Ciberataque a supermercados en Francia: hackean 500 tiendas y arruinan toneladas de comida

Al menos 500 tiendas de Intermarché, Carrefour, Coopérative U y Monoprix han perdido toneladas de frescos tras el sobrecalentamiento remoto de sus neveras. La ANSSI pide desconectar las interfaces vulnerables ante el temor a una oleada de copias.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un ataque informático sobrecalentó de forma remota las neveras de más de 500 supermercados franceses en la madrugada del lunes y arruinó toneladas de frescos y congelados.
  • ¿Quién está detrás? Los atacantes siguen sin identificar y no han reclamado rescate. El rastro apunta a los controladores Danfoss de refrigeración, gestionados por un proveedor externo.
  • ¿Qué impacto tiene? Pérdidas que pueden llegar a las decenas de millones de euros, cierres temporales y una alerta de ANSSI sobre interfaces vulnerables expuestas a internet.

Un ciberataque a supermercados en Francia sobrecalentó las neveras de más de 500 tiendas y arruinó toneladas de frescos. Los atacantes no han pedido rescate y nadie ha reclamado la autoría.

Según Le Monde, la operación se ejecutó en la madrugada del lunes y golpeó a unos 300 establecimientos de Intermarché y Netto, 100 de Coopérative U, 80 de Carrefour, 30 de Monoprix, y varios E.Leclerc. La cifra total supera las 500 tiendas. También se vieron afectados el mayorista Metro y miembros de la patronal cárnica Culture Viande.

El vector apunta a los controladores de refrigeración del fabricante danés Danfoss, que permiten a los técnicos ajustar la temperatura en remoto. Los atacantes activaron los sistemas automáticos de desescarche y forzaron a las unidades a calentar el ambiente hasta 50 grados centígrados en lugar de mantener el frío. En algunos casos, los atacantes extendieron el ciclo de descongelación de una hora a ocho para que las alarmas saltaran demasiado tarde.

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Los empleados llegaron el lunes por la mañana y encontraron neveras recalentadas y estanterías enteras de producto inservible. Un Intermarché de Haguenau, en el este del país, perdió unos 50.000 euros en congelados. Un E.Leclerc de la cercana Wasselonne tuvo que desechar frescos y congelados por valor de 220.000 euros. El consejero delegado de Coopérative U, Dominique Schelcher, calificó el ataque de inaudito e inaceptable.

El responsable de Intermarché, Thierry Cotillard, estimó que las pérdidas nacionales pueden alcanzar las decenas de millones de euros. Sin rescate. Sin reivindicación. Y sin un método de intrusión confirmado.

Un ataque quirúrgico a la cadena de frío no necesita reventar una red entera: basta con tocar el termostato correcto a la hora correcta.

La agencia nacional de ciberseguridad francesa, ANSSI, ha pedido a los operadores que desconecten las interfaces vulnerables de internet o restrinjan el acceso a conexiones de confianza. El investigador Kevin Beaumont sostiene que miles de controladores Danfoss son accesibles directamente desde la red, con el usuario fijado como admin y una contraseña que cambia cada día al valor de la fecha en curso. Danfoss admite que los equipos más golpeados son productos obsoletos, los modelos AK-SM 800 y AK-SC 355, que ya no reciben actualizaciones de seguridad.

Cómo se desactivó la cadena de frío en más de 500 tiendas

La jugada es tan simple como eficaz. Los controladores Danfoss están pensados para que un técnico pueda modificar temperaturas desde una tableta, un portátil o un móvil. Esa comodidad operativa se convierte en un talón de Aquiles cuando la interfaz queda abierta a internet y el fabricante deja de emitir parches. No hace falta cifrar equipos ni desplegar un ransomware: basta con ordenar a la máquina que caliente.

La elección de la madrugada no es casual. Los comercios están cerrados, el personal no puede reaccionar y el sistema de alarmas tarda horas en dispararse. Intermarché confirmó a BleepingComputer que el incidente afectó a un proveedor externo que gestiona los equipos de frío, un eslabón cada vez más habitual en la cadena de suministro retail europea.

ANSSI entra en escena: qué se sabe y qué sigue sin confirmar

Francia no ha activado por ahora el nivel más alto de alerta, pero su agencia de ciberseguridad ha movido ficha en horas. Su recomendación es clara: cortar el acceso remoto y limitar los controladores a conexiones fiables. Lo que sigue sin confirmarse es el origen. La autoría no está atribuida, no hay demanda de rescate y el método de entrada continúa bajo investigación. Eso sí, el patrón —objetivo civil, daño económico masivo y ausencia de reivindicación— encaja con la lógica de la guerra híbrida.

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La comparación con 2022 es inevitable. Ese año, Danfoss reconoció que 16 supermercados rusos con controladores AK-SM 800 fueron atacados en plena escalada de Ucrania, y que otras 40 tiendas israelíes cayeron en el mismo ejercicio. La empresa atribuyó entonces los incidentes a firewalls y VPN insuficientes. Cuatro años después, el diagnóstico se repite. El parche no llega.

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica es la de una cadena de frío convertida en objetivo. Bruselas lleva tiempo señalando la alimentación como infraestructura crítica, y la directiva europea NIS2 eleva las obligaciones de ciberseguridad de los operadores esenciales del sector. La agencia ENISA coordina esa vigilancia. Pero la norma choca con una realidad más tosca: los controladores industriales que gobiernan neveras y cámaras se diseñaron para la fiabilidad, no para la defensa. Danfoss no es un caso aislado. Es el síntoma de un parque de dispositivos antiguos y conectados que ningún Estado controla del todo.

Washington observa el episodio con la misma incomodidad que Bruselas. La administración Trump ha colocado la ciberseguridad de infraestructuras en el discurso de la competencia con Moscú y Pekín, pero evita atribuir ataques sin pruebas. Moscú no ha comentado nada y tampoco se le ha señalado de forma oficial. La prudencia es obligada: quien acusa sin evidencia le regala al adversario un argumento. Aun así, el precedente de 2022 pesa, y en los despachos europeos nadie descarta la mano de un actor estatal o de un grupo afín.

Para España el aviso es directo. Las grandes cadenas de distribución que operan en el país —Carrefour, Alcampo, Lidl o Mercadona— dependen de controladores industriales equivalentes, gestionados en muchos casos por proveedores externos. El CNI y el CCN-CERT llevan años insistiendo en la exposición del internet de las cosas industrial, y la cadena alimentaria es uno de los sectores que la directiva NIS2 obliga a blindar. Un corte de frío de doce horas en un solo centro logístico puede traducirse en pérdidas de seis cifras y en un problema de desabastecimiento local. Nada espectacular. Todo rentable para el atacante.

El riesgo inmediato no es un apagón. Es la copia. Una vez publicado el método —interfaces abiertas, credenciales por defecto y firmware sin soporte—, otros actores pueden replicarlo en objetivos más frágiles del Magreb, el Sahel o Latinoamérica. La próxima ventana crítica es esta misma semana, cuando los equipos de respuesta europeos auditen cuántos controladores siguen expuestos. Mercadona no se ha pronunciado sobre sus sistemas de frío. Danfoss tampoco ha detallado cuántos dispositivos operan en España.

No estamos ante una guerra. Estamos ante cientos de neveras cruzando la línea entre lo analógico y lo digital sin que nadie revisara el termostato de seguridad. Eso, hoy, es la infraestructura crítica.