Ataque hutí a Riad: los hutíes cierran el aeropuerto Rey Khalid y dejan 13 muertos

Los misiles balísticos hutíes han obligado a prolongar el cierre del principal aeropuerto saudí. La coalición liderada por Riad dice haber interceptado dos proyectiles más dirigidos a Khamis Mushait.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Dos ataques hutíes con misiles contra el aeropuerto Rey Khalid de Riad durante el fin de semana han dejado al menos 13 muertos; la autoridad de aviación saudí mantiene el aeródromo cerrado.
  • ¿Quién está detrás? Los hutíes (Ansar Allah), milicia chií respaldada por Irán, que reivindica las acciones como operaciones de disuasión; la coalición liderada por Riad responde con interceptaciones PAC-3.
  • ¿Qué impacto tiene? Suspensión del principal aeropuerto saudí, cancelación de vuelos en toda la región y una nueva escalada en el corredor del mar Rojo y Bab el-Mandeb.

El ataque hutí a Riad ha dejado al menos 13 muertos y ha forzado la prolongación del cierre del aeropuerto Rey Khalid. La Autoridad General de Aviación Civil de Arabia Saudí (GACA) confirmó el lunes que las operaciones siguen suspendidas en el principal aeródromo del reino, la puerta de entrada aérea más importante del Golfo.

Los bombardeos se concentraron durante el fin de semana. La jornada del sábado se saldó con doce fallecidos, cuatro de ellos de nacionalidad saudí, y más de 300 heridos. El domingo, un segundo ataque mató a un ciudadano paquistaní e hirió a otras once personas. La cifra total, pendiente todavía de verificación independiente, asciende a 13 víctimas mortales.

Aerolíneas como Emirates, Etihad Airways, Qatar Airways, Flydubai, y Air India han cancelado sus vuelos con destino y origen en Riad. No es un detalle menor: el aeropuerto Rey Khalid mueve decenas de millones de pasajeros al año y articula buena parte de las conexiones entre Europa, Asia y el Cuerno de África. Un cierre prolongado golpea en cadena a las redes logísticas y al turismo de toda la región.

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Misiles balísticos contra el mayor aeródromo del reino

Los hutíes, movimiento chií respaldado por Irán y conocido también como Ansar Allah, reivindican las acciones y las describen como operaciones de disuasión. Su argumento es que Arabia Saudí mantiene un ‘asedio’ ilegal sobre las zonas de Yemen bajo su control. Es la misma lógica que el grupo sostiene desde hace años para justificar el uso de drones y misiles contra territorio saudí.

En el plano técnico, la defensa saudí se apoya en los interceptores PAC-3, la variante más avanzada del sistema antiaéreo Patriot, capaz de abatir misiles balísticos de corto alcance en la fase terminal de su trayectoria. Distintos vídeos difundidos por cuentas de seguimiento OSINT muestran baterías lanzando interceptor es sobre el cielo de Riad para neutralizar los proyectiles entrantes.

El general Turki Al-Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí, aseguró en la madrugada del martes que sus fuerzas habían interceptado dos misiles balísticos hutíes dirigidos contra Khamis Mushait, ciudad del suroeste del país. La versión procede únicamente de la parte saudí y no ha sido contrastada de forma independiente.

El cierre de un aeropuerto no es un daño colateral del conflicto yemení: es el conflicto yemení llamando a la puerta del comercio mundial.

La escalada que desborda Yemen

aeropuerto Rey Khalid

El detonante inmediato de esta fase se remonta al mes pasado, cuando los hutíes lanzaron una ofensiva que les permitió capturar el puerto estratégico de Mokha y la isla de Perim, ambos en el estrecho de Bab el-Mandeb. Ese corredor conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, y por él transita una parte decisiva del comercio marítimo internacional.

Las conquistas territoriales empujaron al gobierno yemení, reconocido internacionalmente y respaldado por Riad, a lanzar una contraofensiva para recuperar el terreno perdido. Los hutíes, que controlan la capital Saná, informaron el lunes de nuevos avances en la provincia de Taiz durante los combates con las tropas gubernamentales. En paralelo, el grupo denunció que Arabia Saudí ha ejecutado cerca de 120 ataques aéreos en apenas 24 horas.

Según las autoridades sanitarias hutíes, al menos 385 personas han muerto o resultado heridas por los bombardeos saudíes desde el 3 de septiembre, muchas de ellas mujeres y niños. Son cifras que emanan de la parte controlada por los rebeldes y que ninguna organización independiente ha podido verificar sobre el terreno. La guerra no admite lecturas simples.

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Equilibrio de Poder

Washington observa el nuevo estallido con una distancia calculada. El apoyo militar estadounidense a Riad ya no es el de la era del primer Trump ni el de las grandes ventas de armamento que siguieron a la intervención saudí de 2015. La prioridad de la Casa Blanca está hoy en el Indo-Pacífico y en contener a Irán sin abrir un frente terrestre nuevo. Moscú, por su parte, mantiene su viejo canal con Teherán y con los hutíes, y gana capacidad de presión sobre el precio del crudo cada vez que Bab el-Mandeb se tensa. Bruselas asiste desde la distancia: la misión naval europea en el mar Rojo, la Operación Aspides, protege buques mercantes, pero no tiene mandato para interceptar misiles sobre territorio saudí.

Para España, el impacto llega por tres vías. La primera es energética: cualquier cierre prolongado del corredor del mar Rojo encarece el transporte marítimo y presiona al alza el precio del crudo, con efecto directo sobre la factura de la luz y los carburantes. La segunda es comercial: España coloca en los países del Golfo una parte creciente de su exportación de bienes de equipo y material ferroviario. La tercera es estratégica y toca a la frontera sur. La inestabilidad en el mar Rojo y el Sahel alimenta el tráfico de armas y el yihadismo en el entorno del Magreb, y las bases de Rota y Morón siguen siendo la pieza clave del dispositivo estadounidense en el flanco sur de la OTAN.

La lectura a corto plazo es incómoda. Un actor no estatal, los hutíes, ha demostrado que puede paralizar el principal aeropuerto de una potencia regional y forzar a cinco grandes aerolíneas a reordenar sus rutas. No es la primera vez: el ataque de 2019 contra las instalaciones de Aramco en Abqaiq y Khurais ya dejó claro que la infraestructura energética saudí era vulnerable. Pero aquel golpe se midió en barriles; este se mide en pasajeros, en ceros en la cuenta de resultados y en la credibilidad de un escudo antimisiles que no lo cubre todo.

La próxima ventana crítica es el estrecho. Si los hutíes consolidan sus posiciones en Perim y Mokha, el mar Rojo dejará de ser una ruta con riesgo puntual para convertirse en un cuello de botella permanente. Y ahí, España tiene más en juego de lo que sugiere la distancia geográfica.