3Ni el agua refresca: por qué la lluvia con calor dispara la sensación térmica
El agua de la lluvia no enfría cuando el aire ya está cargado de vapor. El cuerpo humano se refrigera sobre todo al sudar y dejar que ese sudor se evapore, un proceso que le roba calor a la piel. Con una humedad relativa muy alta, esa evaporación se frena, el sudor se queda sobre la piel y la temperatura que percibimos sube muy por encima de la que marca el termómetro. Los especialistas lo cuantifican: por cada 10 % que aumenta la humedad, la sensación térmica puede crecer entre 1 y 2 °C, y cuando la máxima supera los 32 °C con una humedad media en torno al 80 %, el índice de calor llega a rebasar los 45 °C. A ello se añade que la lluvia de origen convectivo libera calor latente al condensarse el vapor y que, tras el chubasco, el viento suele amainar y deja el aire quieto, sin que el calor acumulado en el suelo y el asfalto encuentre por dónde escapar.
En España, octubre de 2025 reunió los dos ingredientes de ese cóctel. Según la AEMET, fue un mes muy cálido, con una temperatura media peninsular de 16,7 °C, 2,1 °C por encima de la media del periodo 1991-2020, lo que lo convierte en el sexto octubre más cálido desde 1961. El episodio cálido se prolongó entre los días 12 y 25, con su pico hacia el 22. En paralelo, aunque el mes fue seco en conjunto (48,2 mm, el 62 % de lo normal), hubo lluvias torrenciales en el Mediterráneo, con 174,8 mm en Tortosa el día 12 y 127,3 mm en Ibiza el 11. Las anomalías térmicas rondaron los +3 °C en Extremadura, el oeste de Andalucía, el suroeste de Castilla y León y el oeste de Castilla-La Mancha y Madrid, justo donde las lluvias de finales de mes dejaron el ambiente cargado de humedad y el bochorno se hizo notar.

