Felipe VI y la Reina Letizia visitan este martes la visita real a Ceuta, la primera de un Rey de España a la ciudad autónoma en dos décadas. La jornada arranca en el Ayuntamiento, donde Sus Majestades serán recibidos por las principales autoridades, y se prolongará hasta última hora con un encuentro con la sociedad ceutí en el centro urbano. Zarzuela enmarca la cita en el apoyo de la Corona a las instituciones de la ciudad. El gesto no es menor.
Según la agenda oficial de la Casa del Rey, don Felipe y doña Letizia mantendrán una reunión de trabajo con representantes de la sociedad ceutí antes de participar en varios actos institucionales y de encontrarse con los miembros del consejo de gobierno de Ceuta. La presencia de los Reyes busca trasladar el cariño del resto de España a las personas que se concentren en la Plaza de África. Es, en la práctica, un abrazo institucional a una ciudad que vive mirando al Estrecho.
Por la tarde, Sus Majestades tienen previsto visitar el colegio público Vicente Aleixandre y el barrio que lo alberga, un entorno donde se educa en un ambiente multicultural y desde el respeto a las distintas confesiones. Más tarde, las cuatro confesiones que conviven en la ciudad estarán representadas en un acto de recuerdo a las personas fallecidas en el mar los pasados 30 y 31 de julio, que se celebrará en el cementerio Sidi Embarek. La visita concluirá con un encuentro con la sociedad ceutí en el centro de la ciudad.
La agenda de una jornada medida al detalle
El programa no deja nada al azar. La elección del colegio Vicente Aleixandre, en un barrio de composición multicultural, y del cementerio Sidi Embarek, donde se honrará a las víctimas del mar, responde a un guion que subraya lo que la ciudad tiene de excepcional. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África, junto a Melilla, y su convivencia entre cristianos, musulmanes, judíos, e hindúes funciona como escaparate de un modelo de integración que el Rey puede exhibir sin disimulo.
No obstante, el viaje se ha preparado con una prudencia extrema. La Casa del Rey ha evitado cualquier declaración que pudiera interpretarse como un desafío a Rabat y ha centrado el discurso en el apoyo institucional y en el recuerdo a las víctimas. La visita es oficial, no de Estado, y su carácter interno dentro del territorio nacional le resta, sobre el papel, carga diplomática.
La Corona visita su propia casa; el eco que cruza el Estrecho demuestra que el protocolo también es diplomacia.
El eco diplomático al otro lado del Estrecho
Marruecos ha reaccionado con prudencia a la visita, según las informaciones difundidas en las últimas horas. Voces afines al Ejecutivo marroquí han calificado la cita de chantaje, una acusación que Rabat no ha asumido de forma oficial. La cita reactiva, en cualquier caso, un pulso que llevaba años enfriado y que la Corona intenta ahora gestionar con la presencia de don Felipe en suelo ceutí.
Que el Rey visite Ceuta no es un gesto improvisado. La última visita real a la ciudad autónoma se remonta a dos décadas atrás, y en aquella ocasión también se produjo un roce diplomático con el país vecino. La Corona ha esperado a un contexto de mayor estabilidad para regresar, y lo ha hecho con una agenda social que evita el terreno más minado: nada de gestos desafiantes frente a la frontera y sí mucho acompañamiento a la ciudadanía.
La Corona como instrumento de cohesión territorial
La visita encaja en una línea que Felipe VI ha cultivado desde el inicio de su reinado: mostrar la institución allí donde hay tensión, no solo donde hay aplauso fácil. La Corona no tiene competencias sobre fronteras ni sobre política migratoria, pero sí puede simbolizar la pertenencia de esos territorios al proyecto común. Es su manera de estar presente sin invadir el terreno del Ejecutivo.
Ahí está, a mi juicio, la clave de la jornada. La monarquía se juega menos en los actos multitudinarios que en la capacidad de acompañar a los territorios que se sienten lejos del centro. Ceuta lleva años reclamando atención y recursos, y una visita real no resuelve sus problemas, pero envía un mensaje difícil de ignorar. El reto pendiente es que el gesto no se quede en la foto.
Queda por ver cómo evoluciona la relación con Rabat en las próximas semanas y si la prudencia marroquí se mantiene o se endurece. La agenda oficial no ha confirmado por ahora nuevas visitas de los Reyes a las ciudades autónomas, aunque el precedente deja la puerta abierta a que Melilla reclame un gesto equivalente. La Corona ha vuelto al norte de África. Y lo ha hecho caminando despacio.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: Primera visita oficial de un Rey de España a Ceuta en dos décadas, con la que la Corona subraya su apoyo institucional a la ciudad autónoma.
- El detalle de protocolo: Visita oficial y no de Estado, con una agenda social y multiconfesional que rebaja deliberadamente la carga diplomática frente a Marruecos.
- Próximos pasos: La Casa del Rey no ha confirmado nuevas visitas reales a las ciudades autónomas en los próximos meses.
