EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? España ha reunido en Luxemburgo al grupo de ‘amigos de la cohesión’ —diecisiete Estados, con Francia por primera vez— para coordinar posturas contra la caja de negociación que la presidencia irlandesa presentó el sábado para el presupuesto UE 2028-2034.
- ¿Quién está detrás? La presidencia irlandesa del Consejo propone recortar un 8% la propuesta de la Comisión, hasta 1,82 billones de euros. Frente a ella, los frugales liderados por Alemania, con Países Bajos, Austria y los nórdicos, piden más tijera.
- ¿Qué impacto tiene? El recorte pone en juego casi 160.000 millones de euros de fondos de cohesión y agricultura que España considera intocables. El pulso se decide este jueves en el Consejo Europeo de Bruselas.
España coordinó con Francia y los ‘amigos de la cohesión’ para frenar el recorte de 160.000 millones al presupuesto UE 2028. La cita se celebró el lunes en Luxemburgo, al margen del Consejo de Asuntos Generales, y marca un giro: París, hasta ahora ausente del grupo, se sienta por primera vez con los países que defienden un gasto común más ambicioso.
El movimiento no es menor. Los diecisiete Estados que integran ese bloque, junto con Francia, suman el 58% de las contribuciones nacionales al presupuesto europeo. Más de la mitad de la caja que sostiene las cuentas comunitarias se ha alineado contra la propuesta de la presidencia irlandesa.
Creemos que esos recortes propuestos no son ni deseables ni aceptables para afrontar el nivel de ambición que Europa necesita para los próximos años’, declaró el secretario de Estado para la Unión Europea, Fernando Sampedro, al llegar a la reunión de ministros de Asuntos Europeos.
La caja irlandesa recorta un 8% y estrecha la base de la negociación
La caja de negociación (el documento que la presidencia de turno del Consejo pone sobre la mesa para ordenar el debate) se presentó el sábado. Irlanda recorta en un 8% las cuentas iniciales de la Comisión, hasta 1,82 billones de euros frente a los 1,98 que planteó Bruselas. El tijeretazo en volumen ronda los 160.000 millones de euros.
‘España defiende que hay que ir más lejos, considerábamos incluso insuficiente la propuesta que había puesto la Comisión sobre la mesa’, recordó Sampedro. Moncloa quiere que el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP, el presupuesto de la UE a siete años) represente un 2% de la renta nacional bruta comunitaria, muy lejos del 1,02% al que equivale la propuesta irlandesa.
La base que España considera aceptable es la que la presidencia chipriota puso sobre la mesa este verano, con un recorte de solo el 2% respecto a la propuesta de Bruselas, de aproximadamente 2 billones de euros. Irlanda evitó tocar agricultura y cohesión para buscar una base de discusión, pero el resultado no ha satisfecho a los receptores de fondos.
El recorte irlandés no es una cifra técnica: marca el primer pulso serio por el tamaño del presupuesto común en la era post-Brexit.
A eso se suma una reclamación de fondo compartida con sus socios: debatir nuevos recursos propios ‘justos, simples y no regresivos’ y explorar fórmulas para crear margen fiscal adicional. La idea es que el presupuesto comunitario no dependa solo de las transferencias nacionales, sino también de ingresos propios.
Los frugales aprietan y el eje franco-alemán se parte

En el otro lado de la mesa están los denominados frugales, encabezados por Alemania, con Países Bajos, Austria y los países nórdicos. Su tesis es la contraria: menos transferencias, tijera en los fondos agrícolas y de cohesión, y desvío de recursos hacia competitividad y defensa. Es la vieja disputa entre contribuyentes netos y receptores de fondos, ahora con el gasto en defensa como nuevo argumento.
Junto a Francia y España, en la reunión participaron Bulgaria, Chipre, Chequia, Estonia, Grecia, Croacia, Italia, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovenia, y Eslovaquia. Una geometría insólita: Budapest y Varsovia, habitualmente enfrentadas a Bruselas, comparten trinchera con Madrid y Roma.
Fuentes de la Moncloa insisten en que la campaña electoral no debilitará su posición negociadora. ‘En una Unión de 27 democracias siempre hay elecciones, pero eso no impide que la UE siga avanzando y tomando decisiones’, aseguró una alta fuente comunitaria al respecto.
Los líderes europeos abordarán sus diferencias este jueves en el Consejo Europeo de Bruselas, cuyo calendario oficial puede consultarse en la web del Consejo de la UE. La intención es cerrar la discusión antes de que termine el año, y el presidente António Costa podría confirmar otra reunión dedicada en exclusiva a la cuestión, que se celebraría unos días antes de las elecciones generales españolas.
El Eje del Poder Europeo
Lo más relevante del lunes no es el recorte irlandés, sino la foto. Francia se ha sentado con los ‘amigos de la cohesión’ después de años manteniendo distancia. Eso rompe la lectura clásica del eje franco-alemán como bloque monolítico: Berlín empuja la austeridad con los frugales, París se alinea con el sur en la defensa de un presupuesto grande.
Para España, el asunto es existencial. Los fondos de cohesión han financiado infraestructuras, política agraria y convergencia regional durante cuatro décadas. España es hoy contribuyente neto creciente, pero sigue siendo receptor neto en varias regiones. Un recorte del 8% no es un ajuste contable: es menos dinero para comunidades como Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía, y menos capacidad para el campo español, principal beneficiario de la PAC.
El precedente más cercano es 2020. Cuando la pandemia obligó a diseñar el fondo de recuperación Next Generation, los frugales —con Países Bajos y Austria a la cabeza— intentaron reducir el volumen y acabaron aceptando 750.000 millones tras un pulso de cuatro días. Aquella vez España salió ganando por la vía de las subvenciones. Ahora el contexto es otro: la defensa se come el relato y el gasto común vuelve a estar bajo sospecha.
La lectura a cinco años es clara. Si prospera la propuesta irlandesa, la UE entra en una década de presupuesto restrictivo mientras se enfrenta a reindustrialización, transición verde y rearme. Si sale adelante la tesis de los ‘amigos de la cohesión’, el MFP crecería hasta el 2% del PNB europeo y obligaría a crear nuevos recursos propios.
Cabe una incertidumbre genuina. La reunión del jueves es la primera ronda seria, no la última. La presidencia irlandesa aún tiene que construir mayorías, y el Consejo Europeo funciona por consenso. Nadie cierra un MFP en una sola cumbre: el de 2021-2027 necesitó dos años de trílogos —negociaciones a tres entre Comisión, Consejo y Parlamento— y una cumbre maratoniana de cuatro días en julio de 2020.
El próximo hito llega este jueves en Bruselas. Después, la pelota estará en el Consejo de Asuntos Generales y en los sherpas que preparan las cumbres. Y antes de que acabe el año, Costa decidirá si convoca la reunión extraordinaria que Moncloa quiere para que la campaña electoral española no le coma el calendario.
