterms con 7,9 puntos de ventaja y Donald Trump por debajo del 40% de aprobación.
Una ventaja demócrata que reordena el mapa del Senado
Es el retrato que arroja el promedio de encuestas de RealClearPolitics a tres semanas de la cita del 3 de noviembre. El presidente de Estados Unidos no solo cae bajo el umbral del 40% a escala nacional: en los tres asuntos que dominan la campaña —Irán, la economía y la inflación— su respaldo se hunde por debajo del 30%. Los votantes prefieren que el Partido Demócrata controle el Congreso antes que el Partido Republicano.
Algunas encuestas recientes elevan esa distancia hasta los 12 puntos. Para calibrar la magnitud conviene mirar atrás: en vísperas de las midterms de 2018, el promedio final de RealClearPolitics daba a los demócratas 7,3 puntos de ventaja. Aquel año ganaron más de 40 escaños en la Cámara de Representantes, se hicieron con la mayoría y se impusieron en el voto popular por 8,4 puntos. La referencia de 2018 es la que usan ambos partidos para medir si esto es una ola o un tsunami.
El mapa del Senado es donde la foto se vuelve más llamativa. Los demócratas van por delante en el promedio de RealClearPolitics en todos los grandes duelos competitivos salvo Kansas, donde el senador Roger Marshall aguanta con 0,2 puntos de margen. Hay ventajas demócratas en Texas, Ohio, Iowa y Alaska, estados que Trump ganó por dos dígitos hace apenas dos años.
Carolina del Norte, que no vota demócrata a nivel presidencial desde 2008, se da por perdida; Georgia, la mejor oportunidad republicana de este ciclo, parece fuera de alcance. En Carolina del Sur, que Trump se llevó por casi 18 puntos, la encuestadora Trafalgar daba a finales del mes pasado a la senadora Darline Graham solo 1 punto de ventaja. En Nebraska, donde Trump ganó por más de 20 puntos, varios sondeos han puesto en aprietos al senador Pete Ricketts.
Por qué los propios demócratas dudan de sus sondeos

Hay un problema que nadie del sector oculta: los republicanos rurales no responden a las encuestas. El pronosticador Chaz Nuttycombe lo describió como un ‘canario en los maizales’ de Iowa. El veterano encuestador republicano Frank Luntz advirtió de que, si los votantes de Trump no atienden al teléfono, los sondeos pueden repetir el error de 2016. El sesgo de no respuesta se ha convertido en la variable oculta de estas midterms.
Una ola azul en los sondeos no siempre llega a la orilla: en 2018 los demócratas ganaron la Cámara y los republicanos ampliaron su mayoría en el Senado.
La historia electoral americana obliga a la prudencia. En 2020, Susan Collins iba por detrás en casi todas las encuestas de Maine y acabó ganando por casi 9 puntos. Ese mismo año, Mitch McConnell se impuso por cerca de 20 en Kentucky. En 2024, el sondeo del Des Moines Register —considerado el estándar de oro en Iowa— daba a Trump tres puntos por detrás de Kamala Harris días antes de la cita; ganó por 13,2. El encuestador republicano Patrick Ruffini resume el patrón: los demócratas lucen competitivos en estados rojos durante el verano y se desinflan el día de la votación.
La Lógica de Washington
¿Qué intenta resolver el sistema político americano con esta campaña? Las midterms no son un plebiscito sobre una ley, sino sobre la gestión de un presidente. El Partido Republicano defiende una geografía que le es estructuralmente favorable en el Senado: solo se renueva un tercio de la cámara y varios de esos escaños están en estados que Trump ganó dos veces.
De ahí la apuesta de la Casa Blanca por nacionalizar la contienda —incluida una convención de mitad de mandato, algo casi inédito, con Trump y JD Vance arropando a los candidatos—. La lógica es la de 2018 a la inversa: aquel año los demócratas capturaron la Cámara mientras los republicanos ampliaban su mayoría en el Senado pese a perder el voto popular. Con los números actuales, ese escenario vuelve a estar sobre la mesa.
Para España la diferencia no es cosmética. Un Congreso dividido tiende a congelar la agenda comercial y a poner freno a los aranceles que la Casa Blanca impone por la vía de de la Section 232 (el artículo de la ley de comercio de 1962 que permite al presidente gravar importaciones por seguridad nacional sin permiso del Capitolio).
Los sectores más expuestos son los de siempre: el aceite de oliva, el vino, el automóvil y la farmacéutica, con Inditex, Santander, BBVA e Iberdrola siguiendo de cerca cualquier giro en la política fiscal y regulatoria. Un Senado en manos republicanas, en cambio, mantendría la presión sobre el gasto en defensa y sobre la ayuda a Ucrania, dos carpetas que Madrid y Bruselas observan con lupa.
La ventana clave es el 3 de noviembre. A partir de ahí, el control de la Cámara y del Senado decidirá qué margen tiene Trump para su agenda arancelaria y para el presupuesto federal. Y, como recuerda cada ciclo electoral americano, los sondeos de octubre son una fotografía, no una profecía.
Ficha del Caso
- El caso: A tres semanas de las midterms del 3 de noviembre de 2026, los demócratas lideran los sondeos y los analistas debaten el sesgo del votante probable.
- Datos clave: Trump cae por debajo del 40% de aprobación y bajo el 30% en Irán, economía e inflación. Los demócratas lideran por 7,9 puntos, hasta 12 en algunas encuestas, frente a los 7,3 de 2018.
- Para España: Un Congreso dividido congelaría la agenda comercial y moderaría los aranceles de la Section 232 que golpean al aceite de oliva, el vino y el automóvil.

