La cumbre de UE presupuesto 2028-2034: Macron y Merz llegan debilitados a Bruselas

Las capitales llegan al cónclave de dos días sin margen para cerrar el Marco Financiero Plurianual, que exige unanimidad en el Consejo. Merz prefiere no firmar nada antes que aceptar un presupuesto mayor.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Consejo Europeo reúne el jueves 15 y el viernes 16 de octubre a los jefes de Estado y de Gobierno para tratar la energía, China y el bloqueo del Marco Financiero Plurianual 2028-2034, de unos dos billones de euros.
  • ¿Quién está detrás? Emmanuel Macron y Friedrich Merz, los dos líderes con más peso, llegan en su punto más débil: el francés afronta el final de mandato y el alemán, la presión de la ultraderecha.
  • ¿Qué impacto tiene? Sin acuerdo franco-alemán, el presupuesto que sostiene la PAC y la cohesión —del que España es beneficiaria neta— seguirá en el aire varios meses más.

El Consejo Europeo abre este jueves dos días de cumbre con el presupuesto 2028-2034 como piedra angular. Pero los dos líderes llamados a desatascarlo llegan a Bruselas con menos poder que nunca.

La cita se prolonga hasta el viernes y mezcla tres expedientes cruzados: la factura energética, el pulso comercial con China y el marco financiero que definirá en qué se gasta la UE durante la próxima década. Sobre el papel es una cumbre ordinaria. En la práctica, es la primera prueba seria de si el motor franco-alemán sigue empujando o se ha convertido en un freno.

Qué hay realmente sobre la mesa: energía, China y dos billones de euros

El Consejo Europeo negocia el Marco Financiero Plurianual (MFP, el presupuesto de siete años que la UE cierra cada ciclo) con una cifra sobre la mesa de dos billones de euros para 2028-2034. Berlín y su grupo de aliados defienden un marco más pequeño y volcado en defensa, competitividad e industria; Francia, Italia y buena parte del sur se resisten a recortes que castiguen la cohesión y la agricultura. El detalle institucional importa: el MFP exige unanimidad en el Consejo, consentimiento del Parlamento Europeo y, en la parte de recursos propios, ratificación en los parlamentos nacionales. Cualquier capital tiene poder de veto.

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Siegfried Mureșan, eurodiputado que co-lidera el trabajo de la Eurocámara sobre el MFP, lo dijo sin adornos: ‘Los retrasos y las divisiones persistentes en el Consejo son preocupantes’. El presupuesto ‘solo puede construirse a base de compromiso’, añadió, porque cuanto antes se apruebe, antes se ejecutará en competitividad, seguridad, agricultura, e investigación.

París y Berlín no están tan lejos como sugieren sus declaraciones. El ministro francés para Europa, Benjamin Haddad, defendió el martes centrar el debate en nuevos recursos propios (los ingresos europeos que no salen de las arcas nacionales, como un gravamen sobre las apuestas online) en lugar de ‘recortes masivos. Un responsable alemán replicó que Berlín está ‘abierto a examinar nuevos recursos propios, pero somos más escépticos que los franceses sobre su capacidad de generar dinero suficiente’.

Merz lo ha dicho sin rodeos: prefiere que no haya acuerdo a uno que engorde el presupuesto total. Es la posición clásica del bloque frugal, que en esta ronda se ha ampliado. La novedad es que parte de la propia industria alemana —la patronal BDI y varios grupos sectoriales— ha pedido a su Gobierno un marco más ambicioso, consciente de que un presupuesto raquítico también golpea a las empresas exportadoras.

El motor franco-alemán no se ha roto: se ha quedado sin combustible electoral, y eso lo cambia todo en una negociación que exige ceder antes de pedir.

Por qué Macron y Merz no pueden ceder ni un milímetro

Marco Financiero Plurianual

Macron abandona el Elíseo el año que viene y Francia vota en abril. Cualquier concesión que firme ahora —empezando por aceptar los recortes que exige Berlín— se convertirá en munición para Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon durante la campaña. ‘Macron no debería parecer demasiado conciliador’, resume un aliado del presidente, convencido de que le saldría el tiro por la culata. Le Pen compareció este miércoles en Bruselas para acusar a los negociadores de acelerar las conversaciones y ‘sofocar decisiones democráticas futuras antes incluso de que se produzcan’.

Merz camina por la misma cornisa. Tras las derrotas regionales frente a Alternativa para Alemania (AfD), el canciller no puede permitirse la foto de enviar más dinero de los contribuyentes alemanes a Bruselas. Los diplomáticos consultados en Bruselas, París y Berlín rebajan las expectativas de acuerdo esta semana: no hay previsto ningún encuentro bilateral formal, solo conversaciones al margen del cónclave. Nadie espera milagros.

Lo que sí ha unido a ambos este mes es China. Macron y Merz reclamaron a comienzos de octubre una postura más dura de la Comisión Europea frente a Pekín. El guion se repite en otro expediente que adelantó Politico: Berlín aceptaría reglas más estrictas de ‘Made in Europe’ a cambio de que París respalde relajar los objetivos de emisiones de los coches y el fin del motor de combustión en 2035. Macron lo llamó ‘inminente’. El silencio en el salón del automóvil de París demuestra que sigue sin cerrarse.

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El resto es coreografía.

El Eje del Poder Europeo

La geometría de esta negociación es la más incómoda desde el pulso por el fondo de reconstrucción de 2020. Entonces fueron Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia —los frugales— quienes arrancaron concesiones al eje franco-alemán a cambio de los 750.000 millones de Next Generation. Hoy Berlín ha asumido el discurso frugal y Merz necesita exhibir dureza fiscal ante su opinión pública. Es una inversión de roles.

España se sienta en la parte receptora de la mesa. La PAC y la política de cohesión son las dos partidas que más dinero devuelven a las cuentas españolas, y son justo las que quedan expuestas si el gasto se reasigna hacia defensa y competitividad. La posición del Gobierno es la del bloque del sur: defender el tamaño del marco y ampliar los recursos propios para no pagar más cuota neta. En la práctica llega con el calendario electoral encima —España vota el mes que viene, Francia en abril y Italia el año que viene— y sin margen para liderar una negociación que, como admiten en Bruselas, empieza y termina en París y Berlín.

La lectura a cinco años es más incómoda. Si el marco se recorta y se reorienta hacia prioridades industriales y de defensa, el presupuesto deja de ser un instrumento de convergencia entre territorios y pasa a comportarse como una política sectorial. Para España, y para el resto de receptores de cohesión, eso no es un ajuste contable: es un cambio de doctrina. La lógica frugal lleva imponiéndose desde 2020 en casi todas las esquinas de la negociación.

El primer hito real no está en el comunicado de esta cumbre. Está en el calendario: cada mes de retraso comprime el margen de la Eurocámara y acerca el escenario que nadie quiere, un marco aprobado a última hora con el anterior ya caducado. Sin un gesto de París y Berlín, el jueves y el viernes se quedarán en declaraciones. Cosas que pasan cuando la decisión depende de dos líderes que miran a casa.